
Por Carlos Antonio Vergara, periodista y abogado.
La ética es una disciplina del conocimiento que estudia las actitudes y costumbres del ser humano y las clasifica en virtudes y vicios, en acciones debidas e indebidas, convenientes y nocivas, con el propósito de formar el carácter del ser humano al mostrar aquellos hábitos dignos de imitar.
El hombre es un animal que tiene la habilidad de la reflexión, análisis y deliberación a través de la capacidad de percepción inteligencia y el pensamiento. Al desarrollar estos elementos llega a un momento que le permite discernir lo que es correcto e incorrecto. Al deliberar forma la conciencia para alcanzar la comprensión y el entendimiento.
A ello dedicó su vida Manuel Cabieses Donoso: incitar a la deliberación para adoptar las decisiones a través de la revista Punto Final. La publicación que marcó parte del siglo XX y XXI. Fue el faro del pensamiento crítico de quienes adscribían a la construcción de una sociedad mejor.
Las personas con principios sanos no roban, no mienten, no envidian, no son soberbias ni egoístas, a “contrario sensu” ayudan, enseñan, son verídicos, humildes en su trato. Gran parte de quienes dirigen nuestros destinos actúa de acuerdo a sus intereses.
El periodismo puede considerarse como un servicio público, pues tiene la capacidad de influir. Manuel Cabieses dirigió una revista política y la de hoy utiliza métodos inmorales como la mentira, el engaño, la traición, el asesinato político y la guerra.
Punto Final, dirigido por Manuel Cabieses nos ayudó a discernir, a pensar la política.
El gran intelectual Max Weber escribió que “la política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias por las que se requiere al mismo tiempo fervor y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la historia que en este mundo no se consigue nunca lo posible sino que intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas , si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde un punto de vista, el mundo se encuentra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece, sólo a quien frente a todo esto es capaz de responder con un ”sin embargo“; sólo un hombre de esta forma construido tiene vocación para la poltica”.
Manuel Cabieses comprendió tempranamente que la ética es acción, es práctica pura. No se tiene ética para quedarse en la abstracción, en el deber ser. Se aspira a su conocimiento no para ser santo o ser santificado sino para practicar el bien en cada acto.
Como dirigente del MIR, es decir como actor político, Manuel Cabieses impulsó el retorno clandestino a Chile de sus militantes, incluso aquellos que no tenían autorización para ingresar al país como él. Ingresó a Chile en 1989 y dio el ejemplo arriesgando su vida. No todos estuvieron de acuerdo por los costos que significó, pero él lo asumió con su ejemplo desarrollando al interior del país las comunicaciones clandestinas del MIR y apenas le permitieron regresar a Chile legalmente se abocó a revivir Punto Final. Nada de eso le aportaba dinero. El esfuerzo nutría sus convicciones socialistas más profundas.
Aristóteles decía que “a la mayoría de los hombres les mueve más la ávidez de riqueza que de honores” y ello nos retrotrae al Chile actual.
Como gobernados hoy estamos frente a impotencia de la llegada al gobierno de un político pinochetista, negacionista, que ignora la justicia. ¿ Será debido debido a la desesperanza de los electores que creyeron alguna vez en el bien común?
Manuel Cabieses ejercía la política desde el periodismo. La política, está desacreditada, la cual se ha corrompido hasta situaciones grotescas como legislar para permitir impunidad de policías que violan los derechos humanos como la Ley Naim Retamal o gatillo fácil.
El descaro de nuestros políticos, aquellos que se dicen “progresistas” ha hecho que incluso dos partidos políticos que la votaron dicha ley, el Partido Socialista y el PPD se ofendieron con sus socios del Frente Amplio y el Partido Comunista cuando éstos hicieron ver que ellos se opusieron a legislar ese engendro, cuando se conoció el escándalo judicial del fallo que absolvió a Claudio Crespo, perpetrador de la ceguera de Gustavo Gatica.
Manuel Cabieses es un símbolo del periodismo comprometido con las luchas sociales y con el socialismo chileno. Pero fue más que eso, fue un ejemplo de coherencia en un mundo donde lo que se dice no es lo mismo que se piensa. El descaro, el cinismo son el pan de cada día.
Conocí a Manuel Cabieses Donoso en los años 70. Era adolescente, estudiaba en el Liceo 9 de la Villa Frei, actual Augusto D’halmar. Yo era un asiduo lector de la revista Punto Final, una de las publicaciones de análisis político de la izquierda chilena que no se podía eludir en medio de la vorágine política que surgió con la elección del Presidente Salvador Allende. Era un período de efervescencia con muchas movilizaciones, especialmente de los estudiantes secundarios, luego del proyecto de la Escuela Nacional Unificada propuesto por el ministerio de Educación de la época con el propósito de fortalecerla.
En esos afanes conocí a sus hijas Francisca y Carolina que estudiaban en el Liceo Manuel de Salas. El golpe de Estado nos separó por décadas. Hasta que como editor de la revista Profesionales del Cobre nos asociamos con Punto Final en la campaña Litio Oro blanco de Chile para impedir que su explotación no resguardara los intereses de Chile. Luego en el 2014 como encargado de comunicaciones del Parque por la Paz Villa Grimaldi me tocó difundir numerosos casos judiciales de violaciones a los Derechos Humanos. Estos se difundían en la página web. Le ofrecí los textos a Manuel gratuitamente pues yo recibía sueldo del Estado de Chile. Manuel cambiaba los titulares y los hacía propios.
Posteriormente fui víctima de un despido injustificado de Villa Grimaldi y los textos dejaron de llegar a sus manos. Me contactó y me preguntó que pasaba. Me citó a su oficina. Me dijo vente de inmediato a trabajar con nosotros. Mis textos y grandes reportajes comenzaron a ocupar las portadas de Punto Final y fue un bálsamo, pues yo había ganado un concurso público para ingresar a Villa Grimaldi y había renunciado a mi cargo de editor de la revista Profesionales del Cobre. Los peores golpes en la vida no vienen de los adversarios sino de los aliados.
El legado de Manuel Cabieses es levantar la palabra como ética de lucha y de vida.
La entrada Manuel Cabieses Donoso o una ética del periodismo y de vida se publicó primero en El Periodista.
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