El Ciudadano
Por María Gabriela Huidobro, académica Facultad de Educación y Humanidades UNAB
Con el Mundial de Fútbol, las conversaciones no se han limitado a los resultados y pronósticos. Como suele ocurrir, este evento ha vuelto a convertirse en un escenario donde se expresan debates que trascienden lo que ocurre en la cancha.
Las polémicas de las últimas semanas lo demuestran. En México, la canción La Niña Futbolista, reversionada por Julieta Venegas como parte de las iniciativas de dicho país para el Mundial, fue criticada por quienes vieron en ella un intento por forzar una agenda de género.
Casi en simultáneo, los integrantes de la selección masculina de Suecia enfrentaron cuestionamientos del signo opuesto, al ser acusados de haberse fotografiado como vikingos, representando una masculinidad extrema, racista y «heteropatriarcal».
Ambos episodios poseen un trasfondo común: el fútbol sigue siendo un espacio donde se proyectan tensiones que trascienden al deporte y que, en este caso, se han concentrado en problemas en cuestiones de identidad y género. En torno a él no solo se discute quién juega o cómo se juega, sino también qué valores, identidades y modelos representa.
Lo cierto es que, a lo largo de la historia, el deporte siempre se ha visto expuesto a tensiones que transcienden el juego y la competencia física. En la antigua Grecia, tuvo connotaciones religiosas y políticas. Las poleis entrenaban y enviaban a sus mejores atletas para representarlos en juegos que iban más allá de lo lúdico, para proyectar la superioridad física, militar y moral de un estado sobre otro.
De ahí que, además, solo compitieran varones, mientras que, para las mujeres, la competencia tenía un carácter menos público y más devocional, como ocurría con los juegos hereos.
El deporte moderno no quedó ajeno a eso. Desde el siglo XIX, contribuyó a la construcción de ideales masculinos y femeninos. La fuerza, la competitividad, la disciplina y la resistencia fueron presentadas como atributos varoniles. Las mujeres, en cambio, sólo debían participar en disciplinas que forjaran su gracia, elegancia y armonía. Por eso, el fútbol ocupó un lugar privilegiado en la construcción del estereotipo viril. No era solo un juego: era una escuela de carácter.
En ese contexto, la incorporación de mujeres a esta disciplina fue gradual y resistida, lo que llevó a que se desarrollara al margen del profesionalismo o la institucionalidad. Pero no se equivoque: eso no significa que el fútbol no haya despertado tempranamente pasiones femeninas. La invisibilidad no debe interpretarse como ausencia.
Esta semana se cumplieron 108 años desde la fundación de La Flor de Chile, el primer club de fútbol de mujeres en Sudamérica del que se tenga registro. Creado en junio de 1918, reunió a obreras textiles, profesoras y jóvenes que organizaron una institución femenina en la cancha y en su dirigencia. Al año siguiente, se creó la primera Asociación Femenina de Football en Santiago, que incluyó al menos a nueve equipos. Ambas instancias, por supuesto, fueron tan aplaudidas como resistidas en su tiempo, pero eso no las desalentó.
La existencia de estas iniciativas y las fotografías de equipos escolares femeninos publicadas en esa época por revistas como Zigzag demuestran que el interés de las mujeres por el fútbol y el deporte no es sólo una consecuencia reciente de campañas comunicacionales, políticas públicas o imposiciones. Por eso, los debates actuales deben observarse con esa altura de miras que ofrece la historia.
A veces reaccionamos frente a ciertos cambios como si fueran novedades repentinas, cuando en realidad son la expresión visible de procesos largos y complejos. Las campañas, discursos o controversias pueden acelerar conversaciones, pero no crean fenómenos sociales desde cero.
Hace más de un siglo, las integrantes de La Flor de Chile desafiaron la idea de que el fútbol era masculino. Hoy las controversias parecen distintas, pero siguen girando en torno a preguntas similares: ¿qué entendemos por masculinidad o feminidad y quién tiene derecho a definirlas?
El fútbol no creó esas tensiones, pero las refleja con claridad. Quizás por eso sigue siendo mucho más que un juego; también es un espejo de las sociedades que lo practican.
María Gabriela Huidobro
La entrada Más allá del Mundial: La historia olvidada de las primeras futbolistas chilenas se publicó primero en El Ciudadano.
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