SEÑOR DIRECTOR:
La propuesta de la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y del presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri, para modernizar nuestra regulación eléctrica acierta en un punto que el debate energético había postergado: la fragilidad ya no está solo en la capacidad de generación, sino en redes de transmisión y distribución exigidas como nunca.
Quisiera sumar a esa discusión un elemento que no puede quedar fuera. Una matriz con creciente electrificación necesita energía firme y gestionable, disponible en segundos, cuando las fuentes variables no lo están. Esa firmeza es la condición que permite que las renovables variables sigan creciendo sin comprometer la seguridad del suministro.
A la escala que el país requiere, tal respaldo proviene de los activos de gas natural ya desplegados: GNL en los terminales de Quintero y Mejillones, y gas que llega por gasoductos desde Argentina.
La modernización regulatoria que proponen los parlamentarios firmantes de la columna publicada en estas páginas es urgente, y ganará realismo y solidez si reconoce el rol habilitante de la infraestructura de gas natural con que cuenta el país. Esa infraestructura es, a la vez, una ventaja estratégica y lo que hace posible una evolución energética más limpia, segura y asequible para hogares, comercio e industria; y no una transición que se precipite a costa de la seguridad del suministro.
Carlos Cortés Simon
Presidente ejecutivo
Asociación de Empresas de Gas Natural
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