Cuando compré mi coche, el primer Toyota Rav 4 con motor híbrido, fui a conectar mi móvil al puerto USB de los asientos delanteros esperando cargarlo antes de llegar a destino. En un viaje de una hora, que terminó alargándose por un atasco, esperaba que reviviese por completo. Pero no: cuando lo desconecté del USB apenas había cargado. No solo eso: días más tarde usé Waze como navegador GPS, con el móvil conectado. Se me apagó al agotarse la batería.
Suena extraño que un puerto USB recargue el móvil tan lento, que no pueda añadir más energía de la que el móvil consume. El caso es que hay una explicación: los coches acostumbraban a incluir un puerto USB-A para transferir datos**, no para cargar los teléfonos**. Por tanto, solían aportar la electricidad mínima para que un pendrive funcione sin cortes, una energía que apenas puede dar vida a un smartphone.
Autorradio con entrada USB-A y carga lenta. Imagen de Peggy_Marco
Nuestros coches han sido testigos de cómo han evolucionado los soportes físicos de música. De cintas de casete a CDs; del soporte digital pasaron a incluir compatibilidad con discos grabados con MP3, de ahí a los pendrives. Y se introdujo el puerto USB: la idea era que sirvieran como entrada para la música del conductor, no para cargar su teléfono.
Como el puerto USB-A de los coches estaba pensado como soporte para transferencia de datos, la potencia de salida era lo mínimo requerido por el estándar USB 2.0: 500 mA a 5V, 2,5 W de potencia. Cualquier móvil actual consume más de esa cifra con la pantalla encendida y el navegador GPS activo. Así que el resultado es el más lógico: aunque el móvil esté enchufado, consume más de lo que recibe.
La carga de los primeros conectores USB en los coches era muy lenta, los citados 2,5 W. Recargar un móvil entero con esa potencia podría requerir tranquilamente diez o quince horas. Y siempre que el teléfono estuviera completamente apagado, porque como se mantuviese en uso el tiempo de carga se disparaba.
Conforme han ido evolucionando los estándares de carga, y tomaron asiento sistemas de infoentretenimiento como Android Auto y CarPlay, conectar el móvil al coche se volvió más habitual. Actualmente, gran parte de las marcas incluye puertos USB-A con carga rápida, incluso conectores USB-C (y hasta zona de carga inalámbrica). Los coches son otro espacio conquistado por el móvil, un espacio que ha tardado en adaptarse a lo rápido que evolucionó la tecnología del smartphone.
Puertos USB-C en los asientos traseros del Xiaomi SU7
Mientras el móvil colonizaba el interior de los coches, el humo del tabaco lo fue abandonando. Se sigue fumando en los vehículos, por eso no es extraño contar con un puerto de mechero (aunque hoy su uso más habitual sea como toma de corriente). Y es el sustituto perfecto del USB lento: hay cargadores rápidos para dicho puerto. Yo tengo varios, incluso para cargar dos móviles a la vez.
Vale la pena contar con uno de esos cargadores si el puerto USB que monta tu coche es lento. Mi consejo es tener uno que cuente, al menos, con salida USB-A y USB-C. Para así cargar más de un dispositivo a la vez y tener cubierto desde los móviles a las tablets; pasando por relojes, cámaras, consolas... Pueden salvar un viaje.
Imagen de portada | Iván Linares
En Xataka Móvil | Creía que daba lo mismo cómo conectase el USB, pero he descubierto que no. La diferencia puede ser abismal
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Por qué cargar el móvil en el coche va tan lento y cuál es la mejor solución
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Iván Linares
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