Raquel Godos
Valencia, 10 jul (EFE).- Jorge Lis creyó genuinamente que las vacunas contra el coronavirus no buscaban salvar vidas, sino todo lo contrario. Pero en el mismísimo momento en que dio positivo en la PCR aquel mes de julio de 2021, supo que se había equivocado. Comprendió que la desinformación que vomitaron las redes sociales durante aquellos meses le podía costar la vida. Y así fue.
Lis, que llegó a ser subcampeón de España de motociclismo en 125cc en 1996, vivió desafiando la velocidad y saciando constantemente una gran curiosidad vital. Así lo recuerda su hermana Elena: “siempre por delante” de su tiempo, y de la mano de los riesgos que implicaba aquella inquietud innata.
Pero también era capaz de reconocer los errores y de tratar de ayudar a los demás sin temor a contar sus tropiezos: “Cuando algo malo le pasaba, no tenía problema en darle la vuelta y utilizarlo si podía ayudar a alguien con eso”.
Un grave accidente. Dolor crónico. Adicción. Para entender cómo Jorge Lis cayó en las manos de la desinformación es imprescindible contar una de las etapas más duras de su vida.
Con apenas 18 años, sufrió una fuerte caída haciendo trial en la montaña que le obligó a estar dos meses inmovilizado y casi lo deja tetrapléjico. Aunque recuperó la movilidad y su afán de superación le permitió volver a los circuitos, aquel episodio abrió la puerta a un dolor crónico que con el tiempo se le hizo insoportable.
A principios de los 2000, asediado por las dolencias que le obligaban a correr con infiltraciones, buscó a los mejores especialistas en la reputada Clínica Mayo en Estados Unidos.
“Los doctores le dicen que se haga a la idea de que por su lesión de espalda va a tener que vivir toda la vida con algún tipo de morfina u opiáceo en sangre. Allí le recetan oxicodona, y luego más tarde en España, en una clínica privada, un tipo de fentanilo en pastillas, de acción rápida", relata Elena a EFE Verifica.
Le costó más de una década desintoxicarse.
“‘La adicción es la única guerra que se gana cuando te rindes’, solía decir. Hasta para eso iba por delante de mucha gente”, insiste Elena al recordar la epidemia de fentanilo que asola Estados Unidos.
Cuando llegó la pandemia, Jorge llevaba casi ocho años limpio y había hecho pública su adicción para ayudar a otros. Estaba en uno de los mejores momentos de su carrera como mánager deportivo, pero el hecho de que médicos profesionales le hubieran abierto el abismo a una de las drogas más letales del mundo, le hizo dudar de todo.
“Él sentía que de alguna manera los médicos y el sistema sanitario le habían fallado, que por culpa de ellos había vivido una pesadilla terrible que casi le arruina la vida”, cuenta Elena.
Por eso, ante la COVID-19, Jorge sintió verdadero pánico y extremó las precauciones. Pero su desconfianza y su curiosidad le empujaron a buscar respuestas en internet, donde quedó atrapado en la desinformación.
En su ordenador todavía está el rastro documental: correos electrónicos con Daniel Estulin —conocido por sus teorías conspiracionistas— o la newsletter de Jeff Berwick, creador de “The Dollar Vigilante”, quien invitaba a sus suscriptores a comprar propiedades en Belice para escapar del colapso de Occidente.
El gancho psicológico partía de hacerles creer que tenían acceso a información privilegiada. Jorge cayó de lleno, pagando por conferencias y sesiones privadas con Estulin.
A este ecosistema se sumó un perfil mucho más radical, el autodenominado Doctor Papaya, un extremista que negaba la COVID y acosaba a sanitarios. Aunque inicialmente a Jorge le divertía su perfil transgresor, la peligrosa locura de este desinformador quedó patente cuando, tras el fallecimiento de Lis, se dedicó a acosar a la familia afirmando que todo era mentira y que el expiloto estaba "escondido en Suiza".
También contribuyó la influencia de figuras menos polarizantes, como su admirado gurú del coaching, Anthony Robbins, quien cuestionaba las versiones oficiales.
Jorge llegó a creer que inocularse suponía un riesgo real, y cuando llegó el día de que administraran la primera dosis a su madre, de 85 años, intentó por todos los medios evitarlo.
“Mi hija se quedó con mi madre la noche anterior de que la vacunaran para acompañarla al día siguiente, y él le escribió intentando convencerla de que no lo hiciéramos”, explica Elena, mostrando el mensaje: “Hola Ivana. Me ha dicho Abu que mañana se vacuna y estoy destrozado. Si ojeas este informe demoledor quizá no quieras acompañarla. POR FAVOR míralo”.
Jorge adjuntó archivos que advertían de presuntos efectos devastadores de la inyección. “Si leía estas cosas, no me extraña que estuviera realmente afectado”, defiende su hermana.
Para ella, la raíz de la cerrazón de Jorge era mucho más profunda: "El punto de partida era ‘no creo en nada, no creo en las instituciones’, y así era imposible”, aunque también recuerda que "el amor prevalecía más que todo lo demás" y Jorge también enviaba mensajes conciliadores.
Positivo en covid y en arrepentimiento
En julio de 2021, Jorge comenzó a sentirse mal y lo atribuyó a una mala digestión. Al principio se resistió a hacerse una PCR, pero cuando los síntomas fueron evidentes terminó cediendo. Positivo.
La confirmación del contagio dinamitó de golpe el muro de mentiras que le impedía ver la realidad y arrepentimiento fue instantáneo
"He dado positivo, lo siento mucho... voy a dejar Twitter, voy a dejar las redes sociales", escribió a su hermana. “Ojalá me hubiese vacunado, he sido un cafre”.
Su salud empeoró drásticamente a causa de la agresiva variante Delta. Acudió a una clínica privada, pero en menos de 24 horas recayó con fuerza y le derivaron al Hospital La Fe de Valencia ya intubado.
El doctor Ricardo Gimeno recuerda cómo trataron de salvarlo durante el mes y medio que permaneció en coma. Su juventud y su pasado deportivo les alentaron a emplear técnicas muy agresivas, como conectarlo a una máquina ECMO que sustituye a los pulmones y el corazón para oxigenar la sangre fuera del cuerpo, e incluso se plantearon un trasplante. Fue inútil. Falleció a principios de septiembre.
Si Jorge se hubiera vacunado "probablemente no se hubiera llegado a un estado tan grave”, asegura el doctor Gimeno, quien explica que nunca vieron casos tan destructivos en pacientes inoculados.
Pero también recuerda que hubo un porcentaje de pacientes, muchos jóvenes, que no se quisieron vacunar, y sufrieron las consecuencias. "Muchos de ellos también se arrepentían, como el propio Jorge”, añade.
Gracias a la inmunización, se frenaron en seco los colapsos en las UCIs y se pasó a procesos virales más leves: “Claro que las vacunas pueden tener efectos secundarios, como los puede tener el paracetamol, pero es innegable que salvan vidas”, insiste Gimeno.
Elena está segura de que los doctores hicieron todo lo posible y cree en el sincero arrepentimiento de su hermano. Pero sobre todo, está completamente segura de que si Jorge viviera, estaría contando su historia para ayudar a otras personas a comprender los verdaderos peligros de la desinformación. EFE
(foto) (vídeo)
(Con esta crónica, EFE publica la novena entrega de la serie multimedia 'Noticias falsas, víctimas reales', que da voz a damnificados por la desinformación de todo el mundo)
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