Manaos (Brasil), 18 jul (EFE).- Los dos lujosos teatros de ópera erguidos en medio de la Amazonía brasileña, con estilos arquitectónicos y hasta materiales europeos, aspiran a ser elegidos como Patrimonio Cultural de la Humanidad en la reunión que la Unesco celebrará entre el 20 y el 29 de julio en Corea del Sur.
El Teatro Amazonas, en Manaos, y el Theatro da Paz, en Belém, cuya candidatura conjunta a Patrimonio Mundial en la categoría cultural fue presentada por el Gobierno brasileño como 'Teatros de la Amazonía', simbolizan la riqueza de la llamada Belle Époque en la mayor selva tropical del mundo.
Ambos fueron construidos a finales del siglo XIX en los dos mayores centros urbanos de la Amazonía con los recursos generados por el auge de la explotación del caucho, cuando la demanda mundial del látex convirtió a la región en uno de los principales polos económicos de Brasil y permitió reproducir en el trópico el refinamiento cultural y arquitectónico europeo.
La odisea para levantar esas construcciones en una región aislada y rodeada por la selva, adonde prácticamente todos los materiales debían llegar por barco tras cruzar el Atlántico y remontar el río Amazonas, inspiró incluso la célebre película alemana 'Fitzcarraldo' (1982), cuyo protagonista sueña con construir un teatro de ópera en la selva.
La candidatura conjunta será analizada la próxima semana por el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco junto con otros 29 bienes culturales propuestos para ingresar en la lista del Patrimonio Mundial.
Brasil sostiene que ambos teatros poseen un "valor universal excepcional" por representar el encuentro entre la arquitectura europea y las tradiciones culturales amazónicas.
El más emblemático de los dos es el Teatro Amazonas, inaugurado en 1896 en Manaos, en el corazón de la Amazonía, tras quince años de obras. Su arquitectura renacentista, con influencias neoclásicas, fue concebida para exhibir el esplendor económico de la ciudad durante el ciclo del caucho.
Su característica cúpula está revestida con unas 36.000 piezas de cerámica esmaltada fabricadas en Francia y dispuestas con los colores de la bandera brasileña.
El edificio también incorpora mármol italiano en escaleras y columnas, hierro fundido procedente de Inglaterra, cristales de Murano, mobiliario europeo y una araña central procedente desde París, elementos que contrastan con el entorno selvático y reflejan la ambición cosmopolita de la época.
El Theatro da Paz, inaugurado en 1878 en Belém, próximo a la desembocadura del Amazonas en el Atlántico, antecedió al de Manaos y es considerado uno de los principales teatros neoclásicos de Brasil.
Su construcción también fue financiada con la prosperidad generada por el comercio del caucho y requirió importar desde Europa buena parte de los materiales de acabado, entre ellos mármoles italianos, estructuras metálicas y elementos decorativos franceses y portugueses.
Ambos edificios acogieron durante décadas compañías de ópera, orquestas y artistas europeos que llegaban hasta la Amazonía atraídos por la riqueza de la región, convirtiéndose en símbolos del intercambio cultural entre América y Europa en los siglos XIX y XX.
Hoy, además de estar protegidos por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan), los dos teatros siguen siendo el corazón de la vida cultural amazónica.
Albergan temporadas de ópera, conciertos, festivales y actividades educativas que los han transformado en espacios de identidad y orgullo para la población de ambas ciudades.
Con su candidatura conjunta, Brasil busca que la Unesco reconozca no solo el extraordinario valor arquitectónico de ambos monumentos, sino también su significado histórico como testimonio del ciclo del caucho y de la capacidad de la Amazonía para integrar influencias europeas sin perder su identidad cultural. EFE
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