Arrate Vicuña
Pamplona, 15 ago (EFE).- Bajo la sombra de los pinos de las piscinas de las instalaciones deportivas de Zizur Mayor (Navarra), las 'libélulas' de Mariburruntzi Sinkro Taldea calientan mientras el sol refleja su luz en unos brillantes bañadores rojos, como si de vestidos de gala se tratasen.
Alicia Otaegui, Nerea Arbiol, Laura Garde, Lola Sarriguren, Irene Aldabe, Anita Bonhomme, Raquel Elizalde y Ana Lana repasan sus movimientos en seco mientras el altavoz de un móvil marca el ritmo.
A su alrededor, decenas de personas comienzan a rodear la piscina exterior más grande del complejo para presenciar su última exhibición antes de viajar la próxima semana al Campeonato de Europa Máster de Bratislava.
Tras el paseíllo inicial, la pose y el salto al agua, Isis Mínguez, su entrenadora, marca el inicio con un sonoro 'piiii'. Comienza a sonar la música y las deportistas se sumergen iniciando sus ejercicios. Los presentes jalean y aplauden las tres actuaciones, dos grupales y una en pareja, entre rápidos cambios de bañador y gorro.
La cita sirve como simulacro de lo que dentro de unos días tendrán que repetir ante los jueces y supone el paso previo a su regreso a la competición internacional tres años después de Japón.
Para llegar hasta aquí hay que retroceder casi dos décadas, cuando Mínguez llegó desde Mallorca hasta la capital navarra creando un equipo de natación artística con niñas. Entonces le llegó la propuesta: entrenar a un grupo de mujeres adultas -mayores de 50 años- sin experiencia en la disciplina.
Lo hicieron, recuerda Otaegui en declaraciones a EFE, “con mucha ilusión, con muchas ganas, pero sin ninguna aspiración”.
Comenzaron su andadura con encuentros una o dos veces al mes, cuando conseguían coincidir. Actualmente se entrenan todas las mañanas a las ocho y un día a la semana a las siete para poder coincidir con su entrenadora y corregir los fallos que desde dentro son difíciles de apreciar.
Esa ilusión y esas horas de trabajo han llevado a la participación de las nadadoras en campeonatos internacionales en Londres, Budapest, Roma y Japón, con un bronce y una plata traídos desde la capital italiana, y otro bronce y casi un podio grupal desde el país nipón.
A pesar del éxito, las medallas no son el único criterio con el que miden su evolución en cada prueba. El objetivo, subrayan, es siempre tratar de mejorar la puntuación anterior.
Una vez finalizan una competición, comienzan ya con la preparación de la próxima. Trabajan la técnica, aumentan la dificultad de los ejercicios y preparan las nuevas rutinas. “Cada vez nos hemos querido ir superando”, explica Garde.
Pero dedicarse a esta disciplina fuera de la élite implica una menor visibilidad y, por tanto, una mayor dificultad para encontrar apoyos financieros.
Una realidad con la que las nadadoras se topan, sobre todo, al salir del agua. Los viajes, las inscripciones y todos los gastos asociados al desarrollo de su actividad salen directamente de sus propios bolsillos.
“Echamos de menos que no haya un patrocinador que vea lo que hacemos y quiera apoyarnos porque esto nos supone un gran esfuerzo económico”, manifiesta Alicia.
Ahora las deportistas ponen el foco en Bratislava. Allí presentarán cuatro de los tres ejercicios exhibidos en Zizur: dos por equipos y otros dos en dúo.
A pesar de la experiencia, los nervios y la incertidumbre ante los resultados se hacen latentes en cada cita ante unas puntuaciones que ellas mismas reconocen ser difíciles de calcular desde dentro del agua.
El objetivo del grupo, sin embargo, sigue siendo el mismo: mejorar la nota de la competición anterior. “Si encima nos cae una medallica, pues de lujo”, concluye entre risas Otaegui. EFE
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