No estar sola no debiera ser un privilegio

Mucho se habla de lo importante que es hacer redes. Para el desarrollo laboral, para el bienestar, para divertirse. Y es cierto: son esenciales. Pero la pregunta es por qué, y más aún, si la posibilidad de lograrlas es igual para todas las personas.

La desconexión social -carecer de suficiente contacto social, no sentir apoyo en las relaciones o experimentar vínculos negativos o tensos- es un peligro en aumento a nivel global. Hoy, casi una de cada seis personas en el mundo afirma sentirse sola, y la falta de actividad social y de participación es un factor de riesgo clave para la soledad y el aislamiento social (OMS, 2025).

Los vínculos sociales, el apoyo y la vida comunitaria operan como factores de protección, reforzando la resiliencia y el bienestar mental de las personas frente al estrés, la incertidumbre y los desafíos que enfrentan a lo largo del ciclo de vida.

Cuando hablamos de redes, entonces, no hablamos solo de contactos útiles para el trabajo, sino de algo más profundo y cotidiano: el tejido de vínculos que nos acompaña día a día, y el conjunto de políticas, servicios, recursos y espacios que nos permiten participar plenamente en la vida social, cívica y económica. Cuando este entramado es deficiente, puede exacerbar desigualdades y profundizar el aislamiento; cuando es robusto, actúa como un factor de protección frente a la soledad y el deterioro del bienestar mental (OMS, 2025).

Por eso, no todas las personas enfrentan el riesgo de desconexión social en igualdad de condiciones. Hay quienes la tienen más cuesta arriba, especialmente en contextos de sobrecarga y precariedad, como ocurre, por ejemplo, con las personas cuidadoras, que son principalmente mujeres.

Del mismo modo, la capacidad de sobreponernos a esta realidad no depende únicamente de decisiones individuales, ni debiera recaer solo en el esfuerzo personal -aunque se nos haga fácil socializar-. Depende también, y con mucha fuerza, del entorno y de las condiciones sociales en que las personas viven.

Porque contar con redes, con contención, se construye también desde políticas públicas que acompañen y no abandonen. Aquí entran iniciativas como sala cuna universal -un tremendo pendiente que urge aprobar-, un sistema nacional de cuidados robusto, y espacios comunitarios que permitan el encuentro y que faciliten que las comunidades no dejen solas a las personas que las integran.

En tiempos de incertidumbre, esto cobra aún más relevancia, porque la incertidumbre pesa más en soledad. Los vínculos, el apoyo y la contención, cuando se cuidan y son significativos, no solo sostienen: también empujan. Permiten resistir, pero también proyectar, recordándonos que avanzar no tiene por qué ser en soledad y que el camino puede ser más justo cuando se recorre acompañadas.

No estar sola no debiera ser nunca un privilegio, es protección básica para el desarrollo.

Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Enero 8, 2026 • 17 horas atrás por: LaTercera.com 24 visitas

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