El Ciudadano
En el marco del Diploma «Fortalecimiento Comunitario y Defensa de Derechos Colectivos» del Espacio Educativo Nor Fën, en el segundo semestre de 2025, se presenta un trabajo que reconstruye la memoria histórica de la Comunidad Rucan. Este informe, elaborado por Benigna Rosa Troncoso Rucan, presidenta de la comunidad Rucan, recopila el relato oral de sus antepasados para visibilizar el despojo y la usurpación de las tierras del Cacique (Lonko) Huete Rucan, territorio sobre el cual se fundó la ciudad de Temuco.
A continuación, se extiende el artículo completo titulado «Nuestra Historia – Huete Rucan», un testimonio desgarrador que no solo narra los hechos ocurridos en el siglo XIX, sino que denuncia la deuda histórica que persiste hoy. En un contexto donde Temuco conmemora 145 años de su fundación.
Nuestra Historia – Huete Rucan
Por Benigna Rosa Troncoso Rucan
Comunidad Rucan
Introducción
En este informe podremos apreciar relatos, antecedentes e información sobre el despojo, la usurpación y el genocidio del Cacique Huete Rucan. Se da cuenta de cómo fue desposeído de sus bienes y tierras ancestrales, y de cómo hasta el día de hoy sus descendientes se ven perjudicados por la pérdida total de sus tierras, bienes y raíces culturales.
Desarrollo: El Relato de la Comunidad Rucan
Debo partir diciendo que todo este relato es oral, transmitido por mi madre, Rosa Rucan. Ella nació en Molco, comuna de Pitrufquén, el año 1922, hija de Juan Rucan, quien nació en Temuco el año 1887. Juan Rucan era descendiente directo del Cacique Huete Rucan, dueño de las tierras que fueron usurpadas por el Estado Chileno para fundar la ciudad de Temuco. Digo «el Estado Chileno» porque es bien sabido que los límites del territorio mapuche habían quedado claramente establecidos en parlamentos y reuniones con autoridades ancestrales, como caciques y loncos, con la Corona Española.
La familia de mis antepasados era dueña de lo que hoy es la gran ciudad de Temuco. En ese entonces, era un lugar ambicionado y muy cotizado, estratégico para los invasores, quienes no tuvieron miramiento alguno. Mi familia fue engañada, masacrada y arrinconada en una pequeña y miserable porción de tierra para las innumerables familias que conformaban el lof de mi bisabuelo Huete Rucan. Esto los llevó a una pobreza extrema, a pesar de que Huete Rucan era una autoridad ancestral con un gran poderío económico.
Mi bisabuelo, el Cacique Huete Rucan, fue defendido tenazmente por una de sus esposas, llamada Panchita Ferreira. Ella fue escuchada en su momento por ser no mapuche, y denunció el engaño, la mentira y la traición por parte de los representantes del Estado Chileno.
Mi madre, Rosa Rucan, nos relataba que mi abuelo, Juan Rucan, siendo aún un niño pequeño, fue perseguido por los chilenos invasores y, para salvar su vida, se vio obligado a huir de Temuco. Huyó con mi abuela montados en un caballo, cruzando a nado el río Cautín, presos del miedo y rendidos ante un poder genocida.
Al crecer, mi abuelo fue narrando a sus hijos los hechos ocurridos con su lof y su familia, producto de la ambición de los invasores chilenos, que no respetaron los acuerdos establecidos con el pueblo mapuche.
Mi madre, Rosa Rucan, luchó siempre por recuperar algo de lo que le fue arrebatado. Realizó una búsqueda infructuosa y falleció en el año 1996 con la esperanza de que nosotras, sus hijas e hijos —que llevamos orgullosamente su sangre y su apellido—, continuáramos con esta gran tarea: la búsqueda de justicia. Ella nos encomendó la misión de dignificar la memoria de nuestros ancestros, cruelmente masacrados, y de exigir que se reconozca que sus restos no tienen un lugar de descanso en Temuco. El cementerio donde se encontraban hoy es una mole de cemento, calles, edificios y plazas. Un monumento y su nombre en la plaza principal podrían reconocer y dignificar, en parte, este brutal atropello ocurrido en el siglo XIX.
Así es como hoy entendemos perfectamente la lucha del pueblo mapuche. Mi mamá sentía mucho miedo por todo lo ocurrido y evitó enseñarnos a hablar nuestro idioma y mantener la cultura mapuche, por temor a la discriminación en las escuelas y en el trabajo. El Estado chileno invasor dejó huellas profundas en nuestra familia, sufridas por el despojo y la posterior fundación de Temuco, el 24 de febrero de 1881, en el corazón mismo de su preciada mapu.
Temuco cumple 145 años. Si mi abuelo viviera, tendría 138 años, y mi mamá, 99 años. Por esta rama genealógica, somos los últimos descendientes con el apellido Rucan. Por eso hemos formado una comunidad, como debe entenderse, pues en nuestras tierras se asienta una ciudad: Temuco. El 17 de diciembre de 2015, con personalidad jurídica N° 2147, nació nuestra Comunidad Rucan. Somos 12 socios fundadores, que junto a los hijos y legítimos descendientes del Cacique Huete Rucan conformamos un total de 22 personas que vivimos dispersos en esta ciudad, la misma que vio nacer a mi abuelo en sus tierras.
Hechos Históricos Clave
Hoy, en esta última generación, todavía repercute el despojo, la usurpación y el genocidio y lo que implica en ello la memoria de mi bisabuelo Huete Rucan. En tiempos tan difíciles, 12 de los 15 socios de nuestra comunidad pagan altísimos arriendos para vivir en los terrenos que fueron de nuestros antepasados.
Parece increíble que, a pesar de todos estos sucesos, en pleno siglo XXI —cuando se supone que han avanzado los derechos, las reparaciones y los reconocimientos, la Comunidad Rucan no tenga ni un mínimo espacio ni consideración en el Mercado Municipal de Temuco, que se encuentra en construcción. Ni siquiera se le ha otorgado un puesto para vender sus productos típicos. Asimismo, jamás ha existido el reconocimiento hacia mi bisabuelo, dueño de las tierras por donde a diario transitan miles de personas, sin que el nombre de Huete Rucan aparezca en alguna plaza o calle.
La entrada «Mi bisabuelo era dueño de las tierras donde hoy está Temuco»: la historia silenciada del lonko Huete Rucán se publicó primero en El Ciudadano.
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