Creyó que su calvario terminaría pronto con una inyección letal. Pero la apelación de su abogada lo condenó a algo peor: vivir durante años como un enfermo terminal. Lleva 7.670 días en el corredor de la muerte, esperando una muerte que no llega. Hasta que un día decide dejar de resistirse y aprender a vivir dentro de lo inevitable
completa toda los campos para contáctarnos