Micaela Galetzky fue diagnosticada a los cuatro días de vida de esta enfermedad genética que afecta el funcionamiento de diferentes órganos. Creció atada a tratamientos y acostumbrada a toser de manera crónica y cada noche de su vida. Era la única rutina que conocía: la de las infecciones y los médicos. En 2024 sintió que había llegado a su límite y decidió internarse a esperar un trasplante que tardaría seis meses en llegar. En el Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos, comparte su experiencia
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