¿Más de lo mismo? No, gracias

El mundo ya no va en línea recta. Se bifurca, se acelera, se enreda. Y cambia de forma, por cierto. Esto supone un desafío de primer orden para las universidades: no podemos seguir enseñando como si todavía estuviéramos en el siglo XX. O peor aún, en el XIX.

En un contexto marcado por el desarrollo exponencial de la tecnología, la circulación masiva de información y la acelerada transformación del conocimiento, cabe preguntarse si tiene sentido que las carreras universitarias sigan teniendo la misma duración y sobre todo el mismo enfoque que han tenido en el pasado.

Resulta evidente que en esta realidad cada vez más dinámica, una parte importante de los conocimientos adquiridos durante la etapa universitaria perderán novedad y vigencia más temprano que tarde. Por lo mismo, una formación profesional larga y basada en la entrega de contenidos -históricamente, el sello de la educación superior chilena- corre el riesgo de perder pertinencia incluso antes de que el estudiante entre al mundo laboral.

Hoy las universidades deben formar profesionales que sean capaces de comprender la complejidad de los fenómenos que nos rodean, impulsando el desarrollo de habilidades intelectuales que permitan seguir aprendiendo, adaptarse al cambio y reconocer en la incertidumbre y en lo desconocido una oportunidad antes que una amenaza. Nada de esto está expuesto a la obsolescencia.

En este contexto, lo razonable parece ser la creación de modelos más eficientes que combinen la formación en la disciplina elegida por el estudiante -entregándole en no más de 6 o 7 semestres los recursos indispensables para enfrentar los desafíos específicos de su profesión- con un sólido programa de formación general o Artes Liberales centrado en el desarrollo de su capacidad de razonamiento, habilidades analíticas y creatividad. La integración de estas dos dimensiones en un plan de estudios de 10 semestres (por supuesto, esta cantidad puede variar según la disciplina) contribuye a la formación de profesionales con una mirada más integral y una inteligencia más flexible, recursos fundamentales para desenvolverse con éxito en un entorno radicalmente impredecible como el que nos rodea.

La formación en Artes Liberales es inusual en nuestro país, pero no lo es en absoluto en los países del hemisferio norte. Incorporar este tipo de formación en el modelo educativo, como lo ha hecho la UAI, no significa abrir un camino incierto sino apostar por una estrategia formativa que cuenta con una larga y prestigiosa tradición en las mejores universidades del mundo.

De cualquier modo, el punto de fondo no es cuánto tiempo permanecen los estudiantes en la universidad sino qué tipo de formación están recibiendo. La pregunta más álgida que debemos abordar tiene que ver con el propósito de la educación superior hoy: en este contexto, en esta realidad que cambia vertiginosamente. Lo que no admite duda es que las universidades no pueden seguir haciendo más de lo mismo. Necesitamos enseñar para lo desconocido, para lo que no habrá respuestas ni soluciones disponibles. Necesitamos formar profesionales que valoren la indagación, el choque de razones opuestas, la confusión que desencadena el pensamiento. Necesitamos profesionales que juzguen por sí mismos, que estén dispuestos a seguir aprendiendo (y a desaprender), que sepan extraer las oportunidades que brindan la inestabilidad y la transformación, sellos distintivos del mundo que se avecina, más bien del mundo que ya llegó.

Por Nils Rivas, decano Facultad de Artes Liberales UAI

Mayo 15, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 37 visitas 2098214

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