Si de algo sabía Maria Salomea Skłodowska (Marie Curie), más incluso que de Física o Química, dos disciplinas en las que ganó sendos premios Nobel, es de incertidumbre. Y de cómo afrontarla. Curie no solo fue una pionera en el campo de la radiactividad (por entonces lleno de incógnitas) y descubridora, junto a su marido, Pierre, de los elementos químicos polonio y radio. También le tocó vivir una guerra mundial y abrirse camino en un territorio dominado por varones, algo que deja clara la famosísima foto del quinto Congreso Solvay, de 1927, en la que posa como una única mujer entre casi una treintena de hombres.
Por eso casi un siglo después sus reflexiones sobre cómo afrontar el miedo, la incertidumbre y sus múltiples causas son una parte crucial de su legado.
El ejemplo de Curie. Lo comentábamos hace no mucho: la historia de la filosofía está trufada de frases redondas de origen incierto. Las hay a patadas, incluso reflexiones atribuidas a dos autores al mismo tiempo, como esta sobre la procrastinación que algunas fuentes ponen en boca de Leonardo Da Vinci y otras del moralista francés del siglo XVIII Joseph Joubert. La frase de Marie Curie que hoy nos ocupa y con la que encabezamos este post también es de origen confuso.
Algunos historiadores han rastreado sus orígenes hasta 1952 y lo cierto es que desde los 60 se ha replicado en infinidad de ensayos, libros y artículos, lo que la convierte en una de las frases más populares atribuidas a Curie. ¿Tiene sentido? Mucho. Básicamente porque, a diferencia de lo que ocurre con otros proverbios famosos de origen incierto que chocan diametralmente con el pensamiento de los autores a los que se atribuye, este que nos ocupa resume la vida de Curie.
¿Qué dice la frase? La sentencia es simple. Rotunda. Con una fuerza casi magnética. Y sobre todo está cargada de significados. "Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Cuando comprendes, el miedo desaparece".
En esas dos frases Marie Curie afronta varias cuestiones que la filosofía lleva siglos planteándose, temas que se remontan a mucho antes de la época de la científica polaca y aún nos siguen obsesionando hoy en día: ¿Qué es exactamente el miedo? ¿Qué lo produce? ¿Es bueno o malo? ¿Cómo debemos actuar ante él? ¿Cuál es la mejor forma de enfocarlo para evitar que nos paralice o limite?
De entrada lo que nos dice Marie Curie es que no debemos negar el miedo. Al contrario. Que algo nos produzca temor, sobre todo si es nuevo para nosotros, resulta totalmente comprensible. La clave está en cómo reaccionamos ante esa sensación. Nuestra actitud, nos anima la científica polaca, debe ser racional, no visceral. Si realmente queremos afrontar el temor y escapar de su radio de acción tendremos que pararnos e intentar comprender aquello que nos atemoriza.
Más que palabras. Que esa frase lleve cautivándonos más de medio siglo no tiene nada de misterioso. En gran medida se explica por dos factores: lo que dice y sobre todo quién lo dice. Con respecto a lo primero, el tiempo ha dado la razón a Marie Curie. Hoy en día los psicólogos reconocen que el miedo no es en sí una emoción negativa, forma parte de nuestra caja de herramientas más básica para sobrevivir. De hecho es una reacción natural ante lo desconocido. Si algo nos resulta desconcertante, no es extraño que nos atemorice. Así de simple.
El problema es que esa sensación acabe siendo incapacitante o derive en rechazo. Si eso ocurre corremos el riesgo de cerrarnos puertas. Como explican nuestros compañeros de Trendencias, muchas veces nos cuesta avanzar o nos sentimos limitados no porque nos encontremos con un riesgo objetivamente alto, sino simplemente porque no dedicamos tiempo a comprenderlo. Es ahí cuando resuena la voz de Curie: "Cuando comprendes, el miedo desaparece".
Dando ejemplo. El otro motivo por el que la frase lleva décadas fascinándonos es porque en cierto modo resume la posición vital e intelectual de la científica. Si algo exploró Curie a lo largo de su vida es lo nuevo y si algo tuvo que gestionar es la incertidumbre (y probablemente los temores que la acompañaban).
Primero porque le tocó lidiar con un momento histórico convulso. Marie nació en una Polonia controlada por el Imperio ruso, vivió penurias en París durante su primera etapa de formación y, ya adulta, se las vio con una guerra mundial, la muerte prematura de su marido y la incomprensión de parte de sus colegas.
Si lo anterior no fuera suficiente, Curie se esforzó por ampliar los horizontes de la ciencia, enfrentándose precisamente a lo nuevo: junto a su marido descubrió dos elementos químicos, el radio y el polonio, y fue una pionera de la radiactividad, que no tardó en aprovechar de forma activa para ayudar a los soldados heridos. Todo esto en una esfera académica dominada básicamente por hombres.
Vigente en el siglo XXI. Las palabras de Curie tienen además un alcance que va de lo individual a lo colectivo. Su consejo sobre cómo enfocar los miedos y el valor de la comprensión para espantarlos sirve a modo de guía personal, pero también deja una lectura interesante en un mundo cada vez más polarizado.
"Cuando comprendes, el miedo desaparece", insiste Marie Curie. Eso por supuesto tiene su peaje: comprender exige un esfuerzo, abandonar la zona de confort, renunciar a las respuestas más viscerales y ejercitar la razón
Imágenes | Wikipedia
Vía | Trendencias
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La noticia
Marie Curie y su reflexión para encarar cualquier problema: "Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido"
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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