Europa lleva años prometiendo(se) que, esta vez sí, dará el salto definitivo hacia una autonomía militar real, con proyectos propios capaces de competir con las grandes potencias y reducir dependencias externas. Pero a veces los grandes sueños estratégicos no se rompen por falta de ambición, sino por algo mucho más difícil de armonizar: intereses, prioridades y visiones muy distintas bajo una misma bandera.
El sueño del gran caza europeo. Lo hemos ido contando. El Future Combat Air System nació como la gran apuesta de Francia, Alemania y España para desarrollar un caza de sexta generación capaz de competir con el F-35 y con los modelos emergentes de China y Rusia, integrando, entre otras tecnologías, furtividad avanzada, inteligencia artificial, enjambres de drones o una nube digital de combate.
Era claramente el símbolo de la autonomía estratégica europea y el intento más ambicioso de superar la fragmentación industrial del continente, donde coexisten varios modelos de avión de combate de generación anterior mientras otras potencias avanzan con plataformas más integradas y tecnológicamente superiores.
Atrapado entre dos gigantes. Pero lo que debía ser cooperación se convirtió en rivalidad. Dassault, respaldada por París, exigió el liderazgo absoluto del desarrollo del avión central, mientras Airbus (apoyada por Berlín y con participación española) defendía un reparto equilibrado.
La disputa sobre quién controla el diseño y los contratos ha ido erosionando la confianza política y ha retrasado decisiones clave, hasta el punto de que el propio pilar del caza común podría descarrilar, aunque sobrevivan otras partes del sistema.
El choque técnico que separa a Berlín de París. El detonante visible es la divergencia sobre el perfil del avión. Desde la acera de Francia se busca un aparato con capacidad nuclear y apto para operar desde portaaviones, coherente con su doctrina estratégica y su disuasión autónoma.
Ocurre que desde la acera de Alemania la perspectiva es muy diferente. Berlín sostiene que la Bundeswehr no necesita esas capacidades “ahora mismo” y cuestiona si tiene sentido diseñar un único avión para requisitos tan distintos. La discusión ya no es marginal: es estructural, porque obliga a decidir entre un modelo común o dos variantes diferentes.
Palabra de Merz. En una entrevista con el podcast político alemán "Machtwechsel", el canciller Friedrich Merz afirmó que el impasse refleja necesidades militares fundamentalmente diferentes, mucho más que políticas. "No se trata de una disputa política. Tenemos un problema real con el perfil de requisitos. Y si no podemos resolverlo, no podemos mantener el proyecto", declaró.
No solo eso. “Los franceses necesitan un avión con capacidad nuclear y portaaviones en la próxima generación. La Bundeswehr no lo necesita por ahora. Francia quiere construir solo uno y adaptarlo a sus propias especificaciones. Pero eso no es el avión que necesitamos. Hay otros países en Europa, España al menos, pero también otros interesados en hablar con nosotros al respecto, zanjó Merz.
Alemania abre otra puerta. El canciller Friedrich Merz ha ido más lejos al plantear públicamente que, si no se resuelve el desacuerdo, y no parece que vaya a hacerlo, Alemania podría buscar otros socios en Europa e incluso reconsiderar si necesitará un caza tripulado en dos décadas.
De hecho, Berlín ya ha comprometido la compra de más F-35 estadounidenses para cubrir su papel en la disuasión nuclear de la OTAN, lo que reduce su dependencia del FCAS y debilita la urgencia política de mantener el programa intacto.
La puntilla al sueño español. Para España, el FCAS era mucho más que un avión: representaba décadas de carga de trabajo industrial, consolidación tecnológica y una vía para no depender exclusivamente de plataformas estadounidenses en el futuro. La ambivalencia alemana golpea directamente esa estrategia, porque sin el peso financiero y político de Berlín el proyecto pierde masa crítica y credibilidad.
Si el caza en común se fragmenta o se abandona, España quedará ante un dilema incómodo que se ha deslizado en las últimas semanas: asumir un papel secundario en una versión reducida, buscar nuevas alianzas o incluso acabar reforzando su integración con sistemas como el F-35, con el consiguiente impacto en soberanía industrial y autonomía estratégica.
Europa fragmentada. Si se quiere también, el caso FCAS expone un problema más amplio: Europa gasta cifras comparables a las grandes potencias, pero invierte menos en investigación, duplica sistemas y prioriza intereses nacionales sobre economías de escala.
La incapacidad para consensuar un único caza de nueva generación ilustra esa debilidad estructural. Si el proyecto se acaba rompiendo, no solo cae un programa industrial, posiblemente también le dará una estocada a la narrativa de una Europa capaz de construir su propia arquitectura de defensa sin depender de Washington.
Imagen | RawPixel
-
La noticia
“No es lo que necesitamos”. Alemania le acaba de dar la puntilla al gran sueño militar de España: el anti-F-35 europeo se esfuma
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
completa toda los campos para contáctarnos