Conectar el móvil al ordenador o al puerto USB del coche resulta frustrante, y es que hay un motivo por el que la carga es tan lenta. Frente a los tiempos cada vez menores que ofrecen los cargadores con carga rápida, la lentitud de estas conexiones llevan a pensar que el dispositivo, la batería o el cable están defectuosos. Puede ser si te sucede con el teléfono cargando en su adaptador de corriente, pero no es un fallo que ocurra en esos lugares.
Entender cómo se negocia la transferencia de electricidad entre el smartphone y la fuente de alimentación nos permite tomar mejores decisiones. De hecho, existen situaciones concretas en las que sacrificar la inmediatez de la carga rápida y conectar el terminal al puerto de un PC se convierte en una buena vía para prolongar la vida útil del hardware.
Cuando enchufamos el dispositivos al cargador, ambas partes negocian el voltaje y el amperaje de forma constante para administrar la mayor cantidad de energía posible de forma segura.
Esto se da por protocolos como el USB Power Delivery (conocido por las siglas «PD»); en el caso de los accesorios compatibles con esta tecnología, su entrega supera a veces los 100 W en los equipos más punteros. Y el estándar está preparado para llegar más allá incluso.
Sin embargo, el escenario es totalmente opuesto al usar el puerto USB de un ordenador o mismamente al del coche. Las interfaces USB-A fueron diseñadas para la transferencia de datos, no para rellenar grandes baterías. Por ello, las versiones 1.0 y 2.0 operan bajo un estándar de baja potencia: entregan un máximo de 5 voltios y 0,5 amperios (500 mA). Si hacemos la operación, hablamos de una potencia de salida de apenas 2,5 W.
Incluso recurriendo a una generación posterior como el USB 3.0, la corriente máxima asciende solo a 0,9 amperios, lo que se traduce en un tope de 4,5 W. Esta pequeña aportación explica por qué, si usamos el móvil como GPS en el coche, puede llegar a apagarse al consumir más energía de la que recibe.
A pesar de que recargar una batería —que cada vez tienen más capacidad— a 2,5 W requiere una gran dosis de paciencia, esta limitación ofrece una ventaja a nivel físico. Estos son algunos de los casos concretos en los que dejar el móvil cargando en un portátil (o dispositivo similar) es una buena decisión:
En definitiva, aunque nos hemos acostumbrado a la inmediatez de la carga rápida, la física de las baterías sigue dictando algunas reglas del juego. Comprender que el puerto USB de nuestro ordenador o del coche no está roto, sino que simplemente recibe una potencia mínima, nos ayuda a gestionar mejor nuestro smartphone y, de paso, a no desesperarnos ante lo lento que sube el porcentaje de batería.
Y lejos de ser un inconveniente, esta limitación se convierte en un alido. Al final, nuestra manera de cargar el móvil debe resumirse en una cuestión de contexto: si necesitas salir de casa en pocos minutos, su cargador de pared será la mejor elección; pero si vas a pasar toda la mañana trabajando en el ordenador o conduciendo en el coche, la lentitud de ese puerto USB no es tan mala como podía parecer.
Imagen de portada | Pepu Ricca para Xataka Móvil
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Por qué el móvil carga más rápido en un cargador que en un dispositivo con USB (y cuándo merece la pena usar uno u otro)
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Pepu Ricca
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