No les quitemos a nuestros hijos la oportunidad de aprender

Andrea Pinto Vergara, académica, Doctoranda en Educación, directora de la Fundación EducarMe:

Ya estamos en la segunda mitad del año escolar. Han pasado varios meses desde que comenzaron las clases y, entre pruebas, reuniones, actos, trabajos grupales y miles de mensajes en los grupos de WhatsApp de cada curso, hay algo que no deja de darme vueltas en la cabeza: madres, padres y abuelitas se organizan para decidir quién llevará los vasos plásticos, el colorante o el aceite para un trabajo de química.

Rápido. Eficiente. Perfecto.

Y, al mismo tiempo, inquietante.

Porque mientras leía los mensajes, no pude evitar preguntarme: ¿En qué momento ellos (nuestros hijos e hijas) empiezan a organizarse? ¿En qué momento toman decisiones simples como “yo llevo los vasos plásticos o me encargo del colorante”?

Y entonces la pregunta se vuelve más incómoda: ¿Es qué creemos que no son capaces de hacerlo?

Como madre y como profesora, me duele pensarlo. Porque se supone que somos nosotros las que debemos creer en ellos. Y si no creemos nosotros en ellos, ¿entonces quién?

Mi abuelo nos decía siempre: “Embarrándola se aprende”. Y detrás de esa frase había algo mucho más profundo que un consejo: había confianza. Confianza en que podíamos equivocarnos. Confianza en que podíamos resolver. Confianza en que no necesitábamos ser perfectos. Confianza en que, si algo salía mal, volveríamos a intentarlo y que él estaría junto a nosotros.

Hoy, en cambio, pareciera que no hay espacio para el error. Quizás sólo hay espacio para la perfección y por eso preferimos que la IA, o los padres o las madres, o las abuelitas nos hagan nuestros trabajos, tomen las decisiones.

Veo a padres y madres- y me incluyo en esta reflexión- que, desde el amor y la preocupación, terminamos haciendo por nuestros hijos lo que ellos podrían (y deberían) hacer por sí mismos. Organizamos, resolvemos, anticipamos, evitamos el problema antes de que ocurra.

Pero en ese intento de ayudar,  les estamos quitando la oportunidad de aprender.

Porque aprender no es solo saber contenidos. Aprender también es decidir. Equivocarse. Olvidar. Resolver. Hacerse cargo.

¿Y qué importa, de verdad, si a un grupo le faltó la sal? ¿O si olvidaron el aceite? ¿O si reciben una anotación negativa?

¿Eso es más grave que no saber organizarse? ¿Es más grave que tener miedo a decidir?

Estamos criando niños y niñas que, muchas veces, tienen miedo a tomar decisiones simples. No porque no puedan, sino porque no los dejamos.

Y entonces aparece una pregunta aún más incómoda:

¿Qué tan responsables somos nosotros, como madres y padres, de la educación de nuestros hijos e hijas hoy? ¿Será que, en nuestro afán de ayudar, estamos impidiendo que el colegio haga su trabajo? ¿Será que estamos, sin querer, boicoteando su propia educación?

Queremos que aprendan. Queremos que sean autónomos. Queremos que se enfrenten al mundo. Pero ¿cuándo? Si nosotros organizamos, decidimos, resolvemos y evitamos cada error.

Queremos que todo salga bien.Queremos que no sufran. Queremos que no se equivoquen. Que todo sea perfecto (pero ni la vida misma lo es).

Y en ese camino, sin darnos cuenta, empezamos a hacer todo por ellos.

Hasta que un día esperamos que sean autónomos… pero nunca tuvieron la oportunidad de serlo. Quizás es momento de detenernos. De dar un paso atrás. De confiar más. De permitir que se equivoquen. Porque no pasa nada si se equivocan. De verdad, no pasa nada.Perdón, me equivoqué, pues si pasa algo mucho más importante: aprenden.

Andrea Pinto Vergara, académica, Doctoranda en Educación, directora de la Fundación EducarMe:

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Agosto 13, 2026 • 1 hora atrás por: LaNacion.cl 87 visitas 2377533

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