El Ciudadano
La Comunidad Autónoma Temucuicui denunció este 6 de mayo un violento allanamiento realizado durante la madrugada por Carabineros y Fiscalía, acusando vulneración de derechos, criminalización de familias mapuche y un montaje comunicacional para presentar el procedimiento como un “éxito” policial.
La denuncia apunta a dos elementos centrales: por una parte, la exposición de personas que requerían especial protección, entre ellas un niño de 4 años, adultos mayores, una mujer embarazada y familias mapuche, y, por otra, la presunta mezcla de procedimientos realizados en Temucuicui y en el radio urbano de Ercilla para mostrar públicamente un golpe policial más contundente.
Desde el Gobierno, la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, salió a respaldar el procedimiento y afirmó que “los resultados son exitosos”. Esa frase ayuda a entender el choque de relatos: mientras La Moneda instalaba la idea de un golpe policial bien ejecutado, Temucuicui denunciaba que detrás de esa postal había infancia mapuche expuesta, adultos mayores afectados, una mujer embarazada y una presunta mezcla de procedimientos para inflar el saldo comunicacional del operativo.
A su vez, en su comunicado, la comunidad sostuvo que Carabineros, Fiscalía y el Ministerio Público “presentan a un niño de 4 años como uno de los detenidos durante el gigantesco allanamiento en Temucuicui”.
Ahí está el corazón de la denuncia. No se trata de afirmar que un niño de 4 años haya sido detenido o implicado penalmente en el operativo, sino de algo igualmente grave: Temucuicui acusa que la infancia mapuche fue expuesta y utilizada en el relato público de un allanamiento presentado como “éxito” policial. La pregunta que deben responder Carabineros, Fiscalía y el Ministerio Público es simple: qué hacía ese niño en medio de un operativo de madrugada, cómo se resguardaron sus derechos y por qué su presencia terminó convertida en parte de la denuncia comunitaria.
Relato de “éxito” policial: la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, afirmó que “los resultados son exitosos” tras el operativo. Temucuicui, en cambio, denuncia vulneración de derechos y montaje comunicacional.
Infancia mapuche expuesta: la comunidad acusa que un niño de 4 años fue utilizado en el relato comunicacional del operativo. El foco no está en afirmar que haya sido detenido o implicado penalmente, sino en exigir que se aclare qué resguardos se adoptaron para proteger sus derechos.
Personas vulnerables afectadas: según el comunicado, el procedimiento también habría afectado a una mujer embarazada, un menor de edad, una dueña de casa con su hijo pequeño y una pareja de adultos mayores.
Adultos mayores mapuche: Temucuicui denunció que uno de ellos está desahuciado por daño hepático y que la lamngen sufre demencia senil. Ambos, según la comunidad, hablan únicamente Mapudungun y no habrían entendido lo que ocurría durante el procedimiento.
Denuncia de mezcla de operativos: la comunidad sostiene que la droga exhibida en medios correspondería a un procedimiento paralelo en la zona urbana de Ercilla, y que se habría presentado comunicacionalmente como parte del operativo en Temucuicui.
Lo que pasó en tribunales: de las cinco personas detenidas, solo una quedó en prisión preventiva. Las otras cuatro recibieron medidas cautelares menos gravosas, según la información conocida del control de detención en Collipulli.
Exigencia de derechos humanos: Temucuicui responsabilizó al Estado por la integridad física y psicológica de menores de edad y adultos mayores afectados, y pidió la intervención de observadores de Derechos Humanos y de la Defensoría de la Niñez.
El punto de fondo: mientras el Gobierno celebró el operativo como exitoso, la comunidad acusa que se usó la vulnerabilidad de familias mapuche para reforzar una narrativa de criminalización.
“No aceptaremos que se utilice la infancia y la vulnerabilidad de nuestra gente para falsas campañas comunicacionales de las instituciones policiales, adjudicándose como un «éxito», mezclar dos operativos distintos”, señaló la Comunidad Autónoma Temucuicui.
La frase no es menor. La comunidad no solo acusa violencia policial, sino también una operación comunicacional: usar imágenes, cifras, procedimientos y personas vulnerables para construir una narrativa de control en territorio mapuche.
En términos simples: la denuncia de Temucuicui no se agota en lo que ocurrió durante el allanamiento. También apunta a cómo se mostró después. La comunidad sostiene que Carabineros y Fiscalía habrían ordenado comunicacionalmente el procedimiento para instalar una postal de triunfo policial, mientras entre las personas afectadas había un niño pequeño, adultos mayores, una mujer embarazada y familias que no calzan con el perfil criminal que se intentó instalar públicamente.
Según el comunicado, entre las personas detenidas o afectadas por el operativo se encuentran una pareja de adultos mayores, una mujer embarazada, un menor de edad y una dueña de casa junto a su hijo de 4 años.
Sobre la pareja mayor, Temucuicui afirmó: “El peñi está desahuciado por daño hepático y la Lagmien sufre demencia cenil, ambos hablan únicamente Mapudungun”.
Luego agregó: “Cuando los carabineros les secuestran de sus viviendas , no entendieron absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo”.
Ese punto es clave. La comunidad acusa que el operativo no solo fue violento, sino que habría golpeado a personas que requerían especial protección: adultos mayores, una mujer embarazada, un niño pequeño y personas mapuche hablantes de Mapudungun. Aun así, la versión policial habría intentado instalarlas dentro de una narrativa de “sujetos de interés criminal”.
La pregunta es evidente: si el Estado entra de madrugada a una comunidad mapuche, ¿qué protocolos aplica cuando hay niños, adultos mayores, personas enfermas o hablantes de Mapudungun? ¿Quién garantiza que entiendan lo que ocurre? ¿Quién resguarda su integridad física y psicológica?

Otro eje central del comunicado es la denuncia de manipulación de información. Temucuicui sostiene que la droga exhibida en medios correspondería a un procedimiento paralelo realizado en la zona urbana de Ercilla y no a un hallazgo directamente vinculado con la comunidad.
“La droga incautada y exhibida en los medios corresponde a un procedimiento paralelo realizado en la zona urbana de Ercilla, sin relación alguna con nuestra comunidad”, sostuvo la declaración.
La comunidad agregó: “Técnicamente es juntar la evidencia de dos operativos distintos y presentarlos a la opinión pública como un solo operativo, ocurrido en la Comunidad Autónoma de Temucuicui”.
Ese punto toma más fuerza porque la información conocida del procedimiento reconoce diligencias en cuatro inmuebles: tres ubicados en Temucuicui y uno en el radio urbano de Ercilla. Es decir, incluso desde el relato oficial aparece una operación con más de un punto territorial.
La pregunta de fondo, entonces, es qué se incautó dónde, quiénes fueron detenidos en cada lugar y por qué todo fue comunicado como un gran golpe asociado a Temucuicui. Porque si la comunidad acusa que se mezclaron hechos distintos para inflar el relato policial, el mínimo estándar de transparencia exige separar con claridad cada procedimiento, cada evidencia y cada lugar.
La denuncia de Temucuicui no aparece en el vacío. La niñez mapuche ha sido expuesta durante años a operativos policiales, allanamientos y procedimientos en comunidades donde muchas veces se termina naturalizando lo que en cualquier otro contexto provocaría alarma inmediata: niños y niñas creciendo entre disparos, carros policiales, controles, detenciones y relatos oficiales que tratan a comunidades completas como sospechosas.
Por eso, cuando Temucuicui denuncia que un niño de 4 años terminó en medio del relato de un operativo policial, no estamos ante un detalle secundario. Estamos ante una herida histórica: la infancia mapuche cargando otra vez con el costo de una política estatal que entra a los territorios con armas, blindados y partes policiales antes que con garantías, diálogo y derechos.
El punto es de derechos humanos, no de vocería policial. Si había un niño en el lugar, el foco debió estar en protegerlo. No en permitir que su presencia quedara atrapada en una disputa comunicacional para mostrar resultados.
El control de detención en el Tribunal de Garantía de Collipulli también matizó el triunfalismo inicial. De las cinco personas detenidas, solo una quedó en prisión preventiva: un joven de 18 años formalizado por incendio, disparos injustificados y robo con violencia reiterado.
Los otros cuatro imputados recibieron medidas cautelares menos gravosas. Dos quedaron con arresto domiciliario nocturno por receptación de vehículo motorizado, mientras que otras dos personas fueron formalizadas por infracción a la Ley de Drogas.
Ese resultado no borra la gravedad de las imputaciones ni reemplaza el trabajo de la justicia. Pero sí tensiona el relato de “jornada redonda” que el Gobierno, Carabineros y el Ministerio Público intentaron instalar durante la mañana. Sobre todo cuando la propia comunidad denuncia afectación a personas vulnerables, uso comunicacional de la infancia mapuche y mezcla de procedimientos para inflar la postal de éxito policial.
Frente a estos hechos, Temucuicui responsabilizó al Estado chileno por la integridad física y psicológica de las personas afectadas.
“Responsabilizamos al Estado chileno por la integridad física y psicológica de los menores de edad y adultos mayores afectados”, señaló el comunicado.
Además, exigieron la intervención inmediata de observadores de Derechos Humanos y de la Defensoría de la Niñez para constatar las irregularidades del procedimiento.
El fondo del caso es brutal: Temucuicui denuncia montaje comunicacional no solo por lo ocurrido en el allanamiento, sino por la forma en que se intentó convertir una operación compleja, con diligencias en distintos puntos y personas vulnerables afectadas, en un triunfo policial listo para el consumo mediático.
La pregunta no es solo qué investiga la Fiscalía. La pregunta también es qué decide mostrar el Estado cuando entra a territorio mapuche, qué mezcla, qué omite y a quién expone para construir una narrativa de control. Porque criminalizar a una comunidad ya es violencia política; pero permitir que un niño mapuche quede atrapado en esa puesta en escena cruza una línea que ningún gobierno debería normalizar.
A continuación, reproducimos el comunicado completo de la Comunidad Autónoma Temucuicui, donde denuncia vulneración de derechos y montaje comunicacional tras el operativo.
COMUNICADO PÚBLICO Comunidad Autonoma Temucuicui by lahuanche
La entrada “No aceptaremos que se utilice la infancia”: Temucuicui denuncia montaje comunicacional tras operativo de Carabineros y Fiscalía se publicó primero en El Ciudadano.
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