Pocas cosas escuecen tan públicamente como que tu país pierda en el Mundial de Fútbol de la FIFA. Que lo diga, por ejemplo, el seleccionador de Francia, Didier Deschamps, que nada más terminar el partido en el que su equipo cayó ante España 2 a 0 se rehusó a hablar en castellano -lengua que maneja casi a la perfección- y se dedicó a criticar al árbitro del encuentro, aunque sin poder indicar muy bien qué había hecho mal.
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