Moviendo los límites

Un día es una ley como “Escucha su corazón”. Que a mujeres embarazadas con riesgo vital, embarazo inviable o producto de una violación se las obligue a escuchar los latidos del feto, o no podrán practicarse el aborto que la Ley de Tres Causales les garantiza.

Otro día es un proyecto de ley que busca tipificar como delito la venta, distribución y facilitación de medicamentos abortivos, como el misoprostol (misotrol).

Otro día es terminar con el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Otro, alegar fraude en el Plan Nacional de Búsqueda. Otro, no alegar en casos en que presos de Punta Peuco piden libertad vigilada. Otro día es la idea del indulto a los uniformados por el estallido.

Otro día una senadora llama a terminar con “este feminismo introducido desde los organismos internacionales, a través de la figura de la perspectiva de género”.

Y otro día, un asesor legislativo libertario -jefe de gabinete de un diputado- se graba diciendo una serie de bromas con referencias a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), además de comentarios de carácter sexual sobre menores de edad, creyéndose impune, seguramente, al desafiar lo que definen como “corrección política”.

¿Que tiene que ver todo esto con el gobierno de “emergencia” cuyas prioridades eran seguridad, empleo y crecimiento?

Nada.

Pero por más que una y otra vez el gobierno de José Antonio Kast dijo en campaña que no entraría en la llamada batalla cultural, el “wokismo de derechas” está saliendo de su rincón, inundando el debate público con propuestas identitarias que son parte fundamental de la agenda de la derecha radical en Estados Unidos o Hungría.

Revertir el aborto -incluso en el modo restrictivo de solo tres causales que existe en Chile-, cuestionar planes y programas de derechos humanos, socavar los consensos sobre memoria y la verdad históricas establecidas por las comisiones Rettig y Valech, defender en vez de perseguir a los criminales de Punta Peuco, y atacar lo que consideran la “ideología de género” o la agenda 2030 de las Naciones Unidas son parte de ese catálogo.

Dirán que muchas de estas iniciativas no prosperarán, que son voladeros voladores de luces para la barra brava, a modo testimonial. Pero son de riego.

El Presidente Kast se dio tiempo para hablar sobre esto en la comida de la Cámara de Comercio de Santiago: hizo públicamente un llamado de atención a los partidos del oficialismo en una intervención que no fue improvisada. “En los medios de comunicación y también en algunos sectores políticos hay diversas materias de discusión que van copando la agenda (...). Y siendo muy transparente digo, ¿serán algunos de esos temas los que debieran estar primando en la agenda? ¿En las ocupaciones principales que tenemos que tener? ¿En ese debate que saca titulares, pero que no siempre aporta?”, aseguró Kast.

Que al gobierno no le convienen ahora esas discusiones es evidente. Que no es lo que la gente quiere, eso es un dato. Que tampoco es para lo que los eligieron, otro dato más. Pero no puede decir Kast, ni su gobierno, que muchas de estas no sean ideas que también comparten. De hecho, muchas sí fueron parte del ethos de José Antonio Kast en su campaña anterior; no son ideas desvinculadas a la matriz de su partido. Sus concepciones valóricas están ahí, en esas ideas impopulares, pero suyas al fin y al cabo. Puede que el Partido Nacional Libertario los esté arrinconando con el timing de estas propuestas, pero no en su fondo. El llamado de atención del Presidente Kast es, entonces, por razones de conveniencia, no de convicción.

Entonces, puede ser que el gobierno actual nunca apoye del todo esta agenda llamada valórica, de retrocesos y conservadurismo, y que sean descoordinaciones, “arrancadas de tarro”. O simples tácticas para no perder votos por la derecha. Pero también puede ser que estas iniciativas, que parecen tan fuera de sintonía mayoritaria, sean un modo de ir testeando las aguas, de ir viendo qué pasa.

La baja intensidad del rechazo por parte de Chile Vamos es muestra de que el cerco puede estar corriéndose, de hecho. Que Evópoli no ponga el grito en el cielo con la ley “Escucha su corazón” (si con esto no le “duele la guata” a un partido que se define como liberal, ¿qué?), o que el ministro José García Ruminot (RN) haya dicho que podía “dialogar” con los nacional libertarios para llegar a acuerdo en ese mismo proyecto, desperfila totalmente la idea de una centroderecha liberal distinta y que quiera mantenerse como tal.

La pachorra y la rapidez con que estos proyectos están apareciendo en la esfera pública, sumadas a la timidez de quienes dentro del propio gobierno los podrían combatir, configura un escenario de riesgo. Es ir moviendo las fronteras (correr el cerco, como dijo Camila Vallejo), explorando los límites de un electorado que, hay que recordarlo, no votó por eso.

Agosto 1, 2026 • 4 horas atrás por: LaTercera.com 29 visitas 2343173

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