No eran bots los que pensaban que ningún gobierno de derecha podía ser legítimo. No eran bots los que calificaron a Sebastián Piñera de fascista y ultraderechista apenas asumió la presidencia por segunda vez. No eran bots los que le negaron la sal y el agua al gobierno, haciendo una cacería de brujas contra todos los políticos de centro y de izquierda que se abrieran a dialogar con los adversarios. No eran bots los que leían a Carl Schmitt a través de Atria y soñaban con destruir todos los cerrojos orientados a “neutralizar la voluntad mayoritaria”. El mismo Schmitt que, citando a Donoso Cortés, llamaba al liberalismo la plaga de “la clase discutidora”. No eran bots los que escribieron “La Constitución tramposa”, donde trazaban el camino a seguir para que un presidente convocara una asamblea constituyente saltándose la Constitución.
No fueron bots lo que decían “que se acabe Chile”. No fueron bots los que quemaron el Metro de Santiago. No fueron bots los que buscaron que al Presidente Piñera, democráticamente electo, lo derribara la calle. No fueron bots los que llamaron una y otra vez a marchas y protestas, sabiendo que todas terminaban con saqueos e incendios. No fueron bots los que afectaron a miles de jóvenes intentando “funar” la prueba de selección universitaria. No fueron bots los que inventaron que en Baquedano había un centro de tortura, ni las periodistas profesionales que lo difundieron sin jamás retractarse, una vez que se probó del todo falso. No fueron bots los que celebraban las amenazas de las barras bravas. No fueron bots los que saquearon y quemaron iglesias. No fueron bots los que demandaban disolver Carabineros de Chile. No fueron bots los que usaron el caos como una escalera hacia el poder.
No fueron bots los que sabotearon a un ministro de Salud en medio de una pandemia. No fueron bots los que pidieron saltarse la fila en el acceso a vacunas Pfizer, a los que se les dio prioridad sobre muchas personas que lo necesitaban más, pero luego se negaron igual a volver a clases. No fueron bots los que todo lo que el gobierno hiciera lo encontraban poco, mezquino, limitado, insuficiente. No eran bots los que llamaban a marchar mientras los contagios subían y subían. No fueron bots los que primero repetían que las medidas de salud eran una excusa para apagar el estallido, pero después exigían que nadie más nunca pudiera salir de su casa.
No eran bots los que gritaban “que el pueblo mande”, exigiendo un régimen donde la mayoría hiciera lo que quisiera con la minoría. No eran bots los que fijaron el plebiscito de salida un 4 de septiembre, con la expectativa de conmemorar el triunfo de Allende con la aprobación de la nueva Constitución, como si la historia retomara su curso por la izquierda. No eran bots los que pifiaron el Himno Nacional en la inauguración de la Convención. No eran bots los que inventaron que tenían cáncer para lucrar políticamente de una causa. No eran bots los que advirtieron que quizás cambiarían el himno y la bandera, porque estaban refundando el país. No eran bots los que dijeron, luego de ser mayoría nacional, “los acuerdos los vamos a poner nosotros”.
No eran bots los que, inspirados por García Linera y el constitucionalismo bolivariano, propusieron convertir a Chile en un Estado plurinacional desmembrado en autonomías indígenas con sus propios sistemas de justicia. No eran bots los que propusieron acabar con el Senado y reemplazarlo con la chambonada impotente de la “Cámara de las regiones”. No eran bots los que delinearon un sistema donde la Cámara de Diputados, por mayoría simple, ejercería un poder casi sin contrapesos. No eran bots los que diseñaron un sistema de justicia que amenazaba la independencia judicial y lo politizaba. No fue un bot, sino un expresidente de la Concertación, el que advirtió que la propuesta de la Convención nos ponía en peligro de terminar en una dictadura populista. Los bots no dijeron “no es su platita”.
No fueron bots los que se sacaron una bandera chilena del recto en un evento de cierre de la campaña del “Apruebo”. No fueron, tampoco, 7.882.238 bots los que el 4 de septiembre de 2022 le dieron el triunfo al “Rechazo” con un un 61,86% de los votos.
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