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Las técnicas de infiltración permiten vivir sin dolor en casos de cefalea y migraña, según una neuróloga

Varios bloqueos anestésicos realizados sobre los nervios implicados en la transmisión del dolor han mostrado resultados positivos tanto en la prevención como en el tratamiento de la migraña crónica, la cefalea en racimos, la cefalea cervicogénica y las neuralgias terminales del nervio trigémino. Según informó el medio que recoge las declaraciones de Lucía Vidorreta, neuróloga y coordinadora de la Unidad de Cefaleas del Hospital Quirónsalud San José, estas intervenciones incluyen la infiltración de anestésicos locales, a veces en combinación con corticoides, sobre nervios como el occipital mayor o el supraorbitario.

De acuerdo con lo publicado, Vidorreta explicó que los tratamientos farmacológicos siguen siendo la primera opción para abordar la cefalea y la migraña, aunque las técnicas de infiltración poco invasivas han ganado protagonismo en los últimos años, actuando directamente sobre los mecanismos fisiológicos responsables del dolor. Estas técnicas resultan especialmente útiles en aquellos pacientes que no logran alivio con las opciones farmacológicas clásicas, ya que consiguen no solo un alivio inmediato de los síntomas, sino que también permiten reducir tanto la frecuencia como la intensidad de las crisis en casos refractarios.

El medio detalló que, entre los procedimientos destacados, se hallan los bloqueos anestésicos sobre nervios pericraneales, que requieren conocimientos avanzados sobre la anatomía y fisiopatología del dolor, así como del respaldo científico acumulado. Vidorreta precisó que “en la cefalea en racimos, la infiltración con anestésico y corticoide puede proporcionar periodos libres de dolor de varios días o semanas”. La experta subrayó la rapidez, seguridad y repetibilidad de estas técnicas, aunque enfatizó que deben adecuarse al perfil individual de cada paciente.

Respecto a la cefalea tensional y el síndrome miofascial, el medio recogió que muchos afectados presentan dolor relacionado con puntos gatillo miofasciales en músculos cervicales y pericraneales. Para estos casos, la punción seca, especialmente apoyada en el uso de ecografía, permite localizar el punto gatillo con alta precisión. Esta técnica facilita la reducción de la contractura muscular y la disminución de la sensibilización periférica, resultando especialmente ventajosa en pacientes con componente cervical o dolor persistente pese a un tratamiento farmacológico bien establecido. Vidorreta puntualizó que la ecografía incrementa tanto la seguridad del paciente como la precisión del procedimiento, optimizando así la personalización del abordaje terapéutico.

Siguiendo lo publicado, la especialista remarcó que la cefalea en racimos representa una de las formas más incapacitantes de dolor craneal. Los bloqueos con anestésico local y corticoide sobre el nervio occipital figuran como una estrategia útil de tratamiento a corto plazo o de puente, pues, según Vidorreta, “el corticoide aporta un efecto antiinflamatorio prolongado, que puede reducir la frecuencia de los ataques y/o acortar los periodos activos de la enfermedad”. Aunque reconoció que la respuesta a estos tratamientos es variable, puntualizó que una cantidad considerable de pacientes muestra una mejoría en pocos días.

El medio también consignó que, en casos de cefaleas refractarias a las intervenciones convencionales, los especialistas disponen de otros procedimientos intervencionistas, como la radiofrecuencia sobre nervios periféricos y el bloqueo del ganglio esfenopalatino por vía transnasal. Estas estrategias modulan la transmisión del dolor tanto a nivel periférico como central, ofreciendo alternativas relevantes cuando otras soluciones han fracasado.

Vidorreta resaltó al medio que las técnicas de infiltración han modificado el manejo de las cefaleas, poniendo a disposición de los pacientes opciones eficaces, seguras y adaptadas a cada situación clínica. Gracias a esta aproximación, es posible intervenir de manera directa en los mecanismos involucrados en el dolor, reduciendo de manera significativa tanto la intensidad como la cantidad de episodios.

Según amplió la fuente, la correcta aplicación de estas técnicas precisa una evaluación neurológica detallada y una ejecución técnica minuciosa. En este contexto, el papel del neurólogo excede el tratamiento sintomático, permitiendo intervenir en la modulación del dolor y facilitando nuevas perspectivas terapéuticas. Vidorreta sintetizó el alcance de estos procedimientos con la afirmación: “Se puede vivir sin dolor”.

Marzo 25, 2026 • 1 día atrás por: Infobae.com 23 visitas 1918436

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