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Mon, La Fuerte

El Ciudadano

Columna de Carmen Castro dedicada a Mon Laferte

La periodista Carmen Castro, quien cubrió derechos humanos en Radio Cooperativa durante la dictadura, comparte su columna «Mon, La Fuerte«, escrito que no es una crónica de espectáculos: es la mirada de quien supo del abuso en silencio y hoy lo reconoce en el gesto artístico de Mon Laferte.

Castro, lee en la presentación de Laferte en Viña una ejemplar valentía, demostrando que el arte también es memoria y que el abuso, como ella sabe, no se calla: «Mon, gracias por compartir con nosotros todo tu talento, tu drama, tu belleza y tu fama política que se encuentra con cada niña, con cada mujer enamorada del amor», señala la columnista.

Mon, La Fuerte

Por Carmen Castro

Atravesada en el inmenso escenario parece una niñita de doce pidiendo atención y auxilio. Su traje blanco, sus manos amarradas. Los ojos vendados.

Nada es inocente, tampoco accidental. Por el contrario, su música, que es un guiño al jazz y sus suspiros, fácilmente puede constituir un reclamo a todos y cada uno de los asistentes a esa Quinta Vergara que tan sola la dejó cuando era una niña indefensa y expuesta al abuso y al atropello.

¿En qué momento Monserrat se convirtió en Mon y mucho más cuando, en un arte de transformista se hizo en Mon, la Fuerte?

Porque puchas que hay que tener agallas para NO soportar más el abuso y determinar irse con la música a otra parte; desdeñar la mediocridad ambiental e irse casi con lo puesto. Olvidar y sobreponerse. Eso hace Mon, La Fuerte, quien hoy se transforma una vez más y se nos convierte en Marilyn: una rubia con el teñido de los cincuentas, a quien, bajo los vuelos exagerados de la pollera roja, se le asoman -¿intencionadamente?- unos grandes calzones negros para decirnos que todavía hay un resto de chica pobre que recuerda su pasado de niña, difícil en extremo. Y ahí estamos todas nosotras, unidas, en galería o platea. O desde la casa, cantando y llorando, para acompañar a Mon, La Fuerte. Esa valiente que ha convertido su pasado en trapos artísticos que reciclan una historia arbitraria de una niña artista que canta y llora despacio de bar en bar. Seguro, en ese tiempo seco y de riesgo esa Mon fue tan valiente que construyó la mujer-niña que es hoy la femme fatale que recibe tranquila los tributos de una bien ganada fama.

Mon, gracias por compartir con nosotros todo tu talento, tu drama, tu belleza y tu fama política que se encuentra con cada niña, con cada mujer enamorada del amor. Una Mon que se arroja al suelo y deposita ilusiones y sueños para retornar a los aplausos y los sueños de cientos de mujeres y hombres que en la distancia buscan tus flores para comprar ilusiones de esta Mon, La Fuerte que sigue alentando a cantar y denunciar el amor ingrato.

Gracias, Mon Laferte, por tus músicas. Tu voz que reclama. Gracias por tus protestas de amor y de política. Por tu cuerpo tatuado donde habita la denuncia. Gracias por recuperar nuestras lágrimas de homenaje al amor y, por cierto, gracias también por ser viento y mariposa para el rescate de la ilusión trizada. Gracias, Mon Laferte. Puedes ser tierna y fuerte. Estás apta para seguir con tu tono y tus susurros que también son protesta y reclamo irrenunciable que pinta paredes y concibe criaturas extrañas que interpelan. Porque el abuso no se calla.

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Marzo 7, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 28 visitas 1857618

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