Imane Rachidi
La Haya, 27 ago (EFE).- El exgeneral serbobosnio Ratko Mladic, el “carnicero de Bosnia” condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad durante el conflicto bosnio, murió este jueves a los 83 años mientras estaba hospitalizado en La Haya, tras varios intentos fallidos de obtener la libertad alegando una salud deteriorada.
El Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales (MTPI), que asumió las funciones pendientes del tribunal penal internacional para la antigua Yugoslavia, confirmó su fallecimiento y anunció la apertura de una investigación sobre las circunstancias de la muerte.
Mladic llevaba detenido desde 2011 y murió mientras esperaba que se designara el país en el que debía cumplir el resto de su condena a cadena perpetua.
Su nombre quedará especialmente ligado a Srebrenica, donde en julio de 1995 las fuerzas serbobosnias bajo su mando tomaron el enclave protegido por Naciones Unidas y después fueron asesinados casi 8.400 hombres y niños musulmanes bosnios, en la mayor matanza ocurrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), Mladic fue comandante del Ejército de la República Srpska y colaboró con el líder político serbobosnio Radovan Karadzic.
Ambos impulsaron la creación en 1992 de la República Srpska en el contexto de la desintegración de Yugoslavia y del proyecto nacionalista de controlar el mayor territorio posible de Bosnia-Herzegovina.
La guerra estuvo marcada por campañas de limpieza étnica, expulsiones, asesinatos, torturas, violaciones, campos de detención y la creación de fosas comunes.
Además de Srebrenica, Mladic también estuvo al frente de las fuerzas serbobosnias durante el asedio de Sarajevo, que se prolongó más de tres años y dejó cerca de 14.000 muertos, mientras la ciudad era atacada desde las montañas con artillería y francotiradores.
Tras la guerra de Bosnia, Mladic consiguió permanecer prófugo durante años gracias a la protección y apoyo en Serbia, donde muchos sectores lo consideran un héroe. Finalmente fue detenido en 2011 en el norte del país, y trasladado a La Haya.
El juicio comenzó en 2012 y estuvo condicionado por sus problemas médicos. Mladic sufrió, entre otras dolencias, hemorragias cerebrales que llegaron a impedir su presencia ante los jueces.
Durante el proceso negó el genocidio de Srebrenica y sostuvo que había servido al pueblo serbio, pero en 2017 fue condenado a cadena perpetua.
Los problemas de salud también marcaron sus últimos años de vida y su defensa solicitó en varias ocasiones su puesta en libertad por razones humanitarias.
Un informe médico de Naciones Unidas de abril lo describió como “muy débil y vulnerable” y advirtió de que se estaba “aproximando al final de la vida”, y dos semanas después, el servicio médico señaló que nunca lo había visto “tan débil y falto de energía”.
Su defensa pidió que pudiera regresar a Serbia para recibir cuidados paliativos y pasar sus últimos días acompañado de su familia, pero el Mecanismo rechazó la solicitud el 14 de mayo.
“El estado de Mladic, aunque es muy grave, continúa deteriorándose y se aproxima a la muerte, se debe principalmente a una enfermedad crónica y multifacética, que se distingue de una enfermedad terminal aguda de progresión más rápida”, señaló la decisión del tribunal.
El MTPI consideró que preservar “su dignidad y sus derechos fundamentales”, incluida la posibilidad de estar rodeado de familiares y amigos, no requería su puesta en libertad, y el hospital penitenciario neerlandés podía ofrecerle atención médica y paliativa conforme a los estándares internacionales, con un amplio régimen de visitas.
Tras conocerse su muerte, la defensa aseguró en una reacción remitida a EFE que lamentaba que las autoridades judiciales no hubieran permitido a Mladic regresar a Serbia, y subrayaron que no pretendían cuestionar su condena, sino conseguir que “un hombre de edad avanzada y gravemente enfermo” pudiera pasar sus últimos días con sus familiares.
La muerte de Mladic provocó reacciones contrapuestas en Bosnia-Herzegovina, con seguidores llamando a homenajearlo, y representantes de las victimas apuntando a que, detrás de su nombre, “quedan miles de personas asesinadas, expulsadas, encarceladas y torturadas, ciudades y pueblos destruidos”.
Mladic murió así más de tres décadas después de Srebrenica y sin haber mostrado públicamente arrepentimiento por los crímenes por los que fue condenado, convertido en una figura reivindicada como héroe por sectores nacionalistas serbios y, para las víctimas de la guerra, en uno de los principales símbolos de las atrocidades cometidas durante la desintegración de Yugoslavia. EFE
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