Richard Kuklinski tenía en su haber más de cien homicidios, muchos por encargo, pero también otros por placer. Para engañar a la policía, al final de su carrera, llegó a guardar los cuerpos de sus víctimas en una cámara frigorífica para descartarlos mucho después y que no se pudiera establecer la fecha verdadera de la muerte. El detalle que lo perdió y la cruda confesión de sus crímenes
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