Noboru Watanabe tiene 53 años, trabaja como funcionario en el Gobierno Metropolitano de Tokio y hace unos días sus compañeros de oficina le vieron por primera vez las canillas. El calor apretaba y Watanabe, al igual que otro puñado de colegas (pocos), decidió tragarse su vergüenza y saltarse el rígido código de etiqueta que dicta que los oficinistas deben llevar camisa, chaqueta, corbata y pantalón largo. No lo hizo porque sí. Con su gesto se sumó a una iniciativa lanzada en abril por las autoridades para hacer la canícula más llevadera.
Hay quien no lo tiene tan claro.
Las pantorrillas al aire. No es fácil combatir las olas de calor extremo. En España hay instituciones que han empezado a repartir pulseras térmicas entre los operarios que trabajan en la calle y en Francia han llegado a restringir el alcohol para que los servicios de emergencias puedan prioricen los golpes de calor.
Pocas iniciativas hay sin embargo tan peculiares (y extravagantes) como la que han activado en Tokio. Allí, en abril, anticipándose a lo que estaba por venir, el Gobierno Metropolitano dio carta blanca a sus empleados para que acudan a la oficina con pantalones cortos. No solo eso. Con su medida, el Ejecutivo espera dar ejemplo y que las empresas también relajen sus códigos de vestimenta.
Remontándose a 2005. Para entender la medida hay que remontarse a 2005, cuando el Ministerio de Medio Ambiente lanzó una campaña bautizada "Cool Biz" para fomentar el ahorro energético. Su premisa era sencilla: el estricto código de etiqueta nipón lleva a los oficinistas a acudir a sus puestos con corbata, chaqueta y pantalón largo, lo que a su vez obligaba a las empresas a gastar más dinero (y energía) en aire acondicionado para hacerles la jornada más llevadera.
Así que… ¿Por qué no cambiarlo?
"Resulta liberador". Como parte de la campaña las autoridades acordaron que los termostatos de las oficinas públicas debían ajustarse en 28ºC y suavizaron las normas de vestimenta de sus empleados. Eso sí, no demasiado. La 'flexibilización' se limitó a las chaquetas y corbatas, que pasaron a ser prendas opcionales.
"Hubo quejas y resistencia, pero pronto se dieron cuenta de que no usar traje y corbata con 35ºC resulta liberador", recuerda Sumie Kawakami, profesora de la Universidad de Yamanashi Gakuin. La idea era dar ejemplo desde el sector público al privado para controlar el gasto energético y la polución del país.
Un paso más allá. La gran artífice de aquella medida fue Yuriko Koike, por entonces ministra de Medio Ambiente y desde 2016 gobernadora de Tokio. De ahí que haya aprovechado su nuevo cargo para ir un paso más allá en la capital: en primavera Koike animó públicamente a los funcionarios de su administración a que, cuando el calor apriete, dejen los pantalones largos en el armario.
La idea era la misma: hacer más llevadero la canícula sin necesidad de disparar la factura energética, un objetivo importante si se tiene en cuenta dos claves.
¿Y cuáles son? Primero, que el año pasado Japón vivió un verano de temperaturas récord, por encima de los 40ºC, y empieza a costumbrase a soportar olas de calor extremo. Incluso les ha puesto nombre: kokushobi.
La segunda clave es que cuando Koike lanzó la medida, en abril, el coste energético era una preocupación nacional, tanto en Japón como en buena parte del planeta. Hacía apenas dos meses del inicio de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz había disparado el precio del petróleo, llevándolo a niveles que no se veían desde hacía años. Se calcula que el 90% de las importaciones de petróleo que recibe Japón llegan a través de ese paso marítimo estratégico.
El gran enemigo: el tabú. Acabar con una costumbre arrastrada durante décadas no resulta sin embargo tan fácil. Cuando la agencia AFP visitó la oficina gubernamental en la que trabaja Noboru Watanabe, hace una semana, solo vio a cinco hombres con pantalones cortos. Y eso que ese día se alcanzaron los 34º.
Entre esos pocos valientes estaba el propio Watanabe, quien reconoce que al principio le daba vergüenza pasearse entre sus colegas enseñando las canillas. Los reporteros de The New York Times se encontraron con un panorama similar: solo vieron 11 hombres con shorts, apenas el 16% de una plantilla de 70 varones.
Y se abrió el gran debate. Los shorts quizás sean más confortables para el verano (el propio Watanabe reconoce que superados los reparos iniciales resultan "cómodos" e incluso le hacen sentirse "más joven"), pero eso no quiere decir que convenzan a todo el mundo. En junio The Japan Times publicó una columna en la que se deslizaba que el Gobierno tokiota quizás ha ido "demasiado lejos".
Otros medios asiáticos han recogido testimonios de japoneses a los que no acaban de encajarle la nueva directriz de Tokio. "He asistido a reuniones de negocios en Pakistán, Tailandia y Filipinas y allí la gente no utiliza pantalones corros cuando se trata de algo importante", explica un empresario de 56 años.
Un nuevo concepto: sune-hara. No se trata solo de si acudir con shorts a una reunión es o no adecuado. En Japón se ha acuñado un nuevo término que indica un debate más profundo: sune-hara, "acoso por el vello de las piernas".
Su planteamiento es muy simple. Ahora que los hombres pueden vestir pantalón corto, ¿experimentarán también la presión que sienten las mujeres para tener las piernas perfectas? ¿Por qué la sociedad espera que una mujer dedique tiempo y dinero a librarse del vello pero lo tolera en un hombre? ¿Se seguirá esperando en ciertos ámbitos que las mujeres vistan faldas largas o utilicen medias?
"El uso de pantalones cortos en el lugar de trabajo ha empezado a ganarse la aceptación, pero ¿aceptará la sociedad que las mujeres muestren las piernas al descubierto, sin medias y con vello (porque las mujeres también tienen vello en las piernas) en un entorno empresarial?", lanzaba una hace poco usuaria en la plataforma Weekly Women´s Prime. "Si resulta aceptable para los hombres es lógico pensar que las piernas de las mujeres también deberían ser aceptadas".
Imágenes | Egor Myznik (Unsplash) y Fikri Rasyid (Unsplash)
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La noticia
Por primera vez, Tokio permite a los hombres ir en pantalón corto a la oficina. Y eso está provocando una revolución
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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