Uno de los días más felices de la vida de Miguel Ángel Lamata (Zaragoza, 1967) fue también el día en el que se plantó en él el germen de su fascinación por el terror. "Mi padre me regaló unos juguetitos que eran como unos muñecos de Frankenstein, el hombre lobo, un Drácula, un fantasma, un…
Artículo original publicado en SensaCine
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