En 1990 se hizo una reforma tributaria que llevó el impuesto a las empresas al 15% determinándose, además, que se aplicaría a las utilidades devengadas y no solo a las retiradas. A partir de ahí, sucesivas reformas llevaron la tasa al 27% actual. Cada uno de esos cambios al alza fue -y es- presentado como ciencia económica pura, pragmatismo, responsabilidad e incluso como un imperativo de justicia, pues el Estado necesitaría más recursos para ir en apoyo de los más pobres.
Por el contrario, bajar ahora esa tasa del 27 al 23 nos dicen que sería únicamente ideología, la aplicación de teorías que no se han probado, que no han resultado nunca en ninguna parte. Subir los impuestos sería ciencia, bajarlos mera ideología. No tengo formación económica, pero intento aplicar el sentido común. Los resultados con la tasa más alta son de estancamiento, desempleo crónico y déficit fiscal alto; con la tasa más baja, en cambio, eran crecimiento, superávit, alta capacidad de creación de empleos y estábamos en la senda de los mejores treinta años de nuestra historia. ¿A quiénes gobierna realmente la ideología?
El lunes de la semana que recién pasó una alumna de un colegio fue apuñalada, según las informaciones de prensa, por otra estudiante del mismo establecimiento y el jueves un joven de 17 años falleció también apuñalado en una riña, aparentemente por otro estudiante del mismo Liceo. Sin embargo, hace muy poco el proyecto de ley que establecía la posibilidad de mayores controles en los colegios fue objeto de un fallo adverso en el Tribunal Constitucional, porque ciertas medidas fueron consideradas atentatorias de algunas garantías constitucionales.
Quienes promueven un modelo educativo en que se consideran los resultados académicos como un criterio válido para dirimir el acceso a determinadas oportunidades, reconocen la disciplina en el respeto de ciertos valores como parte del proceso educativo y creen en la aplicación de medidas de seguridad que puedan prevenir hechos de violencia entre estudiantes y contra los profesores, son tildados de tener una visión ideológica, contraria a la dignidad y derechos de niños y adolescentes, así como un atentado a la manera en que entienden la igualdad de oportunidades.
¿Cuál es el resultado concreto? Violencia brutal, que está costando la vida al personal docente, como ocurrió hace unos pocos meses a una inspectora en Calama, o a estudiantes. Además de aquellos que sufren lesiones graves. ¿Dónde hay verdaderamente ideología?
A todos nos mueven determinadas visiones del ser humano y del orden social. Desde luego, que quienes promueven subir los impuestos tienen una inspiración ideológica, tanto como los que promovemos bajarlos; los que pensamos que es necesario y legítimo revisar mochilas en los colegios, como los que se oponen. Pero la realidad parece que se ajusta mejor con unas ideologías que con otras, aunque se acuse de “ideológicos” solo a los que tienen, al menos en estos casos, los datos y los hechos de su lado. Esa es la paradoja.
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