Miguel Angel Gayo
Cracovia (Polonia), 25 abr (EFE).- Polonia ha declarado 2026 el año de Andrzej Wajda, cineasta que no solo narró la historia de Polonia, sino que la descifró, interpretó y protagonizó, pues su obra trascendió la pantalla y, además de ser senador, se convirtió en un embajador universal de la identidad polaca.
En el centenario de su nacimiento, una serie de actos y exposiciones en todo el país buscan reivindicar la figura de un artista cuya obra se centró en la responsabilidad moral de los individuos y de los regímenes y en los traumas de la guerra y el totalitarismo.
Actualmente el Museo de Arte y Tecnología Japonesa Manggha de Cracovia alberga el archivo personal de Wajda, que siempre estuvo fascinado por la cultura nipona y que en 1987 donó los 450.000 dólares que obtuvo por el Premio Kioto -equivalente japonés del Nobel en filosofía, arte, ciencia y tecnología- para construirlo.
La exhibición muestra fotografías privadas, guiones de cine y teatro del propio Wajda, así como objetos personales.
Nacido en 1926 en Suwałki, la vida de Andrzej Wajda estuvo marcada por la herida abierta de la masacre de Katyn, donde su padre, un oficial polaco, fue asesinado por el Ejército soviético.
Este trauma personal se convirtió en el motor de una obra que buscaba, según dijo, "hablar por quienes murieron en la guerra".
Antes de llegar a ser el gran cronista visual de su país, Wajda estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, una formación plástica que definiría la poderosa estética visual de sus producciones y que le inocularía el amor por el teatro incluso antes que el cine.
A medida que desarrolló su obra, y tal vez forzado por las vicisitudes históricas, su compromiso pasó a ser no solo artístico, sino también profundamente político.
Tras combatir de joven en la Armia Krajowa (Ejército Nacional partisano) contra los ocupantes nazis, décadas más tarde, su apoyo incondicional al sindicato Solidaridad lo llevó a la arena legislativa.
Entre 1989 y 1991, Wajda ejerció como senador, representando a su Suwałki natal, tras ser elegido por sus paisanos, a pesar de una campaña en su contra que le tachó de "alguien venido de lejos" y que ya no era "el hombre común" que solía protagonizar sus películas.
Wajda fue la figura central de la "Escuela Polaca de Cine", un movimiento que surgió en los años 1950 tras la muerte de Stalin como reacción al realismo socialista impuesto.
Muy pronto cimentó su prestigio con la trilogía bélica compuesta por 'Generación' (1955), 'Kanal' (1957) —que sumergió al espectador en las alcantarillas del Levantamiento de Varsovia— y la icónica 'Cenizas y diamantes' (1958), considerada su obra maestra.
Su capacidad para sortear la censura fue legendaria, y el productor Aleksander Ford, apodado "el Zar", le confió guiones que sabía que sólo Wajda sería capaz de sacar adelante de manera que burlase a los censores comunistas, pero sin perder carga ideológica gracias a los símbolos empleados.
En 1972, fundó el influyente Grupo "X", una unidad de producción que sirvió de refugio y lanzadera para cineastas comprometidos.
Al mismo tiempo, su labor en el teatro fue igualmente revolucionaria y sus obras, que solían estrenarse en Cracovia, exploraban lo que él llamaba el "teatro de la conciencia", una "herramienta pedagógica para no repetir errores".
A lo largo de su carrera, Wajda recibió galardones como el Oscar Honorífico del año 2000 y la Palma de Oro en Cannes por 'El hombre de hierro' (1981), una continuación de 'El hombre de mármol' (1977), que inauguró el llamado "cine de la ansiedad moral".
Críticos contemporáneos como el youtuber especializado en cine Adam Brzeziński sostienen que "revisar a Wajda hoy es no solo necesario, es un acto de resistencia y sobriedad ante la superficialidad pirotécnica del cine imperante".
Brzeziński describe su cine "no como una reliquia de museo", sino como un "bisturí afilado" capaz de "diseccionar las polarizaciones políticas, también las actuales", lo que le da una vigencia constante. EFE
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