Nunca la sociedad había experimentado cambios más acelerados y profundos que en las últimas décadas y, al mismo tiempo, cuesta imaginar una sensación mayor de carencia de líderes. La contradicción es evidente, porque la noción más extendida del liderazgo es la capacidad de conducir a grupos humanos en procesos de cambio.
En la política esta carencia se percibe más nítidamente que en ningún otro ámbito; la combinación de una sociedad culturalmente adicta a la inmediatez, junto a la emocionalidad de una masa conductualmente alterada por las redes sociales, han convertido a los políticos de Occidente en esclavos de encuestas, seguidores y reproducciones.¿Qué gobernante actual podría ofrecer “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como hizo Churchill en su histórico discurso de 1940? Seguramente ninguno, porque conceptos como sacrificio, deber o renuncia son lamentablemente contraculturales, los héroes de nuestro tiempo parecen ser los que llegan a la portada de revistas especializadas en una categoría particular, la de los “billions”.
Por estas y muchas otras razones es que la figura de Prat le hace bien a nuestra sociedad y a nuestro tiempo, su valor trasciende por mucho el ámbito militar e incluso a nuestras fronteras. Nadie lo resumió mejor que Gabriela Mistral cuando dijo que “no necesitamos recurrir a Grecia ni a Roma, si Prat fue toda Esparta”. Es que el héroe naval resulta, a estas alturas, un testimonio indispensable de valores que se han extraviado y que necesitamos recuperar.
En su libro “Yo Montt”, Cristóbal García-Huidobro relata un episodio muy poco conocido, el 31 de julio de 1876 llegó a la Corte Suprema un joven oficial para rendir el examen de grado que le permitiría obtener el título de abogado y la distinción de ser el primer marino en recibirlo. Sin embargo, le informaron que no habría examen, pues los ministros estaban abocados a sacar fallos. Prat fue donde el presidente de la Corte, don Manuel Montt, y consiguió que éste le formara comisión, rindiendo luego un examen sobresaliente. Así llegó a la doble condición de marino y abogado que, la historia también nos enseña, no gustaba mucho a algunos de sus superiores.
Allí donde nuestro tiempo nos ofrece satisfacción inmediata, Prat nos ofrece perseverancia; donde idolatra al “winner”, nos da testimonio de sacrificio; y donde nos enseña que todo es negociable, él nos recuerda que el deber no lo es. En definitiva, nos muestra el mayor liderazgo que ha salido de nuestro país, uno que impulsó a su tripulación hasta el sacrificio, inmediatamente después del suyo y que luego movilizó a toda una nación a la victoria.
Actualmente escasean los líderes, precisamente cuando son más necesarios que nunca, porque la incertidumbre es el signo predominante de esta época. La figura de Prat, su historia, su sacrificio consciente y consistente con el sentido que le daba a la vida, está vigente precisamente porque lo hemos perdido. Afortunadamente, no tenemos que mirar muy lejos, porque, razón tenía Mistral, él era toda Esparta.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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