SEÑOR DIRECTOR:
La promulgación de la ley que separa a la ANFP de la Federación de Fútbol marca un paso importante para el fútbol chileno. Sin embargo, sería un error pensar que esta transformación institucional, por sí sola, resolverá las profundas desigualdades que existen en nuestro deporte, especialmente en el fútbol femenino.
Nuestra tesis es clara: si esta ley no va acompañada de normativas y mecanismos concretos que estén en línea con el espíritu de la reforma, los cambios para las mujeres podrían ser mínimos. La separación abre una oportunidad, pero no garantiza automáticamente una nueva forma de gobernar.
Quizás los efectos más visibles sean en la selección nacional, donde la nueva Federación tendrá la obligación de tratar a todas sus selecciones en igualdad de condiciones. Pero sin normativas explícitas, la historia nos indica que habrá resistencias.
El fútbol femenino necesita estructuras que aseguren inversión, planificación y competencias sólidas, con un nivel de autonomía acorde a las prácticas internacionales: dirigentes con atribuciones propias que respondan por las decisiones que toman, no coordinadores y cuerpos técnicos sin proyecto institucional. De lo contrario, corremos el riesgo del antiguo “gatopardismo”: grandes anuncios que no logran transformar la realidad cotidiana de las jugadoras.
La promulgación de esta ley instala una pregunta de fondo sobre el tipo de fútbol que se quiere impulsar: uno que replica las dinámicas excluyentes, o una nueva estructura —en la liga y en la Federación— que incorpore al fútbol femenino como parte integral de su desarrollo, reconociendo que es un sector cuyo crecimiento global es irreversible.
Camila García Directora de ANJUF
completa toda los campos para contáctarnos