Liú Wenrui, 刘闻睿 (Ethan): el artista que llevó el graffiti chino de Shanghái al mundo

El Ciudadano

Caminando por las calles de Shanghái, guiamos nuestros pasos hasta M50, el distrito del arte y la creatividad que late junto al río Suzhou, muy cerca del imponente centro comercial 1000 Trees, esa montaña vertical de terrazas arboladas diseñada por Thomas Heatherwick. Allí, donde antes rugía la vieja Moganshan Road —aquel salón de la fama del graffiti shanghainés—, nos esperaba 刘闻睿, Liú Wenrui (Ethan), en su espacio creativo Shake Well. Formado en animación en la Academia de Teatro de Shanghái, ex miembro del histórico Reload Crew y ex director visual en el distrito 798 de Pekín, ha abierto un espacio para acercar su arte y el de sus amigos a la comunidad y a los viajeros que ya saben que, quien quiera ver arte de vanguardia chino, debe visitar este lugar.

En su obra hay un ser que lo acompaña y reaparece de distintas formas: Sun Wukong, el Rey Mono, su superhéroe de tinta y aerosol, «Él es el Superman chino, el Spider-Man chino; es el superhéroe en el corazón de los jóvenes chinos, y también es un personaje que personalmente admiro muchísimo», nos narra con emoción.

Al visitar a Ethan, nos invitan una cerveza con café del vecino, es la primera vez que la pruebo en mi vida y realmente da cuenta de la creatividad del barrio en todos sus aspectos . Después, entre el humo lento de un cigarro y una conversación sobre la vida, aparecieron los muros de Valparaíso, su museo a cielo abierto, el muralismo latinoamericano y esa idea compartida de que la ciudad también es lienzo. Ethan ha pintado en Pekín, Hong Kong, Tokio, Bangkok, París, Madrid y Barcelona, pero aquí, en su estudio-tienda, SunWukong observa desde un muro hacia la calle, como quien recuerda que el arte, cuando es verdad, no pide permiso.

Durante las últimas semanas, varios artistas han estado pintando el muro que separa el centro comercial -que pronto abrirá sus puertas-, en una colaboración espontánea que devuelve a M50 algo de aquel pulso callejero. Mientras yo terminaba mi cerveza, decidí comprar algunas obras de Ethan y de sus amigos para mi y miss hijos. Me dio las gracias, me regaló un mousepad y le dije que pronto le escribiría con algunas preguntas para reflexionar sobre su arte. “Las espero”, me dijo sonriente. Aquí están, hoy, sus respuestas para ser plasmadas en un «muro ciudadano».

Por Bruno Sommer

Después de graduarte de la Academia de Teatro de Shanghai en 2010, ¿qué fue lo que te impulsó a tomar una lata de aerosol y salir a la calle a hacer graffiti? ¿Cómo era el ambiente y la escena del graffiti en China en ese momento?

-Cuando estaba en la universidad, conocí al primer equipo de graffiti de Shanghai, Reload Crew. Mi especialidad en la universidad era animación audiovisual, y la salida laboral era la animación 2D y los videojuegos, pero a mí no me gustaba trabajar mucho tiempo frente a la computadora; prefería crear en la calle. El graffiti me hizo ver el arte como una forma de expresión mucho más atractiva. Después de graduarme, mi primer trabajo fue unirme a su crew. Practiqué graffiti en el equipo durante un año, pero por cuestiones de subsistencia tuve que trabajar dos años en una agencia de publicidad. Como venía de un crew de graffiti y tenía una buena base de cultura callejera, trabajé en una agencia de publicidad en Shanghai manejando las redes sociales de Converse. Después me fui a Beijing, al distrito de arte 798, donde fui jefe del departamento visual en una empresa de moda. Un año después volví a Shanghai y abrí mi estudio de arte graffiti. En ese momento el mercado estaba en pleno auge económico, todo estaba floreciendo, incluida la cultura callejera, el hiphop en chino y el arte del graffiti.

-En la universidad te uniste a Reload Crew y creaste junto con “la primera generación de grafiteros de China”. ¿Qué influencia tuvo esa experiencia en tu camino artístico posterior?

-El equipo me ayudó muchísimo. Agradezco ese año. En ese entonces en China no había una marca nacional de aerosol, éramos distribuidores de la marca australiana Ironlak, y yo podía usar gratis esa pintura para practicar los fundamentos del graffiti. Tengo que agradecer a William, que era el fundador. Después, quien me ayudó mucho fue Shier, del equipo; siempre estuve estudiando sus letras de graffiti y él compartía conmigo su experiencia creativa. También Sim, su graffiti de estilo cartoon es mi estilo favorito. Al principio copié y analicé muchísimo las obras destacadas nacionales e internacionales, y eso me inspiró enormemente.

Una vez bromeaste diciendo que cuando empezaste a hacer graffiti tu nivel era muy malo, que en el mundillo te consideraban un “toy”. De pasar de “toy” a convertirte en un artista profesional reconocido en la escena, ¿Cuál crees que fue el paso más decisivo?

-Creo que toda forma de arte pasa por una etapa de imitación y aprendizaje. La cantidad se transforma en calidad. Hasta que un día William me dijo: “Ya puedes ganar dinero con el graffiti”. En ese momento me puse muy contento, porque prácticamente los 365 días del año estaba estudiando graffiti de manera obsesiva: antes de dormir veía documentales de graffiti y en los descansos leía revistas de graffiti. En ese entonces no tenía confianza para ir a pintar a Moganshan Road, sentía que mi nivel no era suficientemente bueno. Pasaron dos años hasta que poco a poco empecé a pintar allí. En aquel momento, Moganshan Road era el verdadero salón de la fama del graffiti.

-Defines el graffiti como “Big Art” (arte grande): en un muro enorme, una vez que aprietas la válvula del aerosol ya no hay vuelta atrás. Esa “irreversibilidad”, ¿Es para ti más una presión creativa o un desafío y un placer?

-En realidad el graffiti se modifica a través de la cobertura. Su encanto está en el impacto de grandes superficies de color y en el estado de libertad. Es una forma de expresión del arte urbano, es un museo callejero. Eso es lo que me provoca placer y emoción. El mayor encanto del graffiti es que libera tu presión en lugar de generarte presión. La única presión necesaria es la del dedo índice sobre la válvula del aerosol, y eso requiere práctica y adaptación.

(…) una vez que confirmé la creación mediante imágenes, elegí al superhéroe chino Sun Wukong. Él es el Superman chino, el Spider-Man chino; es el superhéroe en el corazón de los jóvenes chinos, y también es un personaje que personalmente admiro muchísimo.

刘闻睿, Liu Wenrui (Ethan)

-Tu serie de “Su Wukong” es muy representativa. ¿Por qué elegiste a este personaje mitológico como símbolo creativo? Al integrar elementos de la cultura tradicional china en un lenguaje visual como el graffiti, que proviene de Occidente, ¿Qué dificultades concretas encontraste?

-Después de un periodo de acumulación y sedimentación, me di cuenta de que lo que quería expresar era un pensamiento oriental, incluso chino. Lo más legible, por supuesto, es la imagen y no las letras. Las pinturas rupestres de los primeros humanos ya demostraron la importancia de la expresión mediante imágenes en las paredes; es la forma más directa de comunicación. Y el idioma de cualquier país es una barrera cultural entre etnias. Así que, una vez que confirmé la creación mediante imágenes, elegí al superhéroe chino Sun Wukong. Él es el Superman chino, el Spider-Man chino; es el superhéroe en el corazón de los jóvenes chinos, y también es un personaje que personalmente admiro muchísimo. La única dificultad es que descubrí que la mayoría de los extranjeros todavía no conoce la historia de Viaje al Oeste. Nuestra cultura china no ha alcanzado el nivel de difusión que yo imaginaba. Incluso muchos amigos europeos, al mencionar a Wukong, piensan primero en el anime japonés Dragon Ball. Creo que eso es algo sobre lo que debemos reflexionar en cuanto a la difusión de nuestra cultura, y es una cuestión que los creadores chinos debemos plantearnos.

«Aunque el graffiti pertenece al arte contemporáneo, las galerías y la mayoría de los espacios de arte son juegos comerciales con un fuerte carácter financiero; juegan a pasarse la pelota entre su propio grupo de coleccionistas»

刘闻睿, Liu Wenrui (Ethan)

-Has dicho que “el graffiti debe ser salvaje y libre”. Pero cuando el graffiti entra en museos y espacios comerciales, ¿esa “sensación salvaje” se diluye o se ve comprometida de algún modo?

-Así es. Desprecio profundamente el sistema dominante de las galerías contemporáneas. Aunque el graffiti pertenece al arte contemporáneo, las galerías y la mayoría de los espacios de arte son juegos comerciales con un fuerte carácter financiero; juegan a pasarse la pelota entre su propio grupo de coleccionistas. El verdadero arte es como una obra de graffiti que aparece de repente en la calle: no tiene ningún propósito comercial, no le importa cuánto tiempo sobreviva. Ese acto ya se convierte en una verdadera acción artística. En comparación, los famosos curadores, inauguraciones, catas para coleccionistas y días VIP de apertura son los que deberían estar en el fondo de la cadena de desprecio. Por supuesto, entiendo que en muchos asuntos hay que ceder ante lo comercial. Yo mismo tengo una tienda de arte, y he descubierto que muchas obras de graffiti no tienen valor comercial. Claro que hay que ajustarse a la lógica comercial y también hacer concesiones, pero el graffiti no debería ser así. Es un problema real y descarnado, y cada artista debe encontrar su propio equilibrio. Al fin y al cabo, los artistas también necesitamos sobrevivir.

-Percibo en tus obras un fuerte aire punk y rockero. ¿Cuánto influye la música en tu creación? En la China actual, ¿Cómo convive y coexiste la cultura punk con el arte?

-Amo la cultura callejera y la música rock y punk. Es el motor que me ha permitido encontrar una dirección de vida con confianza. En China ya se ha desarrollado el fenómeno cultural del rap en chino, pero creo que las obras excelentes disminuyen año tras año. El graffiti tampoco parece haber prosperado tanto como imaginaba; al contrario, parece estar en una situación más difícil. Todo el mundo tiende a hacer cosas que puedan generar tráfico en las redes sociales. Eso es un producto inevitable de la actual recesión económica y de la era de los videos cortos.

-Desde Louis Vuitton y Ferrari hasta Tiffany & Co. y Coach, has colaborado con numerosas marcas de primer nivel. Cuando estas marcas acuden a ti, ¿Qué cualidades tuyas valoran? En los encargos comerciales, ¿Cómo mantienes y presentas tu estilo personal?

-Primero que nada, estoy muy contento de colaborar con ellas, porque he descubierto que las grandes marcas respetan mucho la voluntad personal del artista y nos dan un gran margen creativo. Por supuesto, mis años de experiencia en agencias de publicidad me permiten respetar las necesidades básicas del cliente y el tono de la marca. Manteniendo el equilibrio bajo esas condiciones, naturalmente se puede expresar el estilo personal del artista y una interpretación razonable del concepto de la marca.

Screenshot

-Has creado graffitis para artistas como Jay Chou, BIGBANG y Jackson Wang. Colaborar con celebridades y colaborar con marcas, ¿En qué se diferencian en cuanto al proceso creativo y la experiencia?

-La diferencia al trabajar con celebridades es que ellos no necesitan tanto transmitir el concepto de una marca. Lo que más les importa es su estética personal y sus intereses: los tonos que les gustan, el estilo, si se puede satisfacer lo que necesitan para el rodaje o la sesión de fotos, si se puede lograr una imagen visual satisfactoria. Eso requiere conocer de antemano sus gustos y preferencias, y comunicarse bien en la etapa inicial. Las celebridades también respetan mucho al artista.

Eres creador y también director de tu propia empresa. En el sector se suele decir que “solo pintando es muy difícil sobrevivir en esta sociedad”. Como artista y a la vez gestor, ¿Cómo manejas la relación entre la creación artística y la operación comercial?

-Exacto. Pero expresar el contenido que uno quiere transmitir es lo que hace un artista. Y yo necesito que mi contenido sea aceptado por el mercado, así que no me queda más remedio que buscar patrones y resumir experiencias en ese proceso. Cada mes ajustamos la exhibición de nuestra tienda, los precios e incluso el estilo. El control de costos, el empaque, las dimensiones en el proceso de convertir una obra en producto… Eso se parece más al trabajo de un desarrollador de productos o de un diseñador. Tengo que decir que en ese proceso no puede haber demasiado pensamiento emocional por parte del artista. Lo que el mercado necesita es pensamiento racional. Necesitamos invertir emoción en la creación y luego producir y operar de manera racional.

Cuando derribaron el muro de graffiti de Moganshan Road, lamentaste que los grafiteros se quedaban “sin muros para pintar”. Mirando el Shanghai de hoy, ¿el espacio de supervivencia del graffiti se ha ampliado o se ha reducido? ¿Dónde suelen crear ahora los grafiteros de Shanghai?

-El graffiti de Shanghai ahora es como una criatura marina que ha perdido el océano: todos tienen que buscarse pequeños lagos y adaptarse a la vida de pez de agua dulce. Sobrevive en ruinas, en zonas rurales apartadas, en algún rincón conseguido después de solicitar permisos y coordinar con las autoridades.

En 2025 fuiste invitado como jurado de un festival de arte graffiti. Al pasar de participante a jurado, ¿cuál es la mayor diferencia que observas entre la nueva generación de grafiteros y la tuya?

-En realidad no hay una gran diferencia entre concursante y jurado; solo que nosotros llevamos más años en el graffiti. Muchos nuevos tienen mucho talento. Nosotros crecimos de manera salvaje. Ahora todos parecen crecer de forma regulada dentro de un sistema invisible. Quizás sea por la influencia de la era del video en internet, o por el control oficial, o por el estado actual de la vida, que hace que todos anden con cuidado o que hagan graffiti para alcanzar algún objetivo. Quizás el entorno social ha afectado el estado de ánimo de los grafiteros.

En varias ocasiones has financiado de tu propio bolsillo eventos de arte graffiti en Shanghai, porque sentías que “en Shanghai siempre faltaba alguien que hiciera esto”. Desde la perspectiva actual, ¿en qué etapa crees que se encuentra el desarrollo de la cultura del graffiti en Shanghai?

-Mi comportamiento tiene muchas razones: una es que en Shanghai nadie organizaba eventos de graffiti, y otra es que queríamos que nuestro estudio fuera conocido por más gente. Actualmente, el estado del graffiti en Shanghai es básicamente de discontinuidad: siempre son las mismas caras las que siguen amándolo, y siempre aparecen caras nuevas un par de veces y luego desaparecen. Es como un filtro que elimina sin piedad a los que no aman lo suficiente, a los que no pueden cubrir el costo de vida y a los indecisos.

Llevas más de diez años practicando graffiti y bromeaste diciendo que la rinitis era tu “testimonio del amor por el aerosol”. Después de todos estos años, ¿cuál es el motor interno que te ha permitido seguir adelante?

-El graffiti requiere un contacto frecuente con el aerosol. Ahora mi frecuencia de creación no es tan alta como antes. También me curé poco a poco la rinitis con una cirugía y cuidados constantes. Voy al gimnasio todos los días y a menudo creo obras sobre papel o sobre lienzo. Actualmente mi estado es el de pensar en nuevos estilos y técnicas. Lo que sigo amando es la interacción con esta ciudad y la pequeña dosis de alegría que las obras pueden dar a la gente. Creo que seguiré así siempre; es mi estilo de vida.

Tus obras ya están repartidas por Beijing, Shanghai, Hong Kong, Tokio y Bangkok. ¿Cuáles son los próximos destinos que te atraen especialmente o las nuevas direcciones artísticas que te gustaría probar?

-Este año cumplí el viaje artístico por Europa, en Francia y España. A principios de año recibí la invitación de la marca francesa Pébéo para visitar su fábrica en Marsella. Después fui a Madrid a participar en el festival Pint Malasaña. En París y Barcelona también dejé obras de graffiti. Fue increíble. Lo siguiente que espero es ir al Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, y seguir esparciendo graffiti con elementos chinos por todo el mundo.

¿De qué maneras o proyectos concretos crees que se podría tender un puente de intercambio cultural entre los grafiteros chinos y los de Chile, o de toda América Latina?

-Creo que la forma más directa es participar en festivales de arte público o exposiciones colectivas locales y emprender un viaje de creación artística. Tengo un sentimiento especial por Chile. Antes de graduarme en 2010, trabajé durante unos meses como recepcionista en el pabellón de Chile de la Expo de Shanghai. Aprendí algo de español, aunque ya he olvidado bastante. Espero tener otra vez la oportunidad de participar en algún proyecto artístico local.

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Por Bruno Sommer

*Fundador El Ciudadano

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Septiembre 8, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 39 visitas 2451753

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