Los ricos se harán más ricos. Ese es el plan.

El Ciudadano

Por Verónica Aravena Vega

El viernes 10 de abril, el presidente Kast invitó a más de setenta excompañeros de Derecho de la Universidad Católica a almorzar en La Moneda. Generación del ’83. Plateada al jugo, pavlova de frutos rojos, dos tipos de vino, garzones y cocineros de Palacio, escudo patrio en la invitación. En horario laboral. Mientras el Gobierno dice que no hay caja. Se viralizaron las fotos, se viralizó el menú, se presentaron cinco requerimientos a Contraloría. El 94% de los encuestados sabía del almuerzo. Al 62% le pareció mal. Y no pasó nada.

Cinco días después vi la cadena nacional en vivo. Kast hablaba desde Cerro Castillo con esa cadencia de padre que explica por qué hay que apretarse el cinturón, y yo iba anotando las medidas como quien cuenta los platos en una mesa ajena.

Rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% —costo estimado: 4.500 millones de dólares menos de recaudación. Eliminación del impuesto a las ganancias de capital, ese que pagan quienes venden acciones en la bolsa, o sea quienes tienen acciones en la bolsa. Reintegración tributaria, que en castellano significa que los dueños de las grandes empresas terminen pagando menos impuesto a la renta. Una demanda histórica del gran empresariado. Invariabilidad tributaria por 25 años: un candado generacional para que ningún gobierno futuro pueda tocar lo que este se sirvió. Hay gente que no ha vivido 25 años y ya le hipotecaron la política fiscal. Repatriación de capitales al 10% —un perdonazo para la plata que se fue del país. Rebaja a la mitad del impuesto a las donaciones. Exención de IVA a viviendas nuevas. Eliminación de contribuciones para mayores de 65.

Anoté también lo otro. Lo que financia el banquete. Alza de impuestos a las pymes del 12,5% al 15% —y eso no lo dijo la izquierda: lo denunció la Multigremial Nacional. Congelamiento de la gratuidad universitaria por cuatro años. Límite de 12 años para acceder al beneficio. Fin de la franquicia Sence. Seis mil cupos de retiro anticipado en el sector público. Destitución de funcionarios por licencias médicas falsas.

Cuando terminó la cadena apagué la tele y me quedé con esa sensación que ya conozco —que probablemente tú también conoces— de haber entendido todo perfectamente y no poder hacer absolutamente nada con eso.

Arriba: rebajas, exenciones, perdones, garantías por un cuarto de siglo. Abajo: recortes, límites, castigos. Todo metido en un solo proyecto de 43 medidas para que no se discuta cada una por separado —una olla a presión legislativa— con la palabra «reconstrucción» encima.

Cuando terminó la cadena apagué la tele y me quedé con esa sensación que ya conozco —que probablemente tú también conoces— de haber entendido todo perfectamente y no poder hacer absolutamente nada con eso.

El ministro del Interior, Claudio Alvarado, confirmó en televisión que él se beneficia del plan: tiene más de 65 años, así que deja de pagar contribuciones. Lo dijo tranquilo, como quien comenta el clima. Varios ministros tienen sociedades que ganan con la rebaja tributaria. El propio Kast declaró $5.200 millones en sociedades familiares ante Contraloría, pero omitió —por tercera vez en su vida pública— que es dueño del Colegio Campanario de Buin, un negocio educativo con utilidades anuales de $180 millones. El mismo que como diputado presentó 14 mociones en la Comisión de Educación sin mencionar que tenía un colegio. Legislan para sí mismos, en cámara, con nombre y apellido. Y no les pasa nada.

Hay algo que la crítica progresista necesita dejar de hacer, y es sorprenderse. Decir que es impresentable, que es inaceptable, que es un escándalo. No lo es. Es el programa. Siempre fue el programa. Lo nuevo no es que la derecha gobierne para los ricos. Lo nuevo es que ya no necesitan disimularlo. Pueden invitar a su generación de la Católica a comer al palacio de gobierno con escudo patrio y vino tinto. Pueden presentar una transferencia de 4.500 millones de dólares hacia arriba y llamarla reconstrucción. Pueden confesar conflictos de interés ante las cámaras. Pueden subir impuestos a los chicos para bajarle a los grandes y seguir hablando de emprendimiento y esfuerzo.

Acá el poder ni siquiera necesita administrar esa sensación, porque la impotencia viene dada. Treinta años de precarización que te dejan sin tiempo ni energía para otra cosa que sobrevivir.

Y lo pueden hacer porque del otro lado no hay nadie.

Žižek decía que la ideología ya no necesita que no sepas lo que te hacen —basta con que lo sepas y actúes igual. Pero ni siquiera eso termina de explicar lo que pasa acá. No es que la gente sepa y no le importe. Es que sabe y no tiene dónde poner lo que sabe. No hay sindicato, no hay partido que canalice, no hay asamblea. La lucidez sin estructura se pudre. Y un poder que puede comer así —a la vista de todos, sin servilleta, con el escudo patrio en la invitación— es un poder que ya calculó que nadie va a cobrarle la cuenta.

Fisher lo llamó realismo capitalista: no necesitas creer que el sistema es justo, basta con que sientas que no hay alternativa. Pero lo de Kast va más allá. Acá el poder ni siquiera necesita administrar esa sensación, porque la impotencia viene dada. Treinta años de precarización que te dejan sin tiempo ni energía para otra cosa que sobrevivir. Movimientos que duran lo que dura un ciclo de noticias. El 2019 demostró que la rabia existe. Todo lo que vino después demostró que sin organización la rabia se privatiza: se convierte en tu insomnio, en tu deuda, en tu sensación de que el problema eres tú por no haberte preparado mejor. Los problemas colectivos metabolizados como fracasos individuales. Eso no es un accidente. Es el sistema funcionando bien.

Así que acá estamos. Viendo cómo se sirven. Plateada al jugo para los de arriba, la cuenta para los de abajo, reconstrucción en el menú como si alguien se la fuera a creer. La aprobación baja al 36% y da lo mismo, porque una encuesta sin organización detrás es un dato que no muerde.

Ellos no van a parar. Nunca paran solos.

Por Verónica Aravena Vega

Psicóloga. Doctora en Estudios de Género y Política, Universidad de Barcelona. Máster en Masculinidades y Género. Máster en Recursos Humanos. Máster en Psicología Social/Organizacional. En Instagram

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Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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Abril 20, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 48 visitas 2010096

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