SEÑOR DIRECTOR:
El problema mayor de la educación actual es que, en el afán de cubrir todas las carencias del sistema, nos estamos olvidando de educar. Hoy, los centros educacionales se ven obligados a transformarse en departamentos de seguridad y centros de salud, mientras, paradójicamente, les seguimos exigiendo excelencia académica.
Hemos llegado al punto en que le pedimos a nuestros profesores que actúen como carabineros, doctores o abogados, dejando de último su rol esencial: ser profesores. Esta sobrecarga no solo desnaturaliza la docencia, sino que invisibiliza el fondo del asunto.
No perdamos el norte. La escuela no puede ser el parche para todas las crisis sociales. La raíz del conflicto no está en las aulas, sino en el abandono de las calles y en la fragilidad de las estructuras familiares. Si pretendemos que el colegio solucione lo que no se resuelve en el hogar ni en el entorno social, seguiremos condenando al sistema escolar a un fracaso inevitable.
Es momento de devolverle a los establecimientos educacionales su propósito original y enfrentar, con políticas reales, los problemas que están fuera de sus muros.
Paula Domínguez Risopatrón
Concejala de Vitacura
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