Paco Aguado
Madrid, 13 may (EFE).- El veterano diestro extremeño Antonio Ferrera se recreó hoy en Madrid en dos lidias de auténtico maestro ante los serios y descastados toros de 'pablorromero', ahora anunciados como de Partido de Resina, pese a lo que la afición del 'sector duro' de Las Ventas, tan supuestamente entendida, le respondió con pitos y protestas entre el desdeñoso silencio de la mayoría.
Las corridas de entre semana del abono de San Isidro han acabado por suponer una mala fecha para torear en Madrid, en tanto que, sin el ambiente bullanguero y complaciente de los fines de semana, el panorama cambia radicalmente en los tendidos, donde esa facción 'purista' intenta hacer valer unos criterios, más o menos acertados, que no pueden hacer oír en esas otras tardes benevolentes.
Y eso fue lo que sucedió precisamente en la de hoy, pues, a costa de ese prurito de 'entendidos', no se quiso valorar la ejemplar actuación de Ferrera con dos toros nada fáciles -especialmente el muy serio cuarto-, a los que no sólo dio la lidia más adecuada desde su salida sino que además acabó logrando ligarles pases más largos y templados que los que podía esperarse.
El que abrió plaza fue el más armónico ejemplar de la corrida con la que esta ganadería volvía a anunciarse en San Isidro después de muchos años, y quizá por ello fue también el que mostró más voluntad para tomar los engaños con entrega... durante apenas una docena de arrancadas que, a pesar del aire, Ferrera aprovechó cabalmente y con gran solvencia hasta que no hubo más de dónde sacar.
Pero lo labor de mayor mérito del maestro extremeño llegaría con el segundo de su lote, un veleto y astifinísimo cárdeno que buscó el cuello del caballo en varas y puso en serios apuros, por la forma de medirles y de responderles a tornillazos, a los banderilleros de su cuadrilla. En cambio, Ferrera se enfrentó a él ya con la muleta con la misma disposición que si fuera claro.
Dándole ventajas y sitio en los cites, y consintiendo sin una sola duda las reacias y cortas arrancadas, tanda a tanda, con un sincero valor para consentirle y un rítmico pulso para evitar enganchones, acabó por dominar tanto la situación que el toraco no tuvo más remedio que tomar con algo de recorrido el limpio y mandón trazo de sus pases, mientras la mayoría callaba sin entenderlo y la minoría incluso pitaba no se sabe bien qué tipo de defectos de colocación.
Una estocada efectiva y habilidosa, como correspondía, puso el punto final a una lección de sincero oficio que apenas generó unas tibias palmas de recompensa, acalladas por los silbidos de esa minoría que otras tardes pasa desapercibida en la petición de muy generosas orejas a faenas de mucho menos importancia que la de Ferrera...
En el que fue un cartel internacional, el mexicano Calita y el venezolano Jesús Enrique Colombo no lograron sacar nada en claro del resto del encierro de la legendaria divisa celeste y blanca, que tuvo mucha y muy seria fachada pero muy escaso contendido de casta.
El azteca tuvo que desistir pronto ante las medias arrancadas del deslucido y escarbón segundo, y se alargó más en el empeño ante el quinto, tardo y sin celo, mientras que el venezolano, aunque sin gran ajuste, banderilleó con mérito al tercero, que siempre le esperó y que llegó vacío al último tercio.
Pero con el sexto Colombo cometió el error de coger también los palos, para acabar por dejárselos a su cuadrilla tras varias pasadas en falso ante el cárdeno de mayor volumen del sexteto, al que tampoco pudo sacar ni un solo muletazo en un brevísimo intento.
Seis toros de Partido de Resina, de muy seria y excelente presentación, con cuajo y muy seriamente armados, pero de juego muy descastado en su conjunto. Alguno tuvo nobleza, pero muy escaso fondo, y el cuarto sacó complicaciones.
Antonio Ferrera, de grana y oro: estocada algo contraria (silencio); estocada desprendida (división al saludar, tras aviso).
Calita, de lila y oro: tres pinchazos y bajonazo (silencio); estocada tendida (silencio).
Jesús Enrique Colombo, de violeta y oro: estocada contraria atravesada y descabello (silencio tras aviso); estocada caída atravesada (silencio).
Quinto festejo de abono de la feria de San Isidro, con algo más de tres cuartos del aforo cubierto (18.848 espectadores, según la empresa), en tarde fresca y con algunas ráfagas de viento.
EFE
pa/jlp
(foto)
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