SEÑOR DIRECTOR:
En tiempos de guerra, solemos afirmar que la primera víctima es la verdad. Sin embargo, en los conflictos actuales esa afirmación adquiere una dimensión aún más inquietante: también está en crisis nuestra capacidad de percibir la realidad.
Las imágenes —históricamente consideradas evidencia incuestionable— han dejado de ser garantía de veracidad. Circulan a una velocidad vertiginosa, muchas veces sin verificación, amplificadas por redes sociales que privilegian la inmediatez por sobre la certeza. Distinguir entre lo auténtico y lo manipulado se vuelve cada vez más difícil.
La actual escalada en Medio Oriente lo refleja con claridad. Mientras se suceden ataques en distintos frentes, proliferan versiones contradictorias, registros fuera de contexto y narrativas que buscan influir en la opinión pública. La guerra se libra en el terreno militar, y también en el informativo.
Esta realidad exige una ciudadanía más crítica y consciente. Ver ya no basta: es necesario interpretar, contrastar y, en ocasiones, dudar.
Porque hoy, más que nunca, creer en lo que vemos puede ser el mayor de los riesgos.
Rafael Rosell Aiquel
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