Los desmanes hegemónicos de Estados Unidos en América Latina

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

El ex presidente de Colombia, Ernesto Samper, en su cuenta de red social escribió que “Es tiempo de parar los desmanes hegemónicos del trumpismo en el mundo: déjennos vivir nuestros problemas en paz y arreglen los suyos”.

Una sentencia que debiera retratar a todo el mundo progresista, pero particularmente a los latinoamericanos, que estamos presenciando una renovación cada vez más agresiva del autodenominado destino manifiesto y de su doctrina de América para los americanos. Trump, que se considera un admirador del que fuera presidente Ronald Reagan (1981-1989), trata de emularlo en su campaña violenta y guerrerista contra el comunismo. Como el que llevó el republicano Reagan en la década de los ochenta del siglo pasado, invasión de Granada, apoyo a la Contra en Nicaragua, apoyo al gobierno de El Salvador contra el FMLN, apoyo a los muyahidines contra el gobierno popular en Afganistán, bombardeo contra la república popular de Libia, apoyo a la guerrilla UNITA contra el gobierno socialista angoleño.

La ofensiva de Trump hacia la región tiene dos direcciones: facilitar la llegada al gobierno de líderes ultraderechistas como Milei, Kast, Noboa, Paz, Asfura, con un abierto apoyo ingerencista en el propio proceso electoral, y asegurando relaciones especialmente en el campo de la seguridad, con despliegue de acuerdos militares a través del Comando Sur, y la excusa de apoyar la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo.

La otra dirección es contraria, obstaculizar al máximo la llegada al gobierno de líderes progresistas también con una abierta y descarada intervención electoral, como han sido los casos de Honduras, Ecuador y hoy en Colombia (que tiene elecciones presidenciales en junio, y que ha usado al gobierno ecuatoriano para generar artificiales crisis bilaterales). En los estados con gobernantes progresistas ha sostenido una campaña permanente de ataques a través de la guerra arancelaria, las acusaciones de ser narco estados, o sacando de un archivo, cuidadosamente fabricado ad hoc, acusaciones de atentar contra la seguridad de Estados Unidos, como fue el caso judicial construido contra el presidente Maduro de Venezuela y hoy contra Raúl Castro de Cuba.

El caso de Venezuela abre un nuevo capítulo en el manual de intervenciones estadounidenses, ya que con gran creatividad y colusión con grupos que estaban en el gobierno, han realizado una intervención que administra una transición silenciosa tendiente a desconstruir la estructura chavista, pero con rostros chavistas, para impedir una resistencia de la base social identificada con el proyecto. Es una versión muy actualizada de un gobierno por encargo, o neocolonial, porque cada vez queda más claro que administran, pero no gobiernan. Estados Unidos por ahora cuenta con ellos para esta transición, asegurando sus intereses, y en el momento adecuado los cambiarán por líderes genuinos que representen el nuevo modelo.

En México han continuado los ataques verbales contra la presidencia de Claudia Sheinbaum, en algunos casos abiertamente intolerables por su agresividad e irresponsabilidad ante un jefe de Estado, pero lo más preocupante ha sido la progresión de acciones de agencias de seguridad de Estados Unidos en territorio mexicano, que violan abiertamente la soberanía nacional.

En el caso cubano se avizoran tiempos muy turbulentos, con la amenaza a las puertas de una invasión o una intervención violenta, para lo cual intentan seguir la experiencia del capítulo venezolano.

En Brasil, aparte de las medidas arancelarias, se ha entrometido directamente contra el poder judicial en el juicio contra el golpista Bolsonaro, y asumiendo una relación privilegiada y directa con el hijo parlamentario que tiene aspiraciones presidenciales. La disputa en Brasil se ve difícil para el gobierno del PT y su tarea de continuar con el poder a través de las próximas elecciones.

Los actuales casos más complejos son Cuba y Bolivia. En el caso cubano se avizoran tiempos muy turbulentos, con la amenaza a las puertas de una invasión o una intervención violenta, para lo cual intentan seguir la experiencia del capítulo venezolano. Partiendo por deslegitimar el símbolo de la revolución, esta vez en la figura de Raúl Castro, sobre el cual se ha abierto un caso penal, tan fantasmagórico como el abierto contra Maduro.

La mejor expresión de esto la da el propio fiscal general estadounidense, Todd Blanche, que ante una pregunta periodística de por qué se abría este caso ahora, su respuesta fue: “No puedo explicar ni justificar por qué esto ocurrió precisamente ahora y no hace 20 o 30 años atrás”, para renglón seguido afirmar que “No le importa lo que vean o piensen” los que consideran que la acusación actual es parte de la presión de la Casa Blanca contra Cuba. ¡Sin comentarios!

Actualmente, al igual como ocurrió en Venezuela, tiene desplegado un grupo de tarea militar encabezado por el portaviones Nimitz que presionan y además cercan a la isla. Simultáneamente, según el canal CBS News agencias de inteligencia de Estados Unidos han comenzado a estudiar escenarios de intervención militar para presentarlos al ejecutivo (20/05).

La reacción internacional que ha habido ha sido solidaria con Cuba y exigiendo el cese de la presión y amenaza estadounidense. El ex presidente Samper aseveró que “si Estados Unidos se mete a matonear a Cuba, estará maltratando a toda América Latina”. Afirmaciones parecidas, en la región, han sido realizadas por México, Brasil y Colombia. De otras regiones, las más notorias han sido las de Rusia y China, que han realizado importantes declaraciones al respecto, reafirmando su solidaridad y exigiendo el término de la agresión. En una declaración conjunta expresaron su apoyo al estatus de América Latina como zona de paz, así como a la lucha de los Estados latinoamericanos por elegir de forma autónoma sus vías de desarrollo y sus socios.

Europa, en su propio laberinto democrático, ha guardado un conveniente silencio, pero que trona fuertemente en el mundo progresista.

La actual correlación derechista en la región también es un punto a favor de Trump, ya que tiene a estos incondicionales para apoyarlo en alguna operación en la isla, de la misma forma que sucedió con Venezuela.

La resistencia del pueblo cubano es extraordinaria, pero lamentablemente también tiene sus límites, sobre todo por la renovada agresividad de Estados Unidos, y particularmente el actual gobierno, que se ha trazado como objetivo estratégico ordenar “su barrio”, sumado a sus fracasos en otras regiones como Oriente Medio con Irán y Europa oriental con Rusia. El apoyo externo a la isla también se enfrenta al bloqueo de Washington y que de estirarse acerca aún más un conflicto de otra escala. La actual correlación derechista en la región también es un punto a favor de Trump, ya que tiene a estos incondicionales para apoyarlo en alguna operación en la isla, de la misma forma que sucedió con Venezuela.

De hecho, ya los puso en circulación, en este caso ante el otro frente problemático que se les ha abierto, que es la protesta del pueblo boliviano. Así, firmaron un comunicado los gobiernos de Estados Unidos, Argentina, Chile, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago sobre la situación en el país altiplánico. Expresando “su profunda preocupación por las protestas y los bloqueos de carreteras dirigidos a subvertir el orden constitucional y desestabilizar al gobierno democráticamente elegido de Bolivia”. Un poco más allá fue el patrón del fundo, el secretario Marco Rubio quien afirmó “Que no quepa duda, Estados Unidos apoyará plenamente al gobierno constitucional legítimo de Bolivia. No permitiremos que criminales y narcotraficantes derroquen a líderes elegidos democráticamente en nuestro hemisferio”.

La presidenta Sheinbaum ha sido muy categórica “las autoridades estadounidenses utilizaron la lucha contra el crimen como pretexto para interferir en los asuntos internos de otros estados. Sobre Bolivia, recodó las acusaciones contra Evo Morales de complicidad con el narcotráfico y destacó que “ha sido el mejor gobierno que ha tenido Bolivia en la historia, aumentó el producto interno bruto, aumentó la renta, aumentó el nivel de vida de la gente, disminuyó la pobreza, disminuyó la desigualdad, fortaleció la soberanía sobre los recursos naturales”.

Como a Estados Unidos ya se le acabó el enemigo Castro-Chavista y el terrorismo iraní, ya que todos han sido “ampliamente derrotados” por su inmensa maquinaria militar, han emergido una nueva amenaza: los gobernantes y dirigentes sociales vinculados al narcotráfico.

Hoy en Cuba, así como en Bolivia, se juega un principio fundamental como es la soberanía, la nacional y la popular, la que por fuerzas del globalismo en clave liberal y occidental han perdido cierto grado de sustancia, subordinadas a una comprensión y práctica utilitarista del capital global.

Mientras que para la hegemonía unilateral de Estados Unidos y sus vasallos otanistas, el mundo se ordenaba en base a reglas definidas por ellos, la concepción de soberanía, tanto nacional como popular, se ajustaba a los intereses que necesitaban asegurar. Así la soberanía nacional no importaba si se trataba de atacar a países que no entraban en el registro hegemónico, ni tampoco eran relevantes las reglas del derecho internacional. La soberanía popular, y su consabida monserga de la democracia liberal, solo era válida si se trataba de movilización social contra gobiernos que tampoco eran vasallos del culturalismo occidental. En esos casos los paradigmas de la libertad de prensa, la no intervención electoral, el principio de autodeterminación y otros eran convenientemente tratados a contraluz, sumergidos en los sótanos de la política concreta.

Sabemos que el derechismo, acompañados cómodamente por los social liberales, lanzarán su batería comunicacional y conceptual contra la movilización y la organización social.

El pueblo boliviano, así como las masivas movilizaciones del pueblo argentino, muestran un camino. Sabemos que el derechismo, acompañados cómodamente por los social liberales, lanzarán su batería comunicacional y conceptual contra la movilización y la organización social. Se verterán inmensidades de discursos, reportajes periodísticos, llamamientos al diálogo que por una parte demonizarán y por la otra amenazarán.

En este ámbito están las declaraciones de Erick Prince, fundado de la empresa de mercenarios PMC Blackwater, pero que ahora dirige Vectus Global, haciendo un llamamiento al gobierno estadounidense para que intervengan en la situación boliviana y ayuden al presidente “correcto” a resolver la crisis “desatada por los carteles de droga liderados por el extremista Evo Morales”. Esta empresa hoy participa en la República Democrática del Congo, proporcionando seguridad en depósitos minerales que son de interés del gobierno de Trump. En América Latina está presente en Ecuador, donde presta servicios de consultoría al gobierno de Noboa. Tiene una relación directa con el Comando Sur de Estados Unidos, supuestamente para ayudarlos a combatir a grupos criminales. En Haití también están trabajando con el gobierno para “estabilizar la situación de seguridad”. Si el ejército de Estados Unidos no quiere mancharse las manos con sangre, tiene convenientemente a mercenarios para el trabajo sucio.

Estas movilizaciones sociales nos demuestran varias cosas. Por una parte, el fracaso persistente del neoliberalismo como promesa de desarrollo, ya que su historial es solo sobre crecimiento concentrado en ultra minorías oligárquicas, desplegadas esencialmente en una economía rentista, y que en momentos de crisis o de expansión de su riqueza traspasan los costos a una inmensa mayoría popular. Nos traen la vieja receta del shock, que impactan en los derechos sociales ganados a sangre y sudor, con nuevas medidas de ajustes estructurales, una contra revolución agraria, subida de precios de bienes esenciales y endeudamiento externo.

La clave de la lucha está en la organización social. Vemos en Bolivia el rol protagónico de la Central Obrera Boliviana (COB), federaciones de mineros y textiles y del campesinado-indígenas, organizaciones de clase que representan los sectores sociales y productivos determinantes de la estructura económica del país. En el caso argentino vemos a las estructuras universitarias, sindicales, jubilados, pobladores y de la salud defendiendo sus derechos adquiridos. Organizaciones sociales que conducen la movilización, la orientan estratégicamente y cuidan de sus bordes, evitando el violentismo sinrazón (aunque explicable como el grito de la bestia herida que nos señalara Marx) del cual tanto usufructúa el establishment.

Estas luchas nos remiten nuevamente a la esencia del conflicto, capital y trabajo. El capital quiere seguir acumulando a costa del trabajador/a, y para ello recurre a estos extremistas de derecha, megalómanos, histriónicos, básicos, prepotentes, violentos. Los mejores ejemplos en Milei y Paz.

Así como ha surgido la coordinación de los gobernantes neoliberales de segunda clase, que seguramente se movilizarán para custodiar sus intereses, es necesaria la coordinación de las organizaciones de clase de la región, tal cual ha sido el llamamiento que ha surgido de las entrañas del movimiento boliviano.

…las opiniones del dirigente Evo Morales no solo son coherentes, sino además muy responsables, porque plantea que la salida del actual nefasto gobierno se realice a través de elecciones presidenciales anticipadas…

Esta coyuntura de lucha social ha puesto de relieve nuevamente la disputa central por la soberanía popular. La derecha, convenientemente, se apropia del formalismo liberal de la constitucionalidad de los gobiernos elegidos democráticamente, pero soslaya la base del contractualismo en que la soberanía siempre está en manos del soberano, y que el gobierno es la delegación de poder, siempre y cuando se ejerza el buen gobierno. De lo contrario, debe volver al pueblo. Por eso, la demanda de renuncia del presidente Paz es plenamente coherente con este principio. La monserga de la estabilidad, que por supuesto es necesaria para ejercer el gobierno, es utilizada maniqueamente, porque oculta el fondo del problema, en una cuestión de forma.

La propia estabilidad y constitucionalidad del gobierno está en entredicho. Ha renunciado el Ministro del Trabajo; no hay relación política entre el presidente y el vice presidente de la nación, de hecho le quitó atribuciones; ha gobernado esencialmente a través de decretos, saltándose el debate legislativo; ha tomado medidas económicas, que a los pocos días ha tenido que dejar sin efecto. La propia Iglesia Católica y organismos independientes vinculados a Derechos Humanos han llamado la atención al gobierno por su discurso violento, descalificador y despreciativo del diálogo con las organizaciones sociales (incluso el propio gobernante Paz hizo declaraciones en que aclaraba que sus dichos sobre los vándalos no se refería a las organizaciones sociales, y que había sido mal interpretado por la prensa).

En este sentido, las opiniones del dirigente Evo Morales no solo son coherentes, sino además muy responsables, porque plantea que la salida del actual nefasto gobierno se realice a través de elecciones presidenciales anticipadas “Si queremos pacificar, la única forma en este momento es con sucesión constitucional. Y que el nuevo presidente convoque en 90 días a elecciones. Es constitucional” (entrevista a diario argentino Ambito, 21/05).

Así, como asevera el teórico italiano Diego Fusaro sobre la dificultad de una izquierda que vuelva a sintetizar una crítica teórica del presente y una praxis transformadora, es a partir de esta toma de conciencia y del consiguiente “pesimismo de la razón”, que sin embargo no debe surgir “el pesimismo de la voluntad” de quienes se resignan a la connivencia con el sinsentido del mundo cosificado. Dejemos que los social liberales sigan en su acomodo actual y su alzheimer ideológico, porque nos queda claro que el abandono de cualquier “punto de vista de izquierda” no legitima automáticamente ningún “punto de vista de derecha” (C. Preve).

No me pierdo cuando veo de un lado a un pueblo organizado que levanta reivindicaciones básicas de derechos y hace uso de sus herramientas de movilización y en la otra vereda a las policías y fuerzas armadas reprimiendo con fuerza letal siguiendo las orientaciones de la oligarquía criolla.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 94 – 26/05/2026

Fuente fotografía


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Mayo 27, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 32 visitas 2140667

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