Hay algo culturalmente aceptado e incluso celebrado en perder la cabeza por alguien. Las canciones, las películas y las historias de amor insisten en que pensar todo el día en otra persona es una demostración de amor. Pero hay una línea sutil, y a veces peligrosa, donde ese enamoramiento deja de ser sano y comienza a afectar la calidad de vida. Ahí es donde aparece la limerencia.
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