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Las momias de Quinto, las vidas que se resisten al olvido

Quinto (Zaragoza), 2 ago (EFE).- La primera reacción suele ser el silencio. No es el miedo ni el morbo. Es el instante en el que el visitante comprende que tras el cristal no hay una recreación ni un modelo anatómico sino personas. Un niño envuelto en seda. Una mujer de 67 años a la que aún le queda un diente. Hombres y mujeres que caminaron por las calles de Quinto hace más de doscientos años y cuya ropa, zapatos e incluso parte de su historia permanecen intactos gracias a una casualidad de la naturaleza.

El Museo de las Momias de Quinto, inaugurado en 2018 en la antigua iglesia de la Asunción (conocida por los vecinos como El Piquete), alberga una colección única en España: quince cuerpos momificados de forma natural que siguen expuestos exactamente en el lugar donde fueron enterrados entre los siglos XVIII y XIX. Desde entonces, más de 25.000 personas han visitado el museo.

No es el único museo español con momias. Pero lo excepcional de estas momias es que su conservación no responde a ningún proceso artificial, sino a unas condiciones muy concretas de temperatura y sequedad que solo se dieron en una parte del templo.

“Lo que hace especial a este museo es cómo tratamos los restos humanos”, explica a EFE Beatriz Pallarés, una de las guías que acompaña a los visitantes desde la apertura del centro. “Hablamos de ellas con mucho respeto y con mucho cariño. Para quienes trabajamos aquí desde el principio es como si fueran gente de nuestra casa”.

Ese planteamiento marca toda la visita. Las explicaciones no se quedan en la muerte, hablan de la vida. De cómo vestían, qué comían, cuántos hijos pudieron tener, o la posición social que pudieron ocupar en el Quinto de hace dos siglos.

Cada cuerpo revela pequeñas pistas. El simple hecho de haber sido enterrados dentro de la iglesia ya revela que pertenecían a familias acomodadas, capaces de pagar ese privilegio.

Después aparecen otros detalles: un vestido infantil confeccionado en seda (la prenda más valiosa conservada en el museo), hábitos religiosos, zapatos prácticamente intactos o dentaduras que permiten deducir edades y enfermedades.

Algunas momias incluso han recuperado parte de su identidad: se conoce el nombre de tres de ellas gracias a la documentación histórica. “No queremos llamarlas PQ-08 o PQ-12. Eso sería deshumanizarlas”, explica la guía. “Necesitamos recordar que detrás de esos restos hubo personas”, por eso, las demás momias reciben nombres cariñosos, como Míriam, el nombre que se le dio a una de las momias en referencia a la antropóloga que la limpió.

El museo recibe visitantes de perfiles muy distintos. Acuden aficionados a la historia, profesionales sanitarios, familias, personas que atraviesan un duelo o viajeros que descubren el museo por casualidad.

Aunque el museo despierta inevitablemente curiosidad, quienes trabajan en él intentan alejarse del espectáculo. Para la guía, el verdadero objetivo del museo es otro. “Culturalmente hemos deshumanizado la muerte”, reflexiona. “Antes convivíamos mucho más con ella. Me gustaría que quien salga de aquí pierda un poco ese miedo y entienda que la muerte también forma parte de la vida”.

La relación entre el museo y la reflexión sobre la muerte va más allá. Desde 2021, el Ayuntamiento de Quinto organiza el certamen multidisciplinar “Punto Final”, que culmina con una gala en el propio museo y que invita a artistas de toda España a abordar ese tema a través del cuento, la fotografía o el cortometraje.

Ahí radica, quizá, la verdadera singularidad de este museo: rescatar historias. Porque dos siglos después, aquellas vidas siguen buscando quién las escuche. EFE

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Agosto 2, 2026 • 1 hora atrás por: Infobae.com 27 visitas 2344605

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