El Pritzker a Smiljan Radic ha sido recibido con enorme alegría, tanto por lo merecido del galardón como por la situación extraordinaria en la que deja a Chile en la escena internacional de la arquitectura. En efecto, el país es un caso único: Japón tiene ocho arquitectos u oficinas ganadoras de este “nobel”; USA, siete; El Reino Unido, cuatro; Francia, China y Alemania, tres; España, Portugal, Italia y Suiza, dos, igual que Chile. ¿Qué hace que nuestro país esté en estas “grandes ligas”, rodeado de economías del primer mundo? Brasil, que también tiene dos, tiene una población doce veces la nuestra…
Ahí una primera pregunta, que merece una respuesta más detallada. La segunda pregunta es igual de importante: ¿Qué hacer con esta situación para transformarla en una oportunidad para más arquitectos de alcanzar internacionalización, para más escuelas de formar arquitectos de excelencia, para más jóvenes profesionales para desarrollar obra? ¿Cómo, en suma, aprovechar este momento, esta visibilidad, para entender la arquitectura como una política cultural del país?
Un breve repaso: ninguno de los dos ganadores chilenos del Pritzker ha obtenido el Premio Nacional, ni tampoco los otros miembros de esa “generación dorada” que podrían tenerlo en el futuro. Incluso si lo hubiesen recibido, ni el Premio Nacional de Arquitectura ni el de Urbanismo consideran el reconocimiento económico ni la pensión vitalicia de los otros Premios Nacionales. ¿Por qué, si esta es la disciplina con más impacto internacional del país? ¿Y los concursos, ese mecanismo clave para promover la arquitectura y dotar a las ciudades de obras significativas? Son pocos, e incluso cuando existen es habitual que las obras no se construyan, o que la arquitectura no sea el factor decisivo en la adjudicación, porque se ponderan otros criterios con igual o mayor relevancia. ¿Y los eventos internacionales que promueven nuestra arquitectura? Recordemos el bochorno de la Expo Dubái 2020, con un pabellón diseñado por Radic, Puga y Velasco que no se construyó. En suma, la tarea de entender la arquitectura en Chile como política cultural de primer orden, que atrae capital humano y alimenta la economía, está aún al debe.
¿Puede hacerse? Medellín lleva años siendo promovida como la ciudad del “renacimiento cultural”, y hoy es el primer destino de nómades digitales de Latinoamérica, con la enorme industria que esto detona. Perú entendió que su potente tradición culinaria tenía todo para posicionar su cocina a nivel global, y Lima como capital gastronómica del continente, con éxito e impacto innegable. Buenos Aires es prácticamente incombustible, y ninguno de los vaivenes del país parece capaz de mermar su escena teatral y de espectáculos. Pero ninguna de estas cosas ocurre porque sí; son el resultado de transformar estas oportunidades en políticas culturales, con acciones concertadas para potenciar estos atributos.
Sí, Chile es país de arquitectos notables, pero para que la arquitectura alcance el status que merece, aún falta mucho.
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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