El Ciudadano
Por Roberto Córdova Pacheco

En un mundo convulsionado sin pausas, con un imperio en proceso de descomposición, con un representante del poder dominante enajenado, es cuando más peligro corre la humanidad y el planeta que habitamos.
En este contexto, nada parece tener sentido; la racionalidad no encuentra su lugar, en tanto la fuerza bruta, la ignorancia y la estupidez definen el escenario político de las naciones. Es entonces cuando la abulia, la desorganización y el fatalismo permea las voluntades de las mayorías. Es entonces cuando más se requiere de las voluntades de quienes no renunciamos a construir un mundo más humano, más justo y más consciente de su pertenencia a un ecosistema.
En lo que a Chile se refiere el triunfo de Kast es la representación de la profunda crisis de sentido a la que nos debemos enfrentar. No se requiere un análisis muy sesudo para concluir que su gobierno estará caracterizado por la continuidad y profundización (sin escrúpulos) del modelo económico imperante, la disminución de derechos sociales y la irrupción de la neoinquisición del conservadurismo hipócrita.
Asistiremos, por otro lado, a la reorganización de los actores políticos de la vieja Concertación, que liberados ahora del Frente Amplio (FA) y el Partido Comunista (PC), intentarán proyectarse como una oposición defensora de los derechos sociales y pragmática ante las reglas de la tecnocracia neoliberal que comparten con la derecha. Vuelve, sin lugar a dudas, la democracia de los acuerdos… de las elites.
A su vez, el progresismo frenteamplista, deberá ordenar la casa propia, dadas las diferencias entre “revolucionarios democráticos” y “convergentes”, y que el desalojo de La Moneda dejará a la intemperie. Será el momento en que Boric intentará consolidar su liderazgo, en un escenario donde la retórica contestataria volverá por sus fueros. Pero ya sabemos que es eso, retórica.
El PC no la tiene más fácil. Al igual que sus socios del FA, deben solucionar las profundas controversias que el sector de Carmona y Jadue (mayoritario aún) intentará disciplinar a la minoría encabezada por Jara, Cariola, Vallejo & compañía.
Estos procesos de reordenamiento interno del FA y el PC darán una ventaja a los concertacionistas en su posicionamiento como oposición moderada y negociante.
Estos procesos de reordenamiento interno del FA y el PC darán una ventaja a los concertacionistas en su posicionamiento como oposición moderada y negociante. La pregunta que queda boteando es si una vez ordenada sus huestes, ¿mantendrán su pacto del Apruebo Dignidad?, ¿intentará el PC convocar voluntades hacia la izquierda del espectro político nacional?, ¿habrá algún sector de las izquierdas que esté dispuesto a poner oreja al canto de sirenas?
Desde el regreso a la “democracia” que las izquierdas que no pisaron el palito de la alegría ya viene, aquellas que teníamos claro que los gobiernos de la Concertación serían continuidad y profundización del modelo neoliberal, intentamos organizarnos como alternativas sin lograr construir pactos sólidos, ni resultados electorales significativos, ni gravitantes.
Es necesario decirlo sin eufemismos: las izquierdas a la izquierda del PC, seguimos inmersos en la derrota derivada del golpe de Estado de 1973, seguimos como mera resistencia a los embates políticos, económicos y culturales de la derecha, del socialismo democrático y del pacto Apruebo Dignidad.
¿Puede ser más crítica la situación de las izquierdas? Sí, ahora nuestra presencia en las organizaciones territoriales, gremiales y sindicales es escuálida, por decirlo cariñosamente. Sí, ahora la legalidad de todos los partidos de nuestro sector desapareció. Sí, ahora con la nueva ley, se hará más cuesta arriba recuperar la legalidad para disponer de un instrumento que nos permita competir en la farsa democrática. Sí, porque prevalece el dogmatismo ideológico que impide lograr acuerdos que debieran ser de sentido común, de sobrevivencia.
Este texto busca ser un llamado a esa obviedad que es la unidad para enfrentar la tormenta. Un llamado a poner los pies en la tierra y superar el anacronismo que nos impide leer la realidad con criterio científico. A superar la cultura del archipiélago para habitar la isla grande.
Tanto reformistas como revolucionarios podemos concordar rápidamente en que esto que llamamos democracia no nos permite avanzar en cambios, a lo menos, sustantivos. Está todo diseñado legal, cultural y políticamente para que no logremos alterar el sistema.
Tanto reformistas como revolucionarios podemos concordar rápidamente en que esto que llamamos democracia no nos permite avanzar en cambios, a lo menos, sustantivos. Está todo diseñado legal, cultural y políticamente para que no logremos alterar el sistema.
¿Para qué entonces participar de la farsa? Básicamente, para lograr espacios de poder que nos permitan contar con recursos financieros y materiales que nos faciliten el proceso de construir vínculos sociales y alternativas de gobierno, para poner los espacios de poder institucional alcanzados al servicio de las comunidades (Nueva Gobernanza), para contar con una tribuna que nos permita vociferar lo contracultural; todo con el objetivo de aumentar correlación de fuerzas.
A propósito de la desaparición legal de todos los partidos de las izquierdas, se nos da un momento único que es la posibilidad de concretar la inscripción de un partido federado, con una dirección colegiada, donde tanto los militantes de los antiguos partidos, como los militantes de colectivos políticos y sociales, puedan mantener su identidad y prácticas, en tanto no contradigan los acuerdos de la nueva entidad.
Se trata de identificar ocho o diez puntos comunes que funden la identidad del instrumento legal, y de definir una metodología de reflexión y debate interno que oriente el proceso para avanzar en la construcción de un partido con unidad programática, y en lo posible, con cierta unidad ideológica.
Debiera ser una condición inaugural elaborar definiciones con signo positivo. Es más fácil, ciertamente, concordar en los anti, pero debemos hacer un esfuerzo porque haya definiciones de lo que queremos ser y hacer, y no sólo a lo que nos oponemos.
Enfatizar, finalmente, que entre la política y la cultura hay una relación de contenido a continente, y que por lo tanto, la batalla primera es siempre en el campo de la cultura; la superación de los patrones dominantes: egoísmo, competencia descarnada y consumismo. Que se requiere entonces un diseño que promueva constantemente, lo solidario, lo cooperativo, lo comunitario, lo colectivo. Si no prevalecen dichos valores, cualquier proyecto nuestro chocará contra una muralla o quedará como un eco destinado a difuminarse una vez más.
Por Roberto Córdova Pacheco
Proyecto La Comuna
Olmué, febrero de 2026
Fuente fotografía
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