El Ciudadano
Por Osvaldo Carvajal M., director de Vinculación con el Medio Facultad de Educación y Humanidades de la U. Andrés Bello
Era 1943 y al regresar a Chile Marta Brunet ya no era la joven provinciana que había llegado desde Chillán veinte años atrás. Llevaba cuatro años como Cónsul en Argentina y circulaba por los más altos espacios intelectuales: venía de publicar en Sur, la revista más importante del continente, dirigida por la irreductible Victoria Ocampo.
Con esa aura volvió a lanzar Aguas abajo, el libro que acaba de reeditar la U. de Chile y que, en 120 páginas (disponibles gratis en formato virtual), retrata sin tapujos la violencia experimentada por distintas mujeres de su época a través de escenas cuya vigencia asusta.
En el lanzamiento de la reedición, realizado el pasado 12 de agosto en la Casa Central, participaron dos académicas fundamentales en el proceso de relectura de Brunet que ha desmontado su encasillamiento como mera narradora del campo chileno.
Natalia Cisterna (UCH), responsable de los dos primeros volúmenes de la edición crítica de sus obras completas y prologuista de esta nueva versión, destaca lo rupturista de la autora al representar a las mujeres rurales.
Acostumbradas a funcionar casi como decorado para el criollismo, Brunet no solo les da profundidad psicológica y una mirada crítica sobre su lugar social: las convierte en referentes de modernidad.
Y esto es importante. En un siglo XX fascinado con lo nuevo -la electricidad, los tranvías, la radio-, la literatura latinoamericana solía reservar ese papel al varón llegado desde la capital con ideas de avanzada. El ejemplo perfecto es Santos Luzardo, el apuesto joven que llega a la hacienda El Miedo para intentar «domesticar» a Doña Bárbara (sí, la referencia vale tanto si leyeron la novela como si vieron la teleserie, aquí no discriminamos).
Brunet hace lo contrario. En “Piedra callada”, una anciana que trabajó toda su vida manejando el molino del fundo introduce una máquina de coser en el rancho donde un marido bruto mantiene aisladas y maltratadas a su hija y sus nietos.
En “Soledad de la sangre”, una joven arrastrada por su avaro esposo a un caserío miserable transforma el espacio doméstico con otra máquina: una vitrola que la transporta al pasado en que fue feliz.
Son las mujeres quienes llevan lo moderno al campo.
Lorena Amaro (PUC), autora del estudio panorámico más completo sobre Brunet, fue todavía más lejos: no solo considera que aquí están algunos de los mejores cuentos de la autora, sino que uno podría ser el mejor cuento chileno. Así, a secas.
En “Piedra callada”, destaca especialmente la astucia narrativa de Brunet: el montaje de escenas, diálogos y silencios en que nada está puesto al azar y cada elemento prepara lo que vendrá.
¿Y mi aporte a la conversación? Hablamos de los archivos y de imágenes y documentos que permiten reconstruir una Brunet bastante distinta de la que heredamos del canon. En los últimos años he tratado de rescatar desde esos materiales su dimensión política y humana. Porque su trayectoria, infantilizada por el canon a través de sus célebres Cuentos para Marisol (1938), fue profundamente política.
El consulado no se lo regalaron: lo ganó después de años de gestión pública. Formó parte del Instituto de Periodistas, dirigió Amigos del Arte, integró el directorio de la SECH y militó en la AICH, organización antifascista que solemos asociar a Neruda, pero entre cuyos fundadores también estaba Brunet.
Tampoco parece casual que publicara Aguas abajo en Cruz del Sur, editorial creada por tres intelectuales españoles exiliados por el franquismo: Arturo Soria, Mauricio Amster y José Ricardo Morales. Su proyecto creaba libros pequeños, cómodos y asequibles.
El gesto llega incluso al colofón: Brunet agradece con nombre y apellido a quienes hicieron posible la edición, incluida “Dña. Eliana Vásquez Valdés, correctora de pruebas (,) por haber puesto su empeño en prestigiar la tipografía chilena”.
Alondra Carrillo, anfitriona del encuentro por parte de la Universidad, llevó entonces la conversación hacia el presente. En un momento en que ciertas conquistas que parecían aseguradas vuelven a verse amenazadas, planteó una pregunta clave: ¿qué podemos aprender del proyecto estético y creativo de Brunet, de su apuesta política, que podamos traer para encarar este incierto presente?
Creo que esta reedición ensaya una respuesta. Biblioteca Esencial vuelve a poner Aguas abajo en circulación como un libro breve, asequible, capaz de leerse en la micro, el metro o cualquier resquicio que deje la vida contemporánea. ¿Les suena?
Ochenta años atrás, Brunet ya había apostado por un libro pequeño y transportable para escribir sobre abortos, violaciones dentro del matrimonio e ideación suicida provocada por la violencia machista cuando ni siquiera existían todavía esos conceptos.
Leer Aguas abajo hoy es recibir desde 1943 una advertencia: la historia no avanza en línea recta y aquello que creíamos superado siempre puede volver.
Osvaldo Carvajal M.
La entrada ¿Por qué leer a Marta Brunet hoy? A propósito de la reedición de «Aguas abajo» se publicó primero en El Ciudadano.
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