El Ciudadano
Por Vera Baboun, Embajadora del Estado de Palestina en Chile
24 de junio de 2026
Con motivo del Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia
Si las mujeres constituyen la mitad de la población mundial, se encuentran entre los grupos más afectados por las guerras y los conflictos, y la evidencia internacional demuestra que su participación contribuye a que los acuerdos de paz sean más sostenibles y eficaces, ¿por qué continúan estando ausentes de las mesas donde se negocia la paz?
Esta no es solamente una cuestión de representación o de igualdad. 25 años después de la adopción de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las Mujeres, la Paz y la Seguridad, la participación de las mujeres en los procesos de negociación y construcción de paz sigue siendo considerablemente inferior a lo que exigen los compromisos internacionales.
Una de las principales razones es que muchos procesos de paz continúan basándose en una concepción tradicional y limitada del poder y de la representación política.
Cuando se inician negociaciones, estos suelen estar dominados por élites políticas y de seguridad marcadamente masculinas, donde la influencia política o militar continúa siendo el criterio predominante. Como consecuencia, las mujeres son excluidas o relegadas a espacios secundarios no por falta de capacidad, sino porque las estructuras de negociación reproducen las dinámicas de poder existentes en lugar de transformarlas.
La segunda razón radica en la persistencia de una concepción tradicional de la seguridad y la paz, que sigue considerando las cuestiones relacionadas con las mujeres como asuntos sociales o de derechos humanos situados en los márgenes de la agenda, y no en su núcleo.
Esta visión ignora una realidad demostrada por la experiencia internacional: las mujeres nunca han sido meras receptoras de las consecuencias de la guerra. Han sido actoras fundamentales en la prevención de conflictos, la protección de las comunidades, la preservación del tejido social y la reconstrucción de lo que las guerras han destruido.
La comunidad internacional reconoció esta realidad con la adopción de la Resolución 1325, que afirmó que las mujeres son socias indispensables en la prevención y resolución de conflictos, así como en la construcción de la paz. Sin embargo, el verdadero desafío no ha sido el reconocimiento del principio, sino su traducción en políticas y prácticas concretas.
Surge entonces una pregunta fundamental: ¿Qué pierde la paz cuando las mujeres son excluidas? Cuando las mujeres están ausentes de las mesas de negociación, también quedan ausentes experiencias y perspectivas estrechamente vinculadas a la vida cotidiana de las sociedades afectadas.
Las negociaciones suelen concentrarse en cuestiones políticas y de seguridad tradicionales, mientras se relegan prioridades como la protección de la población civil, la reconstrucción institucional, la educación, la salud, la justicia transicional y la recuperación social y psicológica.
Por ello, la exDirectora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, afirmó: «Cuando las mujeres son excluidas de los procesos de paz, la propia paz se vuelve menos inclusiva y menos sostenible».
Una paz que no toma en consideración las necesidades, experiencias y aspiraciones de todos los sectores de la sociedad es una paz frágil, vulnerable a las crisis y con menos posibilidades de perdurar en el tiempo.
Para el pueblo palestino, este debate adquiere dimensiones adicionales. La mujer palestina nunca ha sido una espectadora de la historia. Ha desempeñado un papel central en la preservación de la identidad nacional, en la construcción de instituciones educativas y sociales, en la defensa de los derechos humanos y en el fortalecimiento de la resiliencia de la sociedad palestina frente a la ocupación, el desplazamiento y la violencia.
Sin embargo, su presencia en espacios de toma de decisiones políticas continúa siendo inferior al nivel de sus contribuciones reales a la sociedad.
La paz no es simplemente un acuerdo firmado entre partes enfrentadas. Es un proceso social y político integral que requiere la participación de todos los actores capaces de contribuir a su sostenibilidad. Si el objetivo es construir una paz justa y duradera, la exclusión de las mujeres no solo constituye una injusticia hacia ellas, sino que debilita las posibilidades de éxito de la propia paz.
En el Día Internacional de la Mujer en la Diplomacia, debemos pasar de celebrar la presencia de las mujeres en las instituciones diplomáticas a exigir su presencia en los espacios donde se toman las decisiones que determinan el destino de los pueblos. El desafío ya no consiste en demostrar la capacidad de las mujeres para liderar, negociar o mediar, sino en eliminar las barreras políticas, culturales e institucionales que continúan limitando su participación plena y significativa.
Las mujeres no son invitadas ocasionales a la mesa de paz ni representantes exclusivas de una agenda sectorial. Son actoras políticas fundamentales en la construcción de un futuro más seguro, más justo y más estable.
Vera Baboun, Embajadora del Estado de Palestina en Chile
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