Durante décadas, las fotografías de Aurora Badilla de Calvo permanecieron guardadas en la memoria familiar. Hoy, sus placas de vidrio -tomadas entre 1894 y 1925- permiten reconstruir no solo la vida de una de las primeras fotógrafas aficionadas de Chile, sino también los rostros, costumbres, espacios y escenas de un país que ya desapareció.
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