El Ciudadano
Por Damaris Astete Marchant, trabajadora social, candidata al Comité Central Nacional del Frente amplio, dirigenta social territorial y vocera de Ukamau Valparaíso
El fútbol amateur es mucho más que 90 minutos y una pelota rodando en una cancha. En cientos de barrios de nuestro país es encuentro, organización, identidad y memoria. Es el lugar donde niñas y niños juegan o acompañan a sus familias, donde generaciones completas se encuentran cada fin de semana y donde dirigentes y dirigentas sostienen clubes muchas veces con esfuerzo voluntario y pocos recursos.
Por eso, la aprobación en general de la denominada Ley Nico Vidal por parte de la Comisión de Deportes y Recreación de la Cámara de Diputadas y Diputados, constituye una señal importante. Su aprobación unánime demuestra, además, que proteger el fútbol amateur puede y debe ser una tarea transversal.
Este proyecto nace desde una tragedia que nunca debió ocurrir. El 1 de marzo de este año, Nicolás Vidal Faúndez, jugador del Club Estrella Roja de Valparaíso, padre, trabajador portuario y vecino del Cerro San Juan de Dios, perdió la vida en medio de hechos de violencia ocurridos durante la Copa de Campeones en San Antonio.
Desde ese dolor, su familia y el club decidieron transformar la pérdida en organización y demanda colectiva: que ninguna familia tenga que vivir nuevamente algo semejante por acompañar a sus hijos, familiares o amigos a una cancha.
Pero reducir la Ley Nico Vidal solamente a una respuesta frente a un hecho de violencia sería no comprender la profundidad de lo que está en discusión.
El proyecto propone algo que Chile tenía pendiente: reconocer al fútbol amateur como una actividad de interés público, valorando su función social, comunitaria y preventiva. También busca avanzar en estándares mínimos de seguridad, protocolos para enfrentar situaciones de riesgo, prevención de la violencia, transparencia y responsabilidades claras para quienes organizan las competencias.
Y esta distinción es fundamental. No podemos trasladar mecánicamente al fútbol amateur las mismas reglas diseñadas para el fútbol profesional o para cualquier evento masivo.
Un club de barrio no es una sociedad anónima deportiva. Muchas veces son sus propios socios y socias quienes venden entradas, marcan la cancha, organizan las series infantiles, consiguen transporte y mantienen funcionando sus sedes. Regular esta realidad exige conocerla y, sobre todo, no terminar castigando económicamente a quienes la sostienen.
Por eso ha sido importante escuchar durante la discusión legislativa a clubes, asociaciones, municipios, organizaciones del fútbol rural, autoridades deportivas, organismos de seguridad y, especialmente, a la familia de Nicolás.
El desafío ahora, durante la discusión en particular, será recoger esas experiencias y encontrar los mecanismos que permitan hacer exigible la seguridad sin hacer imposible la existencia de los clubes.
El Estado también debe asumir responsabilidades. No podemos pedir protocolos, infraestructura, capacitación y condiciones de seguridad si dejamos nuevamente solos a los clubes y a sus dirigentes para financiarlos e implementarlos.
La seguridad del fútbol amateur requiere coordinación entre asociaciones, municipios, instituciones deportivas, organismos públicos y comunidades.
También necesitamos hablar de prevención. La violencia no comienza cuando alguien entra a una cancha con un arma. Se construye antes, cuando normalizamos las amenazas, las agresiones, la intolerancia frente al rival o la idea de que insultar y golpear forman parte inevitable del fútbol.
Por eso esta ley también abre una oportunidad educativa. Necesitamos recuperar la cancha como un espacio donde niñas, niños y jóvenes aprendan convivencia, respeto, solidaridad y vida comunitaria. Ese es, quizás, el desafío más profundo que deja la historia de Nico Vidal. Que su nombre no quede asociado únicamente a la tragedia que terminó con su vida, sino también a la capacidad de una familia y de una comunidad de transformar el dolor en una propuesta para todo Chile.
La aprobación en general es un paso importante, pero todavía queda camino. Ahora corresponde mejorar el proyecto, escuchar a quienes viven el fútbol amateur desde Arica a Magallanes y construir una legislación que comprenda sus enormes diferencias territoriales.
Porque proteger el fútbol amateur no significa llenar las canchas de restricciones ni alejar a las familias. Significa exactamente lo contrario: crear las condiciones para que puedan volver a ser espacios seguros de encuentro. Que una madre pueda llevar tranquila a sus hijos. Que un niño pueda alentar a su club. Que un dirigente pueda organizar un campeonato sin sentirse abandonado frente a situaciones de violencia.
Que los equipos puedan encontrarse como rivales durante 90 minutos y seguir reconociéndose como vecinos cuando termina el partido.
La pelota no se mancha y cuidar esa pelota, esa cancha y su gente, en definitiva, también es hacer comunidad y un mejor Chile.
Damaris Astete Marchant
La entrada Ley Nico Vidal: Cuidar el fútbol amateur es cuidar nuestros barrios se publicó primero en El Ciudadano.
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