“Vamos a cantarle nuestro Himno a los héroes. Vamos a agradecer su coraje. Vamos a marchar para que nos conozcan mejor quienes no nos calculan todavía”. Así lo aseguró el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, desde su cuenta en X. El homenaje en toda la isla a los 32 combatientes cubanos caídos al enfrentar el artero ataque de fuerzas militares estadounidenses en Venezuela el 3 de enero. Testimonios.
“Granma”. “Cubadebate”. “El Siglo”. La Habana. 1/2026. Medio millón de cubanas y cubanos se congregaron el viernes pasado en el Malecón, en la Tribuna Antiimperialista José Martí, para rendir un sentido homenaje a los 32 combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (MININT) que cayeron en combate el 3 de enero en Caracas, enfrentando el artero ataque de fuerzas militares estadounidenses contra Venezuela.
Cientos de miles de cubanas y cubanos a lo largo de todo el país, efectuaron homenajes a los combatientes, sobre todo en aquellas ciudades donde ellos fueron sepultados tras recibir los honores militares y el homenaje ciudadano masivo.
El jueves, los restos de los 32 mártires habían llegado a La Habana, procedentes de Caracas, y fueron recibidos en el Aeropuerto Internacional José Martí por sus familiares, amigos y compañeros, y por las más altas autoridades de Cuba, encabezadas por el general Raúl Castro y el Presidente Miguel Díaz-Canel.
Los restos fueron trasladados en un caravana desde el aeropuerto hasta el edificio de las FAR, donde fueron colocados en un salón y recibieron el homenaje de miles de cubanas y cubanos que llegaron hasta allí. Estaba dispuesto que el viernes fuesen trasladados los restos hacia las localidades donde sería sepultados y homenajeados.
Los 32 combatientes de las FAR y el MININT encararon a las fuerzas militares de Estados Unidos, se enfrentaron a ellas pese a estar en desventaja tecnológica y de armamento, defendieron la soberanía de Venezuela y a su presidente Nicolás Maduro.
Algunos de los combatientes resultaron heridos, otros ilesos, y también ya regresaron a Cuba. Algunos de ellos entregaron sus testimonios.
Amaneció con el mar bravo, como si le hubieran quitado a sus hijos. Tal vez la madre naturaleza es consciente de nuestra pérdida, quizás llora, como muchos de los cubanos hoy, por esos 32 que entregaron su vida por una Patria que no es la suya, pero su tierra agradece y honra ese alto sacrificio.
En la Marcha del Pueblo combatiente, con la presencia del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y del Comandante, José Ramón Machado Ventura, cubanos de todas las generaciones se presentaron para glorificar la vida de los que cayeron en combate en la hermana nación de Venezuela, el pasado 3 de enero.
Desde horas tempranas de hoy miles de habaneros, en representación de toda Cuba, se concentraron para un acto y marcha antimperialista, como un nuevo homenaje a los héroes caídos y a la vez, como muestra de que este pueblo no se rendirá jamás, y que la renuncia a nuestras conquistas es imposible.
Camagüey. Este pueblo no venía en silencio, porque a los héroes se les recuerda, como tantas veces cantara Sara, sin llanto. Así llegaron a la Plaza de la Revolución Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, que es altar y bastión, más de 40 000 camagüeyanos, con el paso firme de los obreros, el andar sereno de los estudiantes, la fortaleza de los combatientes y las banderas, no como adornos, sino como el estandarte a defender. Camagüey como toda Cuba, se convirtió en trinchera de memoria este viernes.
Todos tenían la mirada en 32 rostros que ya son eternos, 32 hijos de la Patria caídos en la Venezuela bolivariana bajo el signo infame de otra agresión imperialista en tierras latinoamericanas, que, como explicó Walter Simón Noris, primer secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba en Camagüey, tenía por objetivo, otra vez, borrar el ejemplo de los países progresistas y amedrentar a los pueblos que luchan por su soberanía e independencia.
Entre los miles de camagüeyanos que pasaron por el Salón de Protocolo Nicolás Guillén, de esta histórica plaza, a rendirle tributo a sus héroes, estaba visiblemente consternado el primer suboficial Yohandri Varona Torres, con 23 años de servicio en la Dirección de Seguridad Personal, y aunque él no lo sienta así, otro de los héroes de la madrugada del 3 de enero.
Se encontraba en servicio de guardia, en su posta, desde las 12 de la noche, y a las 2 de la madrugada el helicóptero enemigo ya barría su posición a metralla pura. Había llegado hacía apenas dos meses y seis días.
“Yo le tiro”, afirma con la sencillez de quien no comprende su heroicidad, solo por instinto de combate. Pero el enemigo, dice, “tenía un armamento más fuerte”. El relato es estremecedor al referirse a los compañeros que, al salir de un dormitorio para auxiliarlos, fueron ametrallados desde el aire.
“Eso duele mucho, eran mis compañeros, hacíamos la guardia juntos, convivíamos mucho tiempo”, confiesa. Pero de ese dolor no nace la rendición, sino un juramento feroz: “La disposición mía es volver a ir a donde me llamen a luchar contra todo el enemigo que haga falta, porque no puedo dejar la muerte de mis compañeros en vano”. Así se une el destino personal con el de la Patria: “Y si vienen a Cuba a atacarla, yo soy de los que va a estar en la primera línea”.
Esta es la certeza que la multitud ratificó en la plaza. La epopeya de los 32 no es un relato lejano, es la experiencia vivida por hombres como Yohandri, que estuvieron allí, que combatieron, que sobrevivieron para contarlo y, sobre todo, para seguir combatiendo contra el imperialismo, de hombres que hubo que matar defendiendo sus ideales.
Ellos, los 32, murieron como vivieron. Los miles que llenaron este viernes la Plaza de la Revolución en Camagüey, reafirmaron que Cuba quiere, necesita, debe, seguir siendo a la zurda más que diestros. En la zurda está el fusil del deber y el corazón del internacionalismo. En la zurda, ahora y siempre, estará la memoria de 32 hombres que cayeron lejos de su Patria, pero no de sus ideales, y la voluntad inquebrantable de quienes, como Yohandri Varona Torres, juran defender este legado hasta la última bala.

Guantánamo. La patria aquí hoy fue otra y fue la misma. La joven casi niña que puso el rostro en la bandera -resguardo de la urna donde hay cenizas de héroe-, y en un desgarrador susurro confidente plantó el último beso y dijo tres palabras: “Mi papi querido”.
La anciana que en busca de consuelo delante del retrato y de la urna, desesperada lanzó al aire un apretón de pecho. El tierno abrazo de la espera, reservado solo para ella y el titán salido de su vientre. Abrazo trunco por la metralla cobarde y traicionera, que al cabo no logró rendirlo.
Con la mano izquierda sobre el pecho, un hombre acercó su mirada a la de Hervis Martínez Herrera -uno de los 32 que a bala y pecho encumbraron el honor de Cuba frente al enemigo en Venezuela- y le dijo algo al corajudo. No hizo falta escucharlo; era un compromiso eterno de la patria.
De Patria fue la fila interminable, larga, silenciosa -de esposas, hijos, padres, autoridades, amigos, combatientes- frente a los retratos; el dolor, los puños apretados, la rabia y el orgullo; el mirar como se mira a un héroe; la solemnidad en cada gesto; la flor en cada mano para los que regresan vencedores, al precio de sus vidas.
“¡Honor y gloria!” repetía la multitud embravecida. En alto las banderas agitadas. Eso también fue patria en el ceremonioso viernes de Guantánamo y de Cuba.
El alto Oriente les dio la bienvenida a los 32 cubanos -entre ellos tres guantanameros- que, caídos al lado del deber sellaron para siempre la unión entre su tierra y Venezuela, que es la misma, como lo es Latinoamérica toda en su común historia, y en el destino que junta ha de labrar.
Pese al dolor y a la tristeza, “hoy es un día de victoria y juramento”, dijo Yoel Pérez García, primer secretario del Partido en este territorio. “Juremos que seremos capaces de seguir su ejemplo; que con más unidad que nunca enfrentaremos las amenazas imperiales; que su sacrificio no será olvidado”.
Bayamo. El dolor y la dignidad se han conjugado en un solo sentimiento de tributo nacional. Desde Bayamo, donde miles de granmenses de todas las edades confluyeron en la Plaza de la Patria, hasta cada rincón de la isla, el pueblo cubano ha respondido al llamado para rendir homenaje a los 32 cubanos caídos en misión internacionalista en Venezuela.
La masiva concurrencia, refleja la unidad inquebrantable y el espíritu solidario que caracteriza a la Revolución.
Oscar Alejandro Fernández Agüero, presidente de la FEU de la Universidad de Granma, expresó el sentir colectivo al afirmar que “hay que ser más que cubano, humano, sensibilizarnos con el dolor de la familia por esos 32 valientes caídos, víctimas del imperialismo”.
El Doctor en Ciencias Martín Rodríguez Sánchez, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas, subrayó que “todo lo que hagamos es poco para lo que ellos merecen, porque fueron a afrontar un servicio sagrado para conservar la paz en América Latina y en el mundo”.
Las voces militares también ratificaron el orgullo compartido. Pedro Peña García, Segundo Suboficial de la Unidad de Prevención, declaró con emoción: “Lo único que nos consuela es que no cayeron en vano, murieron con las botas puestas”.
Rechazó enfáticamente las calumnias sobre su preparación: “Son personas intachables, con nivel de preparación militar y física por encima, tenían juventud pero experiencia de sobra”.
Este homenaje trasciende el dolor para convertirse en reafirmación del internacionalismo cubano, principio promovido por el Che Guevara.
La nación transforma así el luto en firme compromiso con la Revolución, con la solidaridad latinoamericana y con la memoria eterna de quienes, como los 32 caídos, han ofrendado su vida por la paz y la soberanía de los pueblos.
Granma. En la Plaza de la Patria de Bayamo, bajo un cielo que parecía compartir el pesar, las familias de los granmenses caídos en el ataque a Venezuela compartieron entre lágrimas el impacto de una pérdida irreparable y la certeza, tallada en el dolor, de un deber cumplido.
Los 32 combatientes, cuyos nombres ya son patrimonio de la Patria, cayeron en la madrugada del 3 de enero durante lo que su Gobierno ha denunciado como un “criminal ataque” y “acto de agresión y terrorismo de Estado” perpetrado por Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.
“A las dos y pico de la mañana me dieron la noticia de que Rubiel había muerto en combate, una noticia muy dolorosa”, recordó Marisbelis Díaz Cabrera, hermana del Teniente Coronel Rubiel Díaz Cabrera.
Él, el menor de seis hermanos nacidos en Cauto Cristo, formaba parte de la misión de cooperación que brindaba protección y defensa institucional en Venezuela, a solicitud de las autoridades de ese país. Marisbelis lo describió como una persona humanitaria, humilde, seria, correcta y noble, cuyo vínculo con la familia era inquebrantable. “Hablábamos con frecuencia. Siempre insistía en que estaba bien y que no nos preocupáramos”, contó.
Al ver al pueblo congregado en su homenaje, expresó un sentimiento que recorre a muchas de las familias afectadas: “Uno siente consuelo y orgullo, porque el trabajo de él no fue en vano. Su ejemplo es un ejemplo para cada persona”.
Francisca Díaz Cabrera, otra de sus hermanas, evocó su carácter firme y su compromiso: “’Mi hermana, voy a cumplir esta misión que me dieron en Venezuela porque yo soy fidelista’, me dijo”.
“Rubiel llevaba 20 años de servicio. Había sido escolta de Fidel, de Raúl, del presidente Miguel Díaz-Canel y posteriormente de Nicolás Maduro, integrando el primer anillo de seguridad. Su último mensaje, el día 2 de enero, horas antes del ataque, quedó grabado a fuego en la memoria familiar: “Hermana, estoy aquí cumpliendo con mi deber. Recuerda que el día 10 es mi cumpleaños, tienes que llamarme”.
Al preguntarle por sus planes al regresar, su respuesta fue un anhelo sencillo: “Lo que pienso hacer es reunir a toda la familia para que estemos todos juntos”.
“Ese teléfono que nos unía diariamente, para mí ya no existe”, lamenta Francisca, quien describe un vacío tremendo en la casa, por cada esquina que mira, y en la familia.
Las hermanas Díaz Cabrera coinciden en que el mejor homenaje es seguir el camino de humildad, entrega y fidelidad a la Patria que Rubiel recorrió. Están seguras de que mientras se cuente su historia, él vivirá eternamente en la memoria de su pueblo.
El Teniente Coronel Rubiel Díaz Cabrera, era uno de los uniformados de mayor rango entre los caídos, con edades comprendidas entre los 26 y los 67 años.
Detrás de los 32 combatientes cubanos caídos y de las decenas de venezolanos muertos, se abre un abismo de dolor privado e irreparable. Cada nombre publicado, cada fotografía revelada, es la puerta de entrada a un hogar transformado para siempre.

Las Tunas. Frente a la casa natal del Mayor General Vicente García González, monumento nacional, se concentró el pueblo de Las Tunas para rendir merecido respeto a los 32 cubanos que cumplieron su deber hasta la muerte, en la hermana República Bolivariana de Venezuela.
Con respeto y admiración, una larga fila de tuneros transitaron ante las imágenes de esos hombres devenidos héroes, que “son el mejor ejemplo de lo que el pueblo cubano puede hacer para defender esta tierra”, tal como significó la profesora universitaria Aleida Best Rivero.
En el tributo póstumo, los rostros de los trabajadores, combatientes, jóvenes y población en general muestran la tristeza por la caída en combate de nuestros compatriotas; pero, también es evidente el orgullo por el arrojo y el valor que demostraron hasta el último instante de sus vidas.
“Con la misma determinación que ellos, estamos dispuestos a defender la Patria” aseguró Yanelis Domínguez Botello; mientras que Miguel Brito Fernández declaró que “Cuba no se rendirá jamás, frente a las amenazas del gobierno de los Estados Unidos”.
En el acto que dio inicio al homenaje, Osbel Lorenzo Rodríguez, primer secretario del Comité provincial del Partido, dijo que “los dignos combatientes supieron poner en alto el sentir solidario de millones de cubanos”.
Acotó que “su sacrificio no será olvidado y su memoria inspirará el compromiso del pueblo para seguir defendiendo las causas más justas. Ante ellos ratificamos que su sangre no se derramó en vano y seremos fieles a su legado”.
Las Tunas honra a los valientes hijos de Cuba que saltaron a la inmortalidad el 3 de enero en Caracas, durante la agresión yanqui en la que fue capturado el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros.
Ciego de Ávila. El silencio es más elocuente que cualquier consigna. Este viernes 16 de enero de 2026, desde el amanecer y durante varias horas, miles de avileños convirtieron la sede del Poder Popular en un santuario de dignidad y dolor contenido.
En un desfile continuo y silencioso, pioneros con sus pañoletas al cuello, jóvenes de la UJC, trabajadores, miembros de las organizaciones políticas y de masas, autoridades y ciudadanos de todas las edades rindieron un sentido homenaje a los 32 compatriotas caídos en la República Bolivariana de Venezuela, en desigual combate: una treintena de corajudos, frente a los aviones, los helicópteros, los misiles y cientos de hombres bien armados y entrenados para asesinar.
En sus manos, muchos avileños llevaban flores; en sus rostros, la serena firmeza de un pueblo que llora a sus hijos, pero no se doblega, como se reafirmó en esta jornada de Honor y Gloria, en homenaje a los que cayeron heroicamente.
Ante el mundo quedó claro el mensaje: “Los combatientes cubanos no pertenecen a la estirpe de los que traicionan”, expresó Julio Heriberto Gómez Casanova, primer secretario del Partido en la provincia, en las palabras centrales.
El acto de este viernes fue la expresión más pura de un sentimiento nacional: es dolor por la pérdida, orgullo por la entereza de los caídos, rabia por la agresión injusta, y firmeza por los principios.
Sancti-Spíritus. Los 32 hijos de esta Patria caídos en desigual y heroico enfrentamiento al agresor imperial en Venezuela, reciben el homenaje de miles de personas de todas las edades, que pasan frente a sus fotos, saludan con una mano en el pecho y depositan flores, en gesto de respeto y de cariño.
El desfile tiene lugar después de una multitudinaria concentración popular en la Plaza de la Revolución Serafín Sánchez Valdivia, frente a la sede del Comité Provincial del Partido, en cuya primera planta tiene lugar el tributo.
Al dirigirse a la población congregada allí, Deivy Pérez Martín, máxima dirigente política en el territorio afirmó que, frente a la hostil política de agresión, secuestros, amenazas…por parte del gobierno norteamericano, Cuba seguirá defendiendo su soberanía, fortaleciendo la solidaridad internacional y ayudando a naciones necesitadas del mundo, mediante el envío de personal médico, maestros y especialistas en otras ramas.
El país -añadió- no retrocederá, la Revolución no se detendrá jamás; seguirá llevando adelante su victoriosa, segura e inquebrantable marcha y su continuidad histórica.
“Esa es nuestra promesa y nuestro compromiso ante la memoria de estos 32 héroes. El recuerdo, en el corazón de un pueblo, no se borra jamás”.
Con el dolor manando en la pupila, Rosa María Sánchez y Lilia Romero Ramírez, espirituanas que dedican toda su pasión a la tarea de educar, afirman que “duele mucho ver la imagen de esos hombres, que combatieron y murieron enfrentado, llenos de coraje, de valentía y de dignidad, al enemigo, como nos enseñó Fidel. Los 32 son hijos, padres, hermanos nuestros. Qué clase de ejemplo para todos nosotros, para el mundo entero y para que el imperio sepa que no les tenemos absolutamente ningún miedo”.

Cómo explicarle a la pequeña Alyson Rodríguez Reyes, que hubo madres que perdieron a sus hijos. Cómo contarle que ahora mismo hay muchos padres que lloran con el desconsuelo de un niño. Cómo decirle que ellos murieron como héroes. Cómo hacerle saber que esa inmensa multitud en la que ahora se pierde su mirada infantil, vino a compartir el dolor de todo un pueblo por la pérdida de varios de sus mejores hijos.
A sus dos añitos, Alyson aún no puede entender que hay muchos familiares de los caídos que ahora tienen el alma rota. Ella tampoco podrá concebir que esa madre y ese padre tengan un hijo que ya no les pertenece solo a ellos, sino a toda Cuba. Aunque quisiera, no puede deducir la tristeza que embarga el rostro de su papa Luis Enrique, por la pérdida de compañeros que realizaban igual labor que él.
Tal vez un día, cuando se le muestre la foto en que aparece portando banderas de Cuba y Venezuela, la bella niña podrá comprender que aquel mar de pueblo fue a protestar contra la ignominia de una potencia que se cree dueña del mundo.
Ese día, no tan lejano, de seguro ella sentirá orgullo por haber acompañado a sus padres en la denuncia contra una agresión que terminó en el secuestro de un presidente y la muerte de 32 cubanos.
También comprenderá que aquellas imágenes de los héroes que ella repasó en medio de su curiosidad infantil, pertenecían a un puñado de hombres valientes, que no temieron al imperio y lo enfrentaron en desigual combate.
Entonces, hasta podrá preguntar a su papá, si él pudo haber sido uno de esos hombres que lo dieron todo aquel infausto tres de enero, cuando se derramó sangre cubana y venezolana por la honra de la patria latinoamericana. Y cuando Luis le responda que sí, de seguro sentirá orgullo de haber nacido en esta tierra que pare hombres y mujeres de tal estirpe.
Granma. Con emotivas palabras de reafirmación patriótica, miles de bayameses rindieron tributo a los 32 cubanos caídos durante la reciente agresión de Estados Unidos contra Venezuela, seis de los cuales recibirán sepultura en la provincia de Granma.
El homenaje, realizado ante el Monumento Plaza de la Patria, estuvo presidido por las máximas autoridades del Partido, el Gobierno, las Fuerzas Armadas Revolucionas, el Ministerio del Interior, organizaciones políticas y de masas, junto a familiares de las víctimas y una amplia representación popular.
Yudelkis Ortiz Barceló, primera secretaria del Partido Comunista de Cuba en el territorio, exaltó la valentía de los combatientes granmenses: el Teniente Fernando Antonio Báez Hidalgo, el Teniente Yasmani Domínguez Cardero, el Capitán Addriel Adrián Socarrás Tamayo, el Soldado (r) Alexander Noda Gutiérrez, el Primer Teniente Erdwin Rosabal Ávalos y el Teniente Coronel Rubiel Díaz Cabrera.
En su discurso, cargado de emoción y fervor revolucionario, afirmó: “Estos héroes han elevado el nombre de Cuba a las alturas del firmamento. Morir por la libertad de un pueblo hermano constituye la forma más elevada de vivir”. Añadió que nuestros héroes sabían, como todo cubano sabe en lo más profundo de su conciencia, que “en esta isla no se nace para vivir de rodillas, sino para morir de pie si es necesario, defendiendo la justicia”.
Ortiz Barceló calificó los hechos como una acción más de la maquinaria imperial, que odia la dignidad y la solidaridad, y aseguró que ante sus amenazas, Cuba no claudica, Venezuela resiste y Nuestra América se levanta.
“Los asesinos creyeron matar hombres, pero en realidad multiplicaron ideas; las ideas no se matan con balas, se convierten en banderas”.
Frente al altar de la patria, la dirigente reafirmó: “Este pueblo no se vende ni se rinde: lo aprendió de Martí, lo practicó con Fidel y lo mantendrá mientras un solo corazón lata por la Revolución”.
La jornada cerró con un juramento colectivo, un viento nuevo que juró llevar la savia de los caídos. Luego, en una procesión silenciosa y densa como la raíz, familiares y pueblo de Bayamo regaron con su tributo la memoria de los 32, caídos en la tierra de Bolívar. No los enterraron; los plantaron para siempre en el corazón del pueblo.
Pinar del Río. La calle José Martí, que tantas veces ha sido escenario de celebración y de alegría, esta vez acoge una multitud conmovida y silenciosa, que ha acudido a rendir homenaje al Capitán Yoel Pérez Tabares y a los otros 31 combatientes cubanos caídos durante la agresión armada de los Estados Unidos contra Venezuela.
En la primera fila están los familiares del oficial pinareño y las máximas autoridades del territorio.
Luego, sus compañeros del Ministerio del Interior (Minint), y a continuación el pueblo de la provincia que lo vio nacer y que hoy lo despide con una mezcla de orgullo y de tristeza.
Entre ellos, camina la teniente Loreleidys Rivera Friol, la amiga cercana a quien algunos le sugirieron que no asistiera, para cuidar su salud.
Cuando conoció la terrible noticia de lo que sucedió en tierra venezolana, confiesa que la presión arterial, que ya le había dado varios sustos en el pasado, pero que estaba compensada, se le volvió a disparar y terminó requiriendo asistencia médica en el hospital Abel Santamaría.
“Estuve tres días más descompensada, porque esto ha sido muy duro”, dice con un esfuerzo supremo para contener el llanto.
Tras una larga amistad de 15 años, define a Yoel (ascendido de manera póstuma al grado de Mayor) como un hombre “muy valeroso, jovial, buen padre, buen hijo, buen compañero”.
Como oficial, pasó por varios órganos del Minint hasta que llegó a la Seguridad Personal y ahí salió a cumplir esta misión internacionalista.
“El imperio norteamericano nos arrancó un compañero muy querido. Para mí es una pérdida irreparable. Lo quería mucho, y lo seguiré queriendo y recordando”.
En el Museo Provincial de Pinar del Río -sitio escogido para el tributo- una fila de personas interminable, habla por sí misma del sentimiento de un pueblo que abraza en el dolor a los familiares de Yoel y de los demás combatientes caídos, y que expresa además, con su presencia, el rechazo a la política hostil del gobierno de los Estados Unidos y la decisión inquebrantable de defender su Patria.
Yamilé Ramos Cordero, primera secretaria del Partido en Vueltabajo, al iniciar el homenaje, afirmó que estos 32 valerosos cubanos serán recordados eternamente por el honor y la decisión de no claudicar ante un enemigo que los superaba en número de efectivos, tecnología y poder de fuego.
“Nuestro mejor homenaje será cultivar la unidad imprescindible entre los revolucionarios y afianzar el antiimperialismo como principio inexpugnable de la Revolución”.

Cienfuegos. Desde el histórico parque José Martí (al que Fidel llegó triunfante en enero de 1959, y donde antes tuvo lugar la sublevación del 5 de septiembre de 1957), los cienfuegueros rindieron tributo este viernes a los 32 combatientes caídos heroicamente durante el criminal ataque perpetrado por el Gobierno de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.
Desde bien temprano, miles de personas se dieron cita para protagonizar este emotivo momento de recordación y homenaje, durante el cual se resaltó la fibra heroica de los héroes caídos en desigual combate.
En el acto, el primer secretario del Comité Provincial del Partido, Armando Carranza Valladares, evocó las raíces patrióticas de un pueblo que, el 5 de septiembre de 1957, fue libre durante 24 horas de la dictadura sanguinaria proyanki de Fulgencio Batista, cuando se levantó en sublevación popular armada.
Exaltó el temple de nuestros hermanos caídos en combate y patentizó la capacidad y disposición de lucha del pueblo cubano.
Concluido el acto, los participantes acudieron al Palacio de Gobierno, sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular, para homenajear a los mártires.
La consternación, la fidelidad y el reforzamiento del sentido del deber y del decoro se expresan en la extensa fila humana, en la que se funden combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, trabajadores, estudiantes, jóvenes, niños, jubilados…todos en repudio al acto criminal yanqui y en defensa de la Patria.
Matanzas. El paisaje de la Plaza de la Vigía, sitio fundacional de la ciudad y lugar de tantos recuerdos históricos y culturales, fue copado este viernes con una concentración en tributo a los combatientes caídos en Venezuela, durante el ataque militar del Gobierno estadounidense.
Al homenaje no asistió una “representación” del pueblo de la urbe costera: fue una presencia masiva, matanceros de todas las edades, conmovidos por el coraje de los 32 héroes que, cual legítimos mambises, lucharon hasta el último aliento.
Los combatientes han generado, aquí, admiración y respeto, porque tuvieron el valor de correr todos los riesgos por una causa justa, que es, al mismo tiempo, la suerte de su Patria, ahora amenazada por quien se cree monarca absoluto del planeta.
Fue una ceremonia llena de patriotismo, sobrecogedora, espacio solemne en el que se sentía la presencia de Fidel y el legado épico de Girón.
Ese sentimiento que convocó a los yumurinos resultó la síntesis de las palabras del primer secretario del Comité Provincial del Partido, Mario Sabines Lorenzo, al dirigirse a los reunidos en la céntrica área, flanqueada por emblemáticas instituciones como el Teatro Sauto, el Museo provincial Palacio de Junco y el Museo de Bomberos.
Denunció el modo con que EEUU invadió al hermano pueblo venezolano y violentó su soberanía, a fin de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores, con ridículas y mendaces acusaciones.
Aseguró que no se cejará en la condena contra los desmanes yanquis, y al referirse a las últimas amenazas del imperio a Cuba, evocó el poema Mi Bandera, del poeta matancero, cuando resaltó:
Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!
Aquí bien pudieran estar mi hijo o el suyo, dijo en voz baja, pero con firmeza, una madre a quien un periodista le preguntó por las razones de su presencia en la ceremonia.
Y la respuesta, al hacer suyo el dolor de las familias de los héroes caídos en la agresión imperialista, parecía la síntesis de la fuerza que incitó al homenaje póstumo del pueblo matancero.
Duele en el alma, pero me siento orgullosa, manifestó Marbelis Sánchez López, hermana de uno de los caídos, el ascendido coronel Orlando Osoria López, quien residía junto a su familia en el municipio matancero de Jagüey Grande.
Aseguró que su hermano siguió el ejemplo de su padre, combatiente de la Sierra Maestra y de la epopeya de Playa Girón. “Era mi único hermano, carismático, noble y muy responsable. Se batió como él era, un cojonudo”.
Combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (Minint) encabezaron el tributo, seguidos de los diferentes sindicatos y pueblo en general, frente al portalón del Teatro Sauto, donde fueron colocadas las fotografías de los hermanos caídos y los restos mortales de Orlando Osoria López.
Entre los que acudieron a la reverencia estuvo el Jefe del Ejército Central, general de División Raúl Villar Kessell; Marieta Poey Zamora, gobernadora de la provincia, y el primer coronel y jefe del Minint en Matanzas, Gustavo Díaz Villalobos, entre otros oficiales y autoridades del territorio.

Santiago de Cuba. Miles de santiagueros acompañaron a los familiares de ocho combatientes, oriundos de esta tierra heroica, quienes cayeron en desigual lucha con los agresores imperialistas que secuestraron al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y a su esposa, la primera combatiente Cilia Flores.
El homenaje póstumo, efectuado ante el Antonio Maceo ecuestre y los machetes que dominan la Plaza de la Revolución de la Ciudad Héroe, cohesionó al pueblo, “que como el Titán de Bronce grita que quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su pueblo anegado en sangre si no perece en la lucha”, dijo a la masa reunida la miembro del Comité Central del Partido y su primera secretaria en la provincia, Beatriz Johnson Urrutia.
“Ellos, sabedores de que la libertad no se negocia, eran hijos de la Revolución formados bajo el principio de que defender la libertad de un pueblo hermano es como defender la propia. Son rostros santiagueros, historias, hijos de Cuba y soldados de la Patria grande”, destacó la dirigente política.
“La sangre vertida por mi padre no fue sangre vana, el dolor es inmenso, pero también el compromiso con sus ideas”, expresó entre lágrimas Alejandro, que estaba junto a su madre, la viuda de Bismar Mora Aponte -natural de Guamá-, al tiempo que las voces de los congregados afirmaban: “Estamos con ustedes”.
De todos los sectores y edades acudieron a dar el sí al juramento de “defender nuestra soberanía como lo hicieron ustedes, verdaderos titanes, de la estirpe de Antonio Maceo. Son la continuidad de los que ayer fueron al Moncada, la Sierra, Girón y este pueblo de mambises que no se rendirá jamás”, evocó por Johnson Urrutia.
“Nunca olvidaré a mi hijo, él se entregó a su trabajo, era muy disciplinado y revolucionario”, sentenció, aferrada a una foto, Ibis Perera Pérez, la madre de Hernán González Perera, de Songo-La Maya.
En el luctuoso momento, Silvia Savigne Vinet recordó la Operación Tributo y aseguró “entender el dolor de los familiares, puesto que mi esposo cayó combatiendo en Angola. Como él, estos mártires no están ni olvidados ni muertos”.
Holguín. Centenares de personas que se muestran, a la vez consternadas y combativas, están presentes hoy en el parque Calixto García, en la capital de esta provincia oriental, en el acto de homenaje póstumo a los 32 combatientes caídos en cumplimiento del deber, durante la reciente agresión militar de Estados Unidos a Venezuela.
La multitud, acompañada por el jefe del Ejército Oriental, general de División Eugenio Rabilero, por Manuel Hernández Aguilera, gobernador de la provincia, y por otras personalidades, siguió las palabras de Joel Queipo Ruiz, integrante del Comité Central del Partido y su primer secretario en Holguín, quien resaltó el mensaje de firmeza combativa dejado por nuestros héroes a los enemigos históricos de la Revolución.
Al concluir la concentración devenida momento de reafirmación patriótica, el pueblo se dirigirá a la Sala Fidel Castro, del museo municipal La Periquera, en la cual ya están expuestos los restos mortales de los tenientes (r) Rafael Moreno Font, Luis A. Hidalgo Canals, Suriel Godales Alarcón, Luis M. Jardines Castro y Juan C. Guerrero Cisneros, parte del destacamento que pasó a la inmortalidad en la tierra de Bolívar y de Chávez, en combate contra el enemigo.
En ese emblemático sitio se le rendirá honores, hasta el momento de su traslado, en la tarde, al Panteón de los Héroes, en el Cementerio Mayabe, en las afueras de la ciudad de Holguín.

Como si el cielo mismo acompañara el duelo y la memoria de aquellos cuyos restos hoy reposan en el frío de la tarde, el azul turquesa se tiñó de un gris tenue sobre el cementerio Colón de La Habana.
Los féretros, cubiertos con la bandera nacional, avanzaron en formación, escoltados por una guardia de honor. Un silencio solemne, solo interrumpido por las notas marciales y el murmullo contenido del duelo colectivo, envolvía el acto. Cada gesto, cada paso y cada mirada reflejaban el peso de una pérdida que trasciende lo individual para inscribirse en la memoria de la nación.
Presidida por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, tuvo lugar la ceremonia de inhumación de los cuatro combatientes que residian en La Habana, caídos en la hermana República Bolivariana de Venezuela, tras un artero ataque militar.
Tras la última descarga de la salva de honor, que resonó como un eco del deber cumplido, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, junto a los ministros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera y el Ministerio del Interior, General de Cuerpo de Ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas, se acercó a rendir el último adiós frente a las bóvedas. Fue una despedida cargada de solemnidad y respeto.
También estuvieron presentes el General de División, Jose Amado Ricardo Guerra, Secretario del Consejo de Ministros, así como otros dirigentes del Partido, el Gobierno y organizaciones de masas.
A la entrada del sagrado recinto, una profusión de ofrendas florales encabezaba el tributo silencioso. Coronas a nombre del General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder al frente de la Revolución Cubana; del Presidente Díaz-Canel; de los ministerios de las FAR y del Interior (Minint); de los familiares y del pueblo de Cuba, testimoniaban la escala nacional del honor y el dolor.
Seguidamente, con una dignidad que transformaba el dolor en serena fortaleza, los familiares ingresaron al panteón. Allí, en la penumbra de la tarde y el recogimiento, donde la gloria de los héroes se edifica para siempre, les fue entregado el último consuelo de la patria.
Minutos antes, durante la tribuna que sirvió de prólogo a este adiós, el Primer Secretario del Partido en La Habana, Liván Izquierdo Alonso, había dado voz al sentimiento que unió a la isla desde que se conoció la noticia: la caída en cumplimiento del deber de los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior en Venezuela, “como consecuencia de un nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de Estado”.
Sus palabras pintaron el retrato de unos hombres que “no claudicaron ante la agresión, fueron fieles a sus principios, jamás dudaron en enfrentar al enemigo imperial”.
Un pueblo entero, dijo, había regado con su dolor y su respeto el recorrido de los héroes, desde su llegada al aeropuerto José Martí hasta este momento final, recibiendo también el pésame de naciones hermanas.
La ceremonia no fue solo el final de un viaje, sino la consagración de una entrega. Los cuatro oficiales -ascendidos póstumamente y condecorados con la Orden Antonio Maceo y la medalla de internacionalistas. dejaron tras de sí una estela de servicio impecable.
Sus biografías, leídas como hoja de servicio a la patria, tejieron un mismo patrón: valor probado en misiones complejas y una entrega familiar y revolucionaria sin fisuras. “Cada vida truncada se multiplica en millones de compatriotas y jamás serán olvidados”, resonó en la tribuna. Frente a sus restos, se juró que su sacrificio no sería en vano: “No cejaremos en la denuncia de este acto criminal… Descansen en paz, queridos hermanos. Ustedes son la promesa eterna de que Cuba no se rendirá”.
Gloria eterna, fue el grito final que se fundió con el silencio del cementerio. Una gloria que, desde el frío del panteón, se alza ya como historia viva de la nación.
La entrada Medio millón de cubanos en marcha combatiente; en toda Cuba, el tributo a los héroes se publicó primero en El Siglo.
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