Los actuales juegos estratégicos en el mundo

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Cada vez más las tensiones mundiales crecen y se agudizan, ampliando los espacios geográficos y los métodos empleados para abordar los conflictos, y despejando o haciendo más transparente los objetivos que desean alcanzar los protagonistas principales.

A las acciones relacionadas en la economía como fue la aplicación unilateral de aranceles (Trump contra la inmensa mayoría de países), las sanciones a granel continuas y ampliadas (contra Irán, Rusia, Venezuela, Cuba y otros), se sumaron el conflicto bélico clásico con una guerra simétrica (entre Rusia, Ucrania y la OTAN europea); bombardeos mutuos a objetivos acotados (entre Israel, Estados Unidos y sus socios contra Irán); el genocidio contra una población civil y la lucha urbana contra movimientos insurgentes (Israel contra el pueblo palestino, Hamás y Hezbollá); una guerra híbrida para derrocar un régimen (el caso de Siria); intentos de golpes de estado para derrocar gobiernos incómodos (Burkina Faso); agitaciones sociales internas de oposición a gobiernos como en Georgia, Irán, Eslovaquia; confiscaciones de buques petroleros en aguas internacionales neutrales; secuestro de un jefe de estado en una operación militar para administrar su régimen y sus riquezas básicas como en Venezuela. Como se puede apreciar un abanico multiforme de acciones para un caos sistémico.

El ensimismamiento estratégico virtuoso de Estados Unidos

La asunción de Donald Trump al gobierno, bajo su consigna de Hagamos grande a América, ha traído un desarrollo de la política internacional estadounidense atosigante, buscando recuperar un liderazgo político y económico que frenase su tendencia a la decadencia y pudiese hacer frente al resurgimiento del protagonismo de Rusia y el poderío de China, que tienden a confluir con otras potencias, grandes y medianas, que buscan diseñar un nuevo sistema internacional basado en el multipolarismo y una renovación de las instituciones de gobernanza mundial.

La lectura estadounidense del ciclo estratégico ha sido correcta, no tiene el potencial máximo para mantenerse como único poder global y seguir siendo el hegemón unilateral, y, por lo tanto, se ve obligado a compartir el poder, pero aspira a hacerlo desde la mejor posición de fuerza posible y para ello quiere asegurar su base estratégica que es el mundo occidental, imponiendo su dominio político, económico y militar y subordinando a todos sus integrantes a estos postulados.

Hoy controla a América Latina a través del consenso político con una mayoría de líderes nacionales de ideología o praxis derechista; anula a las potencias regionales de Brasil y México a través de la presión tanto económica como política, y con una amenaza de fuerza directa a Colombia; elimina a los estados más díscolos, siendo el principal de ellos Venezuela, a través del secuestro de su presidente y el control que tiende a ejercer sobre su proyecto político bajo amenaza de invasión. El ejemplo venezolano lo extiende sobre los otros dos países, Cuba y Nicaragua.

En los otros escenarios claves como Europa y Medio Oriente, se expresa a través de sus aliados esenciales: Israel por una parte y la OTAN europea por la otra. En este último caso, con un proceso más atolondrado, porque usa un doble juego, ya que los desprecia y los necesita.

Todas las acciones llevadas a cabo en el plano internacional tienen un diseño comunicacional de alto nivel. En el relato construido se instaló el peligro y la amenaza a la forma de vida americana, se defendió la solución aplicada y se exaltó el resultado final exitoso para los intereses de Estados Unidos. De esta forma, la primera oleada fue la aplicación universal de aranceles, que se anunció como un éxito total, generando enormes ganancias para Estados Unidos, porque habría equilibrado los flujos comerciales. El genocidio de Israel sobre el pueblo palestino habría tenido un final victorioso para el estado sionista concretado en un acuerdo de paz, y derrotando a Hamas y Hezbollá; se logró la aspiración de la Casa Blanca de acabar con el gobierno sirio y poner un títere terrorista devenido en estadista a cargo de la nueva administración; los ataques aéreos a Irán habrían terminado con su política nuclear en la guerra de los 12 días; según Trump habría puesto fin a ocho conflictos armados en su corto período de gobierno a través de la paz por la fuerza; ha seguido envalentonando a países para que acosen a su principal rival, como han sido las acciones de Japón, Filipinas y Taiwán en el espacio asiático; sigue desangrando a Rusia en su largo conflicto con Ucrania, jugando a dos bandas, por una parte manteniendo la alimentación bélica a Ucrania y por la otra apareciendo como el principal negociante que busca el término del conflicto reconociendo demandas rusas; y recientemente con la operación militar de secuestro del presidente Maduro, presentado como la operación especial de mayor calidad en la historia militar contemporánea.

Todos estos “éxitos”, muy bien comunicados publicitariamente, han llevado a un momento de máxima exaltación del poderío estadounidense, que en palabras del propio Trump ponen a las capacidades políticas y militares de Estados Unidos en lo más alto de la escena actual.

Esto se ha convertido en un ensimismamiento estratégico de Estados Unidos, que lo lleva a evaluar que está en condiciones de emprender cualquier proyecto estratégico con un resultado exitoso, y por eso ha vuelto a poner en la escena un ataque a Irán, el control de Groenlandia y amenazas a los gobiernos de México, Colombia y Cuba. También ha vuelto a instalar una retórica anti china y anti rusa muy fuerte, a pesar de que hace unos pocos meses decía llegar a grandes acuerdos justamente con estos dos países.

Sobre sus intenciones con Groenlandia la graficó en esa dirección: “No queremos que Rusia o China vengan a Groenlandia, porque si no tomamos Groenlandia, Rusia o China serán sus vecinos. Eso no va a suceder. Me gustaría llegar a un acuerdo sobre Groenlandia de una manera sencilla. De lo contrario lo haremos de una manera difícil”.

El comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, general Alejandro Grynkewich, declaró que Rusia, China, Irán y Corea del Norte están intensificando su interacción militar y política. Según él, se trata de una alianza informal dirigida contra la influencia de Estados Unidos, y este formato de cooperación se basa en la coincidencia de intereses estratégicos y el deseo común de debilitar las posiciones de Estados Unidos en el mundo. Todas estas apreciaciones han llevado a que el presupuesto militar de Estados Unidos propuesto para el año 2026 sea aumentado a 1,5 billones de dólares.

En una forma delirante, Trump ha subido otro escalón en esta tendencia, desechando el derecho internacional y las instituciones globales de normas jurídicas, declarando que los límites de su accionar internacional solo está regido por su “inteligencia y convicciones morales” y repitiendo que Naciones Unidas es un foro inservible. Igual a las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio posteriores al secuestro del presidente venezolano y condena de Naciones Unidas, afirmando que no les interesaba su opinión. Hasta ahora, al parecer este entusiasmo no tiene freno y se alimenta a sí mismo, entrando en la lógica de este ensimismamiento virtuoso (que no significa que sea justo), porque todo le resulta, alinea a sus seguidores dentro y fuera de su país.

El centro de gravedad de la estrategia estadounidense es complejo, porque radica en la mantención de un equilibrio entre el apoyo interno y el externo a sus aventuras bélicas. Con la actual agresividad de la Casa Blanca se movilizan paulatinamente sectores internos críticos, y en el plano internacional, entre amenazas y temores también se puede producir un resquebrajamiento sorpresivo.

El ensimismamiento estratégico catastrófico de Europa

Europa vive en su propio limbo, su ensimismamiento estratégico es trágico, porque no tiene capacidades actuales ni potenciales que la hagan un protagonista de la configuración del sistema internacional. Vive su decadencia e irrelevancia en medio de una bacanal de frivolidad, de pérdida de valores de su propia creación liberal, de una generación de líderes muy básicos y primarios, y del resurgimiento acelerado de un neofascismo, que por objetivos espurios de corto plazo y anti ruso ha sido aceptado y estimulado en la convivencia política.

Por la ceguera europea siguen habitando en una lógica colonial (el jardín de Borrell y los malagradecidos de Macron), de maximalismo cultural, de un pasado económico glorioso y de un relato político supremacista. Creen que juntos son una potencia militar, pero no dan un paso autónomo sin solicitar la ayuda indispensable de Estados Unidos y someterse a sus dictados. Son parte activa del genocidio del pueblo ucraniano al haberlos convencido de entrar en una guerra imposible, del cual cínicamente empiezan a desembarcarse.

Europa hoy vive tratando de sobrevivir a sus propias contradicciones: condena a Rusia, pero apoya a Israel; habla de fronteras abiertas, pero persigue y denigra a inmigrantes; alega por la democracia en Venezuela, pero conspira electoralmente en Moldavia, Rumanía y Georgia; se declara as de la libre expresión, pero censura todos los medios rusos, académicos, intelectuales y activistas críticos con el apoyo a Ucrania; condena al terrorismo, pero fue parte de la acciones que destruyeron el gasoducto Nord Stream y de actos terroristas en territorio ruso que ha asesinado a civiles, periodistas e intelectuales; convoca a la paz, al derecho internacional, pero apoyó a Israel, no ha condenado ataques a Irán y al Líbano.

Europa, en su gran proyecto de propinarle una derrota estratégica a Rusia, vive su ensimismamiento gracias a la gran maquinaria comunicacional y de sus agencias militares y de inteligencia. Todo ese contubernio informacional lo han desapegado de la realidad, y lo conducen aceleradamente a un resultado trágico, que lo sufrirán sus pueblos. Ya ha cruzado varias advertencias, porque sigue creyendo que Rusia no tiene capacidades o voluntad política de un uso mayor de la fuerza, o porque sigue apostando todo al soporte estadounidense. Mientras que Europa se ha centrado en debilitar a Rusia, esta se ha centrado en crear un nuevo entorno alternativo, debido a que tiene un enfoque holístico de la guerra.

Su centro de gravedad, que es la narrativa de la percepción del éxito y el influjo civilizacional que ejercería sobre el resto del mundo, está fracasado.

La paciencia estratégica de Rusia y China

La Federación Rusa ha sido aguijoneada a través de la guerra por encargo con Ucrania, y la tiene concentrada en una confrontación que ha sido definida como sustancial para discutir un nuevo orden de convivencia en el espacio euro asiático, proyecto que fue presentado por la propia Rusia en 2007, a través de la concepción de una seguridad indivisible que cubriese el espacio geopolítico que iría desde Portugal hasta Vladivostok, consolidando la soberanía, la seguridad y desarrollo de toda la comunidad de estados comprometidos.

La negativa europea y el objetivo otanista de aislar y desmembrar a Rusia está en el centro del origen del conflicto y por eso es un asunto vital para el liderazgo eslavo, de lo que se desprende el carácter que ha asumido esta guerra. Lo que está en juego es muy grande; todo se supedita a lograr derrotar esa aspiración otanista, fortalecer a Rusia y generar las condiciones para un nuevo diseño político en la región y en el sistema internacional. Por ello la variable tiempo en la configuración estratégica se traduce en la paciencia estratégica, que implica no desviarse del objetivo político fundamental, no ampliar el campo del conflicto, controlar los efectos negativos, no agotar todas sus fuerzas en lo que será un largo camino, consolidar sus capacidades internas y lograr una correlación internacional favorable.

La modalidad adoptada ha sido una guerra para desgastar tanto a Ucrania como a todos sus sostenedores otanistas europeos. Su convicción estratégica no ha caído en las provocaciones del terrorismo ucraniano y europeo. Rusia todavía necesita tiempo para aumentar el conjunto de capacidades internas, consolidar la derrota estratégica de Ucrania y la Europa otanista, que ya se dirige a su decadencia evidente, y afianzar su correlación internacional favorable.

El centro de gravedad ruso en esta coyuntura crítica depende esencialmente del factor interno, su estabilidad política y cohesión nacional, así como una vida económica normal. La realidad indica que se han logrado administrar de buena forma. La operación militar goza de un apoyo sustancial, incluso ha logrado una positiva correlación internacional, y en el plano económico es donde se han dado las principales sorpresas. La economía rusa ha resistido, y ha habido sectores que se han potenciado.

En el caso de China, su accionar internacional es dialogante, respetuosa de todas las soberanías y su reclamo es principalmente a través del alegato discursivo de respeto a las normas y el derecho internacional. Ha tomado prudente distancia de todos los conflictos, pero siempre amparado en la neutralidad y la búsqueda de acuerdos y resolución a través de las negociaciones.

Fue muy categórico su rechazo al accionar de Estados Unidos en la agresión a Venezuela y las medidas que ha tomado posteriormente. El portavoz de la cancillería china declaró que los países de América Latina son soberanos y tienen derecho a elegir libremente a sus socios comerciales. También instó a poner fin al bloqueo, la presión y las sanciones y a renunciar a cualquier forma de coacción contra Cuba. Llama a Estados Unidos a que adopte medidas que contribuyan a la paz y la estabilidad regionales.

Pero su punto límite es la soberanía sobre Taiwán. Ha administrado pacientemente las provocaciones estadounidenses al respecto, desde las visitas de políticos, declaraciones ambiguas, hasta la reciente aprobación de una nueva ayuda militar considerable a la isla. Así también ha enfrentado las agresiones económicas de Estados Unidos, a través de la aplicación de aranceles, el cierre de acceso a productos tecnológicos críticos, y la presión a terceros países para clausurar acuerdos económicos y financieros, así como obstaculizar los grandes proyectos de conexión a través de la Ruta y la Franja.

Todo esto pone en peligro el centro de gravedad de su proyecto estratégico que es el comercio mundial de puertas abiertas, a través de expeditas vías de comunicación, respeto de las soberanías nacionales para un desarrollo nacional y global virtuoso y equilibrado. De ahí su insistencia y defensa de la gobernabilidad económica.

Pero este juego de opciones estratégicas, el éxtasis estadounidense y la paciencia rusa y china, tienen sus límites. Por una parte, el ensimismamiento pierde noción de la realidad y de sus propias limitaciones, no es capaz de evaluar correctamente la delgada línea roja que no debe traspasarse, porque no avizora el umbral de la caída al vacío. Esto se profundiza con una elite interna neo conservadora arrogante, un enclave económico e industrial que se ve favorecido y un presidente narcisista.

Al frente tiene a poderosos estados soberanos en los cuales, hasta ahora, predomina la paciencia estratégica, pero que también tiene un límite, el de afectar sus propios intereses fundamentales.

La cuestión clave es que ambas opciones estratégicas se asumen como un juego de oposición, en que la valoración del punto crítico pierde transparencia y racionalidad. El ensimismamiento estratégico no solo pierde de vista los límites de sus propias capacidades, sino que también los límites de tolerancia de la paciencia estratégica de sus opositores. Y ese fino análisis puede ser catastrófico.

El ensimismamiento estratégico puede entrar rápidamente en un punto de no retorno y ya no puede retroceder porque pierde su centro de gravedad y por lo tanto su fortaleza para mantenerse en la disputa global. La paciencia estratégica tampoco puede continuar como tal, porque también peligra su centro de gravedad y tiene que pasar a la ofensiva para enviar una señal de advertencia sobre los límites. El alargamiento imprudente de la opción estratégica, por lo tanto, la diferencia entre objetivo y capacidad, es su principal riego de fallo.

En estas semanas hemos sido testigos de estos acontecimientos. Estados Unidos ataca militarmente a Venezuela y avanza decididamente en Groenlandia. Rusia atacó por segunda vez a Ucrania con su nueva arma misilística que tiene todas las capacidades destructivas de un arma nuclear producto de su poder basado en la energía cinética pura, pero no tiene los efectos negativos de radiación ni cruza el umbral político de un conflicto nuclear; deja una señal de destrucción sin usar armas nucleares, y eso tiende a cambiar las reglas del juego. China realizó las mayores maniobras, con un despliegue de todo su componente militar y uso de fuego real, en un cerco objetivo de Taiwán. Ambas acciones fueron señales claras del estado de ánimo de la paciencia.

En la medida que ambas dinámicas se vayan encontrando en un territorio u objetivo vital para alguno de estos actores, se hace verosímil la confrontación. La situación mundial es cada vez más compleja y peligrosa, porque todas las acciones de Estados Unidos hoy día se pueden ver bajo el prisma de esta dualidad ensimismamiento-paciencia. El primero aparece como desbocado y sin control, el segundo parece agotarse y atento para no llegar tarde a perder un bien esencial.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 79 – 13/01/2026


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Enero 15, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 30 visitas

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