Llevamos años desterrando el humilde salero tradicional de la mesa. Ahora nos hemos dado cuenta de que es un error

Llevamos años desterrando el humilde salero tradicional de la mesa. Ahora nos hemos dado cuenta de que es un error

Durante décadas, problemas como el bocio, el hipotiroidismo y los déficits cognitivos infantiles ligados a una falta de yodo en el organismo parecían cosa del pasado en los países desarrollados. Todo esto fue un éxito de los avances que se vieron en la salud pública a partir del siglo XX al apuntar a la necesidad de añadir yodo a la sal de mesa que todos consumimos. Pero ahora en numerosos países se está viendo una importante deficiencia en el yodo que puede condicionar a la aparición de enfermedades graves.

Los culpables. Irónicamente, las nuevas tendencias de salud y bienestar, ya que estamos viendo un gran auge de las sales "gourmet" no yodadas que parecen muy cool, pero que no cuentan con el yodo que se suplementa a la sal clásica y que necesitamos en nuestra dieta.

El mapa de un déficit. Según los datos de la propia OMS en Europa y la Iodine Global Network, la deficiencia leve de yodo persiste y se está extendiendo en los países donde se creía que era un problema erradicado. Para que nos hagamos una idea, en el Reino Unido los datos recientes apuntan a que las mujeres en edad fértil han pasado de tener niveles suficientes a clasificarse en deficiencia leve.

Si seguimos indagando, en Australia el problema lleva años reapareciendo pese a los intentos de fortificación, mientras que en Estados Unidos, revisiones recientes publicadas indican que el déficit vuelve a crecer pese a la histórica yodación de la sal, vinculado a los nuevos patrones alimentarios.

El culpable 'gourmet'. Históricamente, la sal de mesa común ha sido nuestro principal vehículo para consumir yodo en la dieta. Pero en los últimos años hemos visto cómo aparece una tendencia a este producto, como por ejemplo la sal rosa del Himalaya, la sal marina en escamas o la sal kosher. 

El problema de estas opciones, además de ser mucho más caras, es que son percibidas como alternativas muy saludables. El problema es que casi nunca están yodadas, y por eso su consumo en aumento para poder mejorar la salud está provocando al final todo lo contrario. 

Hay más. Además del problema de la sal, también hay que tener presente que en muchos países la leche de vaca ha sido tradicionalmente la principal fuente de yodo en la dieta debido a la suplementación del ganado y los desinfectantes de ordeño. Pero su consumo está cayendo de manera radical. 

Esto se suma a una transición general hacia dietas veganas o flexitarianas que ha disparado el consumo de bebidas vegetales que, aunque se refuerzan con calcio o vitamina B12, no están fortificadas con este yodo. 

Sus consecuencias. Que haya un déficit de yodo no es una tontería, puesto que el yodo es el combustible fundamental de la glándula tiroides y es vital para el desarrollo neurológico, y es por ello que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria establece que un adulto necesita 150 microgramos al día de yodo, una cifra que sube a 200 µg en mujeres embarazadas.

Si nos centramos en las embarazadas, tener un déficit puede tener consecuencias fatales con problemas en el desarrollo cognitivo fetal o incluso caídas en el coeficiente intelectual. 

Los casos. Un análisis publicado en 2019 estima que actualmente hay 81,4 millones de casos de deficiencia en mujeres en edad reproductiva y, aunque desde 1990 la prevalencia mundial ha bajado enormemente gracias a la yodación universal, el problema ahora presenta una dicotomía: afecta a regiones de bajo índice de desarrollo humano como África subsahariana por falta de recursos, y a países ricos por decisiones dietéticas modernas. 

La solución. Aquí la OMS exige que se refuercen las políticas de prevención a través de una legislación concreta, promoviendo la yodación universal de todas las sales, tanto las de consumo directo como las utilizadas en alimentos procesados y panadería. 

Además, se apunta a la necesidad de exigir o incentivar que las bebidas vegetales se fortifiquen sistemáticamente con yodo, igualando el perfil nutricional de la leche de vaca. De esta manera, se vuelve a la idea primigenia de introducir yodo en la sal de mesa común, por lo que ahora toca suplementar a los nuevos alimentos que surgen en el mercado. 

Imágenes | Jonathan Cooper Melissa Di Rocco 

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La noticia Llevamos años desterrando el humilde salero tradicional de la mesa. Ahora nos hemos dado cuenta de que es un error fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .

Abril 12, 2026 • 3 horas atrás por: Xataka.com 41 visitas 1984805

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