Megaproyecto de Kast. Las cartas sobre la mesa

Después de semanas de tiras y aflojas, finalmente el gobierno a través de una cadena nacional del Presidente de la República, anunció el envío al Parlamento de su anunciada “Ley de Reconstrucción Nacional”, versión criolla del Big Beautiful Bill del ídolo de los Republicanos chilenos, Donald Trump, y de la Ley Omnibus de Sturzenegger y Milei en Argentina.

Hernán González. Profesor. Valparaíso. 16/4/2026. Después de semanas de tiras y aflojas, finalmente el gobierno a través de una cadena nacional del Presidente de la República, anunció el envío al Parlamento de su anunciada “Ley de Reconstrucción Nacional”, versión criolla del Big Beautiful Bill del ídolo de los Republicanos chilenos, Donald Trump, y de la Ley Omnibus de Sturzenegger y Milei en Argentina. Parte del plan de liberación de las trabas y obstáculos que aún tienen los grandes capitales para emprender negocios que les permitan recuperar las tasas de ganancia que obtenían durante la época de gloria de la globalización neoliberal y que hoy, en cambio, se han visto disminuidas por un proceso de ralentización típico de los ciclos económicos, que llegados a un punto dejan de crecer al mismo ritmo.

Esto para el gran capital no es óbice para su avaricia.

Hasta algunas horas antes, en Cerro Castillo, los parlamentarios de su coalición trataban de convencer a Kast y Quiroz, el Ministro de Hacienda, de introducir algunas medidas que fueran en “beneficio de la clase media”, habida cuenta de las impúdicas facilidades y regalías para el gran capital que contenía. A la salida, el compungido diputado de la UDI, Gustavo Alessandri, declaraba que quedaban algunas horas para hacerlo. Lamentablemente para él y el resto de los suplicantes parlamentarios de derecha, eso no ocurrió y el anuncio de Kast solamente reafirmó el proyecto original, salvo en lo que se refiere a la limitación del beneficio de la gratuidad a los mayores de treinta años.

El eje del proyecto sigue siendo el viejo dogma neoliberal de rebajar impuestos a los más ricos y otorgarles la certeza de que esto se va a mantener así hasta el fin de los tiempos. En los hechos una transferencia de miles de millones desde el gasto social a los bolsillos de los mismos que financiaron su campaña y pusieron a sus operadores en el gabinete.

Las declaraciones de los presidentes de partidos de derecha, sus parlamentarios y dirigentes, ni siquiera un matiz expresan respecto a las posibilidades de enchularlo en el trámite parlamentario. Todo lo contrario. Sin caer en las hipérboles típicas de Trump para referirse a cualquier estropicio que se le ocurre y ejecuta, solamente se han deshecho en elogios y repetición de las típicas fórmulas de los economistas neoliberales. Lo mismo las organizaciones gremiales de los empresarios. Rápidamente se ha ido conformando un consenso a su alrededor que hace prever una dura lucha en la defensa de los derechos de chilenos y chilenas; el patrimonio del Estado y todo lo que le sigue.

Restricciones en el acceso y ejercicio de los derechos sociales, económicos y culturales; deterioro de los servicios; afectaciones al medioambiente; despidos y deslegitimación de la función pública, etc.

Espacios para la negociación y reeditar la política de los consensos no hay muchos. Porque la esencia del plan es esencialmente excluyente, ello por motivos de clase evidentes reafirmados por el contenido del discurso presidencial que torpemente, además, endosa la responsabilidad de su imaginaria emergencia a todos los gobiernos anteriores, la izquierda y las organizaciones sociales, o sea, prácticamente a todos.

A eso, se suman la forma en que el Ministerio del Trabajo ha enfrentado la negociación del sueldo mínimo y antes, los retiros del Proyecto de Negociación Multinivel y el de Sala Cuna Universal del Parlamento, negación de la voluntad siquiera de discutirlos. Los fallos técnicos y metodológicos en materia económica o de técnica legislativa, apenas dan cuenta de una excusa. Su contenido es esencialmente doctrinario y maximalista.

En este sentido, el ambicionado centro se corre hacia la derecha empujado por las circunstancias y su proyecto se reduce a puro juego de piernas para tratar de sacar un par de concesiones insignificantes que lucir para la tribuna que no lo alteren en lo esencial. Es el lugar que cómodamente ocupa hoy el PDG.

Lo que debiera definir entonces a la oposición, son definiciones de principio y concepciones de lo social y la democracia que la ubiquen en el espectro político, del que prácticamente ha desaparecido. Ideas que movilicen a la sociedad civil, que la motiven y que señalen un futuro posible en un mundo cada vez más violento, desigual y excluyente. El gobierno ya puso las cartas sobre la mesa.

 

 

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Abril 16, 2026 • 4 horas atrás por: ElSiglo.cl 27 visitas 1998759

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