Hasta ahora Chile había logrado mantener buenas relaciones con EE.UU. y China, nuestros principales socios comerciales, pero también adversarios entre sí. Y en eso ha consistido, justamente, el buen juicio y criterio que han demostrado las diversas administraciones y cancilleres anteriores -de distintos signos-, quienes han tenido la habilidad y pericia para navegar razonablemente bien en ambos mundos, de manera de poder reportarle beneficios a nuestro país -lo verdaderamente importante-, pero sin tener que “elegir” a un país en perjuicio del otro. Pero una vez más queda en evidencia lo costoso que puede resultar anteponer los “credos” ideológicos de una determinada administración, antes que ser pragmáticos y privilegiar los intereses generales y permanentes de una nación, como lo están demostrando los últimos affaires del actual gobierno en materia internacional, dejando un triste legado -más bien entregando un fierro caliente- a la siguiente administración.
Ignacio Garay P.
Abogado
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