Tan terapéutico como meditar. Tan placentero como comer. Así describe la ciencia lo que sucede en el cerebro cuando entramos en el trabajo repetitivo de alguna manualidad. Si a eso le sumamos la alegría que provoca aprender algo nuevo y ver el resultado en un objeto, la recompensa es triple. Acá, unos colgantes para plantas y una cortina de Macramé para comprobarlo.
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